Puente de nieve, puente de hielo


No estoy de humor hoy, no. ¿Qué narices es eso del cierre de fin de año? Que, vamos a ver, que soy ingeniero y no administrativo, y quizá no me sé poner en la situación del otro; también pudiera ocurrir que no me entero de las cosas «importantes».

—Paciente, y sin embargo, impaciente, lector… y Margui también, al final, allende la barra horizontal, hay un relato con motivos navideños: los impuestos, el frío y la muerte. Si os aburren estos exabruptos preliminares, podéis acercaros ya por allí. Nos vemos en un momento.—

Decía que no sé qué es eso del cierre de fin de año. Que no entiendo que, si yo he hecho mi trabajo durante toooodo el año, día por día, venga ahora un mes en el que me tengo que dedicar a pasar no sé qué papeles o modelos o buscar facturas y gastos para que alguien… cierre. ¿Es que no se hace mes por mes? ¿Es que día tras día no he tenido que dejar mi trabajo de ingeniero, que se supone que es lo que importa en una ingeniería, para pasar horas, gastos, procedimientos y diez mil cosas más? ¿Y detrás de esas peticiones no había nadie que gestionase esos datos hasta final de año?

Pero no sólo es que yo ahora tenga que echar horas porque, así me lo parece, alguien no haya hecho su trabajo, no. Es que además, no puedo usar determinados servicios de la empresa, porque están de cierre. ¿Se me ha estropeado el ratón? Pues usas las teclas, como de toda la vida, ¡hombre ya! ¿Tengo que gestionar un viaje para primeros de enero, justo a la vuelta de vacaciones? Pues interrumpes tus vacaciones para poder solicitarlo el día dos, ¡releñes, que estamos de cierre!

Puedo entender la importancia de la gestión administrativa en una empresa, pero no que sea más relevante que la propia actividad productiva de la misma. ¿Puede ser que deban hacerse los importantes, los imprescindibles y que para ello se inventen toda esa parafernalia que depende sólo de ellos mismos?

Me dan ganas de vocear, cada vez que alguien me dice que están de cierre: ¡Váyaseusté a la mieeeeerda! Incluso aunque sea mi jefe —y añado la aclaración, que creo recordar que agredir físicamente a un superior (darle un par de tortas bien «das») no es motivo de despido, pero insultarle sí, ¡qué cosas!—.

Me sienta mal todo lo anterior. Y, sobre todo, que acabe pareciéndose a la navidad. Cada vez el cierre empieza antes y termina después, hartándote con estrambóticos soniquetes sin parar. En fin, «mardito» malandrín, aquí te dejo un festivo, para algunos, como la propia navidad, relato navideño. Sólo falta el turrón y la botella de «el Mono». Y un señor gordo al borde de la apoplejía con un traje ridículo que no sé qué puede tener de tradicional.


Niklas Granqvist

Puente de nieve, puente de hielo

El sendero que cruza el enorme encinar desemboca en una explanada, justo en el acceso al puente. La nieve jalbega el suelo, apenas blanqueando unos hierbajos negros por las heladas y a algunas briznas verdes, valientes, que aguantan el mal tiempo. El pretil del puente ha hecho remolinear los copos y ha logrado que se acumule más que en el sendero.

Por este sendero aparece una figura encorvada, arropada por un manto de fieltro de lana de oveja, paño ajado y añejo, tal cual parece ser su contenido. Lleva arropándole los pies unas polainas de pellica de borrego atadas con unos bramantes verdes, enmohecidos. Se apoya en un enorme cayado, aunque parece renquear sin el sustento de la muleta por no desabrigar demasiado la mano que la sujeta. Completa el atuendo un turbante, untuoso de sucio, que le cubre la cabeza y lo emboza, y un talego enorme, atado en bandolera sobre el capote.

Con una escasa, paupérrima, brisa vuelan sin destino algunos copos pequeños, casi avergonzados de existir. La neblina promueve a niebla y se espesa, sin viento que la disperse, en la proximidad del río, pero a pesar de ella, el caminante percibe la figura de dos lanceros. Eso no se lo esperaba, aun así no disminuyó la arritmia de sus zancadas por no llamar la atención.

