XXIII Edición de las microjustas literarias (y VI)


Mis queridísimos mlandrines, lectores pacientísimos, hoy, lo reconozco, almorzaremos, si queréis y no pasáis directamente a la parte de los relatos, polémica.

Admito que he vuelto a escribir con un cierto ritmo que había perdido —tampoco es para tirar cohetes, no nos vengamos arriba, pero mejor que el promedio del último año—. Y vuelvo a las andadas de presentarme, si no a un concurso de relato o micro por semana, cosa que ahora me es imposible, al menos a uno o dos al mes. Más o menos unas cuatrocientas o quinientas palabras a la semana, pergeñadas, escritas y corregidas. Vale, no es mucho, pero es a lo que llego.

Con el propósito de hacer las cosas bien, me he lanzado, como en otras ocasiones anteriores, a leer relatos ganadores; todos estaban entre las cien y las tres mil palabras, más o menos, quizá más de los primeros. Y aquí es donde está el intríngulis. De la casi tres decenas de relatos que he leído esta semana y media, casi todos dan el perfil de «tema sensible»; casi todos es el 89%. Puede ser que haya cierto sesgo por el tipo de certámenes que he ido a mirar, pero vamos, que ahí queda el dato.

¿Qué son esos temas sensibles? Pues son temas que están de moda —y lo «de moda» trae miga, como ahora explicaré; lo comparo con el mismo experimento que hice hace algunos años—, problemas sociales que nos causan lógica inquietud que por determinadas circunstancias se ven agudizados, descubiertos, desvelados o hechos relevantes en este momento. Esos problemas son —repetiré algunos según los aspectos de comportamiento social que abarquen, de todas maneras, no pretendo un listado exhaustivo—, básicamente, enfermedades duraderas como el cáncer —moda: el terribilísimo SIDA parece haber desaparecido de la literatura, aunque siga siendo una plaga mundial—, enfermedades mentales en niños y ancianos; agresiones domésticas, como violencia machista y maltrato infantil; sexismo, repitamos violencia machista, emancipación social de la mujer, discriminación LGBT; otros comportamientos antisociales extremos como violaciones, abusos infantiles – pederastía, discriminación racial o LGBT; percepciones sociales, como la discriminación LGBT, discriminación a obesos, discriminación racial —moda: ha desaparecido la anorexia— y, por supuesto, el acoso escolar y laboral —el bullying y el moving; moda: este último tiende a aparecer menos—. De algunos, han aparecido hasta tres en el mismo relato.

¿Y por qué estaría mal realizar relatos con estos temas? No es que sea malo, ni mucho menos. El problema viene del abuso. Es el comodín: si un relato no tiene «pegada», incluyamos alguno de estos aspectos y éxito asegurado. Bueno, no es tan radical, pero ese es el concepto. Ojo, no es que no se pueda denunciar a través de la literatura algo que nos parezca mal, como la falta de auxilio a los pacientes de SIDA en países en vías de desarrollo. Claro que, abusando de tales temas surgen una serie de problemas:

  • Aparición del «antiparadigma» —perdóneseme esta patada al palabrero—: Digamos que para compensar lo uno aparece lo otro. Ni todos los hombres somos unos cerdos violadores machistas, ni todas las enfermedades se pueden curar con facturas millonarias en tal o cual lugar —y menos en comparación con países donde la atención médica va de correcta a estupenda… y gratuita de momento—.
  • Naturalización: Lo mismo que los antibióticos producen inmunidad a los bichitos que atacan y por eso hay que usarlos cuando y como se debe, el abuso continuado de estos asuntos crea inmunidad en el lector, que acaba viendo como natural algo que no debería serlo. Se asume que ésta es es la situación normal o de referencia; se trivializa. —Incluso se hace un asunto de «moda», como he indicado arriba.—
  • Lugar común en literatura: «Las negras naves en el vinoso mar», los griegos debían estar hasta las narices de esta frase y similares. Bien por la primera vez que se usó, eso sí, pero luego ya cansa. O el deus ex machina, que las primeras veces resultó gracioso y ahora es un defecto en una narración como para que te quemen vivo usando tus libros como combustible; ¿que no sabes cómo terminar tu novela? Colócale un deux. Pues eso, ¿la trama está bien pero un poco convencional? Coloquémosle unos niños abusados. ¿Tienes un montón de frases descriptivas chulísimas de la muerte que no sabes cómo amalgamar? Póngasele una dosis doble de abusos machistas.

Con toda esta diatriba no quiero decir ninguna de estas cosas:

  1. Que no se deba escribir sobre estos temas y, siendo pertinente, que no se mencionen en los relatos o se dediquen relatos enteros a ellos. —De hecho, hay certámenes dedicados en exclusiva, por lo que sí o sí se deben escribir esos relatos.—
  2. Que no sean injustas, denunciables o deleznables estas situaciones que se mencionan.
  3. Que los relatos ganadores no sean meritorios, ni mucho menos: leyéndolos me doy cuenta de tooooodo el recorrido que me falta para tener un mínimo de solvencia en esto de la literatura.

Lo que sí quiero indicar es que me parece mal el abuso de estos argumentos por las razones dichas.

¡Hala!, tras el tocho, y antes de que decidas cómo lapidarme, los micros —con algún pequeño cambio respecto al los originales—:


CULATA

Mecánica cardíaca aplicada

—Es la junta de la trócola…

—No, la virola…

—¡Ay, ingenuos y novatos amigos automóviles! En el caso de estos desamores, lo que se descuajaringa es la culata del corazón. Y, además, no tiene remedio. Lo mejor que podéis hacer es compraros un nuevo humano.

