Cardiopatía por cocaína


—¿Sabe que está en una comisaría… tralarí, tralará… renunciar… patatín, patatán… sus derechos… bla, bla, bla… le grabaremos… quesisí, quesino… confesión y tal, y tal?

—Que sí, coño, que sí. Que tengo prisa.

—Comencemos pues. Pero no creo que pueda irse tan rápido. ¿Dice que lo mató usted?

—Sí, claro, ya se lo he dicho: no fue el hermano de mi ex mujer. Fui yo.

—Vale, no fue su ex cuñado, sino…

—Prefiero el hermano de mi ex mujer. Nunca me he llevado bien con él. Pero él estaba dentro cuando el atraco.

—El interfecto presentaba el pico de un martillo clavado en su frente. Aunque parece que sufrió un ataque al corazón por el susto de la amenaza.

—Más o menos.

—¿…?

—Vamos a ver. La celebración era dentro. Supongo que el hermano de mi ex mujer se chisparía, como siempre, y se pondría gilipollas con su mujer y mis sobrinos. Mi ex sacó la basura. Sola. Cuando iba a volver a la casa, subió por la escalinata. Ya la recuerda, unos cuatro o cinco escalones laterales de losetas de arcilla con un guardamanos de falsa forja y unas cuantas macetas. Cuando fue a atacar a mi ex, aparecí yo, no su hermano, en el descansillo de la entrada. Yo le ataqué para defenderla. El hombre reculó todo lo deprisa que pudo, hizo un medio intento de saltar hacia atrás. Creo que sólo fue un amago.

—Sí, el forense dice que le falló el corazón.

—Bueno, el caso es que la cadera se apoyó en la baranda y el cuerpo hizo como un péndulo y la cabeza dio contra el pico de una de las baldosas, que está rota y tiene una forma rara, como el peto de un martillo pequeño.

—Y, claro, de ahí la arcilla que encontramos en la herida. Pensamos que era del martillo.

—¡Bué!, ese martillo le habrá caído al borracho de mi cuñado sobre las baldosas.

—Continúe.

—Y ya, poco. El hombre se escurrió hasta el jardincillo de debajo y quedó entre la tierra y la acera.

—Pero su ex no dice lo mismo.

—Claro, estaba muy, muy alterada.

—Una cosa… Ahora se me ocurre. ¿Una cena con su ex? ¿Desde cuándo están divorciados?

—No estamos divorciados.

—¿Separados?

—Tampoco, en realidad ella es mi viuda.

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