Y es que quien renquea es en realidad un golfín bien armado. Bajo la manta, en la espalda, y disimulada por el hato, lleva una ballesta con virotes del señor de Lara para inculpar al otro enemigo de Ġanim ben Muhammad, jeque del califa almohade Yusuf, e hijo del rey Lobo. Dos largas dagas van sujetas a sus muslos; una cota de malla, digna de un caballero, le cubre desde los hombros a la pantorrilla. Y el interior del cayado no es mala madera, casi putrefacta, de álamo, sino una pequeña jabalina. Su objetivo es matar, como sea, a Sancho Jiménez «el Giboso», capitán de las milicias abulenses, dolor de muelas constante del califa en aquellas tierras. Y si de paso puede provocar una guerra civil entre cristianos, miel sobre hojuelas. En varias faltriqueras ocultas pero a mano, lleva monedas de todo tipo, desde el vil vellón hasta el regio oro: no le preocupa el pontazgo sobre el río Adaja, le preocupa que le registren, tal conforme va cargado de hierro. Para las puertas, no hay problema; ya ha comprado los servicios de un «portero» irregular que le pasará por una de las rejas, falsa con tal propósito, de uno de los palacios adyacentes a las murallas.

Se acerca a la entrada del puente nevado y la situación empeora. Las murallas ni se intuyen a pesar de su cercanía, pero al otro lado del puente sí ve las figuras de más peones y un jinete que, por la apostura, diríase caballero y no un simple miliciano.

Uno de los lanceros le intercepta y le pide el pontazgo. Él le muestra su mercancía para que lo evalúe. Ropa vieja, un poco de chatarra y mucha mierda. Con un pepión bastará. Vocea, hace aspavientos, dice que no lleva más que un mendrugo, que se queden con el porcentaje de la mercancía que corresponde. Lo justo para quedar por indignado, pero no lo suficiente como para provocar que lo muelan a palos… y que detecten su carga. El pontazgo funciona, no para recaudar sin más, sino para alejar a mendicantes y pedigüeños, como parece serlo él, de la feria.

Cuando va a dar media vuelta, una panda de chiquillos mal vestidos, con poca vergüenza y mucho frío, pasan haciendo burla a los guardas que los ignoran. El asesino tiene una idea. De manera continua, como si no hubiese pasado nada, les da la espalda a los soldados y comienza andar en pos de los chiquillos haciendo ver que tal es su camino, voceando e imprecando a los soldados, a su señor y a las madres de todos. Baja poco a poco el volumen hasta hacerlo un mero farfullo. En unos cien pasos los guardas no le verán y él sabe que los zagales cruzarán el río por algún paso sin vigilar.

Se vuelve a mirar. No ve a los peones, luego ellos tampoco a él. Echa a correr. Oye a los niños delante, pero la niebla lo despista. Al fin, los alcanza. Ve a los últimos cruzar por una mezcolanza de rocas, troncos y hielo. Parece que alguien intentó montar un puente que la corriente se llevó a medias. Baja hasta casi pisar el agua y sigue el camino de los chiquetes. Primero un par de rocas que pasos precedentes ha dejado, para su bien, limpias de nieve. Luego, tres o cuatro troncos sobre la corriente principal, fuerte para esa época del año. Llega a un apoyo que consiste en dos rocas casi juntas. Unos palos acumulados entre ambas han permitido que crezca hielo a pesar de la corriente. Pisa con cuidado. Parece quebradizo. Son cuatro pasos apenas, y si los niños han logrado cruzarlo, él también. Pero el es un hombre ya maduro cargado de armas. El hielo y los palos se quiebran. La agonía dura poco. La asfixia y el frío actúan deprisa.

«El Giboso» vivirá unos años más y él logrará su disfraz más perfecto: mendigo ahogado.


Golfín: Bandido del centro sur de la Península Ibérica, sobre todo de los Montes de Toledo al valle de Alcudia. Son especialmente relevantes en el s. XIII, pero ya hay precedentes desde el abandono templario de Calatrava. Como en todas las zonas en conflicto, aparece al no poderse integrar determinado tipo de soldadesca —desde villanos a altos nobles— en una sociedad pacífica, «bandidando» en la tierra sin ley que eran las marcas, incluso ofreciéndose grandes bandas como ejércitos mercenarios.

Una buena referencia es «De los golfines al maquis», de Ventura Leblic García, académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, Presidente de la Asociación Cultural Montes de Toledo, de la Biblioteca de Autores Manchegos. Como pdf en varios sitios, como éste.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 19 de diciembre de 2017

La verdad, «mardito» malandrín, es que hay cosas que me dejan frío.
 Pero no serán, desde luego, las murallas de Ávila.

 

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14 comentarios en “Puente de nieve, puente de hielo

  1. ¡Ah, no te preocupes!, el reto RAE continúa hoy con la palabra finger 🤣. Éste es mi relato de los jueves. ¡Que me place que estés por aquí! Yo tampoco dejaré de escribir por vacaciones. Eso sí, el reto RAE termina el 24.
    Gracias por pasarte, por comentar, y, sobre todo, por leer.

