Tyv del cráter de oseas flores.


Ante mi más profundo asombro, me encuentro, de repente, identificado, sin comerlo ni beberlo, en uno de los magníficos poemas del Gran Señor de la Eterna Pregunta. Sí que es cierto que tiene sus cosas crípticas —no, no son tantas ni tan difíciles, y, además, no seré yo quien destripe tan bella lírica—, pero se lee con perfecta soltura y genera un ambiente… ¿cómo decirlo? ¡De muerte!

El caso es que ya lleva unos días publicado, pero la maldad del hombre sierpe del cable o la sirena de los bytes, que me han dejado momentáneamente sin ordenador, me han impedido tener el enorme y único placer de leerlo. Aquí lo dejo para que disfrutéis al menos una fracción de lo muchísimo que he disfrutado yo.

Por cierto, el «habitante» Tyv es un personaje bastante curioso. Significa trimestre en mongol. Aunque no está aquí por ese motivo…
¡Ah! y siempre me ha hecho ilusión vivir en un cráter.

A la Sombra de la Luna

Más allá de los montes del deseo,
junto a los reinos del rey astado,
cerca del puerto de la esperanza,
hogar de traficantes y piratas.
Yace en el valle un forado,
cráter maldito de eterna sapiencia.
de huesos y cuerpos su suelo sembrado,
flores oseas, carnosas hojas,
ríos de metálica sangre roja.
Ghoules y bestias esperan hambrientos,
al próximo viajante desafortunado,
para roer sus piernas y alimentar con su cuerpo,
la escatológica fauna que pulula en el yermo.
En el centro rampa siempre atento,
el amo de aquellas tierras del hambriento,
un ave negra, de pelado cuello,
plumaje oscuro, tintado por la sangre,
de aquellos que, a pesar de todo,
se acercan a él tarde tras tarde.
Tyv, el guardián de verdades,
el pragmático,
grandes reyes le han consultado,
pocos, con la respuesta, han regresado,
mas los que lo han hecho lo han recomendado.
Así que si tienes dudas, ya sabes,
puedes acudir a su lado,
dejar…

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