XXIII Edición de las microjustas literarias (IV)


Esta entrada, amén de continuar con los micros de la Sortija, va de gilipolleces. Sí, se podría decir que habitualmente todo son tales en esta página, pero no me refiero a eso.

Hace tiempo, don Cándido Macarro, autor de varios libros a cual más interesante y de quien he tenido el honor de ser lector beta, publicó en unos de sus «revueltos mentales» o «PENSAMIENTO DEL DÍA (Del día en que me pasé con la Mahou)» una tal frase que merece la pena recordar:

Cuando un gilipollas envejece no se vuelve, como cabría esperar, más sensato con la edad.
Simplemente… es un gilipollas más viejo.

Inspirado por la profundidad de tal meditación, arriesgué una respuesta metafísisca —de tener que meter a la física sea como fuere—:

Creemos que la gilipollez es un estado de la «persona humana». Y no es así. Es un estado más de la materia: sólido, líquido, gas, plasma y gilipollético.

Claro que no es fácil de ver. Pongamos el ejemplo del plasma. Salvo que enciendas un mechero o hagas una hoguera —o mires al sol a riesgo de quedarte vendiendo cupones de por vida: el resto de las estrellas no las nombro porque nuestros queridos concejales se han gastado los cuartos de los impuestos en putas y en farolas que las alumbren, quitándonos el cielo nocturno—, no lo ves en la vida. Y no, no hay aplicación para verlo —en realidad— en el móvil. Y sin embargo es el estado de agregación más común en el universo.

Pues algo así pasa con el estado gilipollético. No es fácil de verlo. Pero sí sus consecuencias —como la del plasma, que te quema—. Por ejemplo, el perro del vecino, ese que sale corriendo cada vez que ve al cartero con la moto y lo han atropellado ya dos docenas de veces. El propio vecino, que se ha comprado en dos años tres coches a cual más grande, y no llega a final de mes. O, sin concretar demasiado, alguna suegra o cuñado de comportamiento errático.

De momento, la única materia que se conoce en ese estado es la del «celebro». El cambio de estado «normal» —definido como una mezcla de sólido – líquido – pringoso— a estado gilipollético se realiza a través de un conjunto de ondas hertzianas de determinada frecuencia, tales como las emitidas por televisores, móviles y plaistasions o por sustancias químicas como las maus o los cigarrillos de la risa.

Dado que la energía necesaria para cambiar una determinada masa viene dada por la ecuación E = λ · m, donde E es la mencionada energía necesaria para pasar de estado normal a gilipollético, λ energía latente de gilipollización y m masa del celebro afectada y, siendo la potencia emitida por un móvil constante, se deduce que la cantidad de un «celebro» afectada de «tontas» depende de:

  1. Masa inicial del propio «celebro». A menos masa, mayor gilipollez. Esto es obvio pero hay que decirlo.
  2. Tiempo de exposición a los elementos radiativos. A mayor tiempo, mayor gilipollez.

Y, bueno, para terminar con esta gilipollez continua, me voy a leer un rato, a ver si me desintoxico.

En fin, que os dejo con la continuación de los relatos de la Sortija —ya sabéis, el tema del micro ha de ser la última palabra del relato del justante anterior, que es la que aparece antes de cada uno de los micros—. Que los disfrutéis:


LADILLAS:

Quisiera ser tu ladilla…

Honorato Peregómez se considera poeta, poesía hiperrealista, como se autocalifica. Incluso ha ganado un concurso local.

Pero a su suegra le parece asquerosa. Y, venga, es cierto, a su novia no le hace mucha gracia el comienzo del último soneto que le ha dedicado.

ESVÁSTICA

Toma el dinero y corre

Salió despedido por el pasillo. Ser ladrón tetradimensional tiene sus inconvenientes. La gravedad cúbica, las extrañas configuraciones geométricas… esos seres que te disparan cuando te roban.

«Es fácil», dijo su cómplice, «el lugar es como una esvástica». Sí, pero en cuatro dimensiones.

LÁSER

—Así fue, señoría…

…El día de autos, la acusada decidió vengarse de su pareja con una castración traumática. Lo original es que esta doctora ingeniero empleó el láser de su laboratorio. Según declaró «el tamaño del objeto requería de un corte bastante preciso».

SENCILLO

«Homo mingitorius»

Abel Garcinúñez se levantó en un gruñido de cuerpo, alma y voz. Caminó vacilando hacia el fondo, a la derecha. Farfullaba quejas contra todo el universo. Abrió la puerta con cierta dificultad. Aún quedaba lo aparentemente más sencillo. Una mancha en el pantalón indicó su fracaso.

BARRA

Conciencia en las supercuerdas

¿Y por qué no habrían de tenerla? Recuerdo que, durante mis investigaciones conocí a una algo crecidita. De hecho, ella no quería ser cuerda, ni supercuerda, quería ser algo más, una barra o una superbarra. Como para pasar la teoría «M» a la «N».

CLARIDAD

Día de mercado

Oriflamas oreadas cadaldía en tales torres por la presencia de los condes. Puestos de oleosas alcuzas, embriagadores vinos y goyerías sin par deslumbran a Manuel, hijo de un mísero ganapán; de la mano de su adamada madre en casi poridat le susurra:

—Tengo hambre.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 6 de agosto de 2019

La única vacuna contra la gilipollez, «mardito» malandrín,
 es la lectura. 
Aunque hay algunos que escriben tales 
que más bien la contagian. 
Y no lo digo por mí... creo.
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7 comentarios en “XXIII Edición de las microjustas literarias (IV)

  1. “Cuando un gilipollas envejece no se vuelve, como cabría esperar, más sensato con la edad.
    Simplemente… es un gilipollas más viejo.”

    Justito hoy leí lo mismo pero en “mi idioma”:
    “Cuando un pelotudo… ”
    En fin, que tú escribes en serio y yo me río. Me haces reír 🙂
    Infinitos, Fran.

    Le gusta a 1 persona

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