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  2. Interesante crítica, que por otro lado entiendo. ¿Cómo es posible que una empresa se paralice de ese modo porque hace balance? Yo hago balance de mi casa y no paralizo mi actividad jajajaja
    El relato el bandido muy bueno, bien documentado y contextualizado.
    Ánimo con el cierre del año 😉

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    • Jajaja, muchas gracias. En fin, acabará, aunque sólo sea por una cuestión de calendario.
      Bueno, el relato alguna anacronía tiene. Por ejemplo las rejas, o la alternativa en forma de portones extras, en las murallas, pero bueno, si ha valido para pasar el rato, me parece suficiente.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, claro, por leer, cerrando el año.

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  3. Ya me hacía falta leer tus cuentos, estos en los que me ubicas en la escena, me da frío con tanta nieve, camino al lado del mendigo/asesino y me hundo en el río. ¡Buenísimo!
    Qué bueno que sigas publicando, yo creo que voy a cerrar (la lap) por fin de año, jajaja; no, sólo dejaré pendiente WP y me dedicaré a capturar la enorme cantidad de poemas que tengo en mi cuaderno, a ver si alcanzo a hacerlo de aquí al 2 de enero de 2018.
    Esa es mi intención, pero con mi grave adicción a publicar, a ver si me controlo, jajaja.
    Si ya no te leo/veo, antes del 24, ¡Feliz Navidad! y un mejor año 2018. Muchos mega abrazos gamma.

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    • ¡Que me place que te haya gustado! Y además, también me gusta lo que no cuentas, porque esta vez lo he hecho inteligible. Eso es como cuando cocino: si alguien protesta, está mal, si nadie se queja, está bien. 🤣😂🤣
      Yo lo voy a hacer al revés. Me tomo vacaciones con los niños, o sea, que tengo tiempo. Mi intención es escribir unas mil palabras al día —estoy ahora en menos de doscientas, y eso promediando, porque hay días en blanco—. Además, quiero solucionar los problemas con WP y con BS, porque hay veces que si me pongo como usuario de WP no me deja comentar en el otro.
      Pero vamos, que lo primero y principal será disfrutar de la familia, con lo que habrá días en los que, estoy seguro, incumpliré mi propósito.
      Y lo dicho, si no nos vemos, ¡feliz solsticio de invierno! —que fue ayer a las 17:28 aquí, a las 10:28 allá—, feliz año nuevo y feliz de toooooooodo!
      Una ambuesta de mega abrazos gamma.

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      • Yo pretendo capturar lo ya escrito a mano, pero no publicar, eso vendrá después, poco a poco. Ahora, después del sismo, mi familia no está aquí, así que tiempo, tendré.
        Feliz solsticio y lo que de manera convencional llaman Año Nuevo.
        Una ambuesta llena de luz muy intensa, además del consabido mega abrazo gamma.
        PD. Me mandaste al diccionario, jajaja, contigo estoy aprendiendo nuevas palabras.
        PD 2 Es cierto lo que dices y no debería ser así, cuando las cosas están bien, sería bueno comentarlas, tarde pero ahí va: Fue totalmente inteligible, toda la historia en pocas palabras.

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      • No te creas. Aunque agradezco infinito que me lo digas —mi ego se emociona como colegiala ante beso de colegial; o viceversa 😛 —, ¿no te parece que hay veces que el mejor halago es que algo pase desapercibido? Es decir, cuando hay un defecto, tal cual es en este caso la ininteligibilidad, quizá el mejor halago es la invisibilidad de tal cosa.
        En cualquier caso, agradezco enormemente ese segundo post scriptum 🙂 .
        Mega abrazo gamma.

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  4. Excelente, como siempre. Me quedo con tus descripciones (algunos quizá dirían que rebuscadas, otros que barrocas, pero que a mí me encantan, con ese ritmo endiablado, un tanto de montaña rusa atropellada, y, sobre todo, con sabor a añejo) de los personajes, aunque el primer párrafo es una localización estupendamente ilustrada.
    PS: Y se acaba el año… en breves, cierro todo y que sea lo que sea hasta el 2018 😀

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    • Yo me llamo a mí mismo pedante. Sin ambages. Y atropellado, también. Y añejo, jajaja 🤣😂😜
      Y que me place que le haya gustado, especialmente el primer párrafo. Éste es un cuentecico de