CENTRAL

Tras el accidente, hay neutrones

Una niebla oscura, como alma de licántropo, envuelve las estructuras. Hay plantas extrañas, fluorescentes. Una bota huella el fango y desvirga la corteza de óxido de uranio.

La loneta antirradiación no es capaz de parar a los seres que ha venido a capturar: cazador cazado.

PUERTA

Tetraverso

Corro delante de los seres. Debe ser valioso lo que les he quitado. Vale, soy un ladrón, pero no es sencillo: tengo que coordinar cuatro proyecciones estereográficas en mi cerebro. El caso es que me descuido hablando. Cruzo el multiplexor al universo. Vaya, llegue tarde: me repliego en fractales.

1945

1945

No hay como ser un héroe de guerra. El piloto de un cazabombardero, Eso es sentirse poderoso. Por supuesto, hay riesgo. Por ejemplo, ahora mismo, me acaba de derribar un jefe de nivel y me tengo que gastar cien pesetas.

REGICIDIO

No deja de ser una cuestión real

—Mira, Rafael, de verdad que te entiendo. Tienes una ideología muy marcada y te gusta ser coherente con ella. Pero te aseguro que, por muy monárquico que seas, no es un regicidio el jaque mate.

SUYA

Sr. Juez

Cúlpese de lo sucedido al camarero.

Ella era mía, sólo mía. Una botella nuevecita de Licor 52. Pero él se empeñaba en compartirla con otros hombres, en prostituirla en otros gaznates, en desgastar su contenido con otras bocas.

Tuve que matarla.

Después, no soporté vivir.

CARBÓN

El legado de Max Estrella

El carbón, agotado. Todo artista, todo pensador, todo aquel que no se sintiese a gusto en los engranajes sociales, hombre o mujer, siguió el ejemplo de la familia de Max.

Vino la paz, la tranquilidad. El «todo va bien».

Hasta que nació una niña que…

SALVADORA

Soy más inútil que el del antes de la Teletienda

Vale, incluso con Oxiactiongel me queda suciedad. Another guy without Duster. Mi imaginación no vuela ni con Évax alada.

Pero te amo. Embardunaré mi áspero de corazón con Nivea o, al menos, tendré la esperanza de una pastillita azul.

MÓVIL

Traslados Gúguel

En cuanto se enteró, tomó el meneable con fatal lácteo y escribió un telegrama en Quétal. Pero él no estaba en raya. ¿Se habría ido con su mejor amistad? ¿Le habría puesto un «me agrada» en Caralibro? ¿O un escoltar en Piopío?

Deseó no haber tenido menaje. Rezumó.

SIRENAS —pisado—

Cantos peligrosos en acantilados digitales

…el vector director de la recta…

Suena otro guasá. Ariel suspira.

…cuya pendiente se calcula.

Suena otro guasá. Retorna el suspiro.

Al final, decide coger el teléfono. No, no sucumbe: busca en ebay marineros sordos de segunda mano.

VELCRO

Textiles un tanto soeces

Me gusta que haya pasado la moda de los depilados salvajes. Me gusta el tacto aterciopelado de la piel muy natural. Me gusta un felpudito de bienvenida. Me gusta no afeitarme. Me gusta nuestra fantasía. Me gusta tu sabor. Y todo lo que nos impida separarnos.

HAZEL —Éste último fue una despedida, especialmente a la máscara que hizo de ardilla reportera de las Justas, Hazel

¿Tienes todos los dientes?

A ver: no quedan vísceras, armas ni espectadores demasiado cotillas alanceados. Pasa el cepillo por ahí y yo el mocho por aquí.

¡Ah, mira! Recoge a esa pobre ardilla. Exhausta y extenuada debe estar, entre darse de mazazos e informar.

¿Ya?

Pues apaga y vámonos.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 21 de agosto de 2018

Y, bueno, «mardito» malandrín, 
llega el momento de la lapidación. 
¡Que vengan esas piedras!
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3 comentarios en “XXIII Edición de las microjustas literarias (y VI)

  1. De vuelta a los ruedos cibernéticos, me he pegado un atracón de tus micros para recuperar (desde las ladillas, mismamente). Con sinceridad, o eso pienso yo, creo que este año has estado particularmente combativo/entonado. ¿Estarás más próximo a lo más alto del podio de lo que auguraban los hados? Lo veremos, lo veremos…
    Respecto a la polémica, el principal defecto que tienen los jurados es, fíjate tú qué barbaridad, que son humanos. Y hasta que una cohorte de unidades Bender no sea la que decida los ganadores de los certámenes, a las personas encargadas de decidir vencedores y finalistas de concursos no decididos de antemano les va a tocar la fibra el relato que hable de lo que le toca la fibra, sea en plan moda (ya expones varios ejemplos), por deformación profesional (ya te digo yo que un relato con un prota auxiliar de biblioteca tiene menos opciones de ganar en un concurso provincial con 60 participantes que en un certamen internacional organizado por una biblioteca aunque comparezcan el triple de competidores) o por situación personal x (asunto traumático que le esté ocurriendo a su familiar favorito en ese momento). ¿Resulta injusto? Puede; o quizá forme, simplemente, parte del concurso. Tomar el target como parte de la coherencia interna del relato, enviándolo al certamen en el que debe estar. Igual hay que hacer un DAFO antes de decidir en qué convocatorias un micro puede encontrar una oportunidad, en lugar de enviarlo a un jurado que encuentre en el asunto del escrito la D del análisis, por mucho que pueda ser lo mejor que cualquiera haya escrito en su vida. Hay demasiada competencia ahí fuera para jugárnosla a la única carta de la brillantez literaria.
    Buscabas que nos explayásemos con la polémica y ahora nos toca hacer un DAFO. Anda que sí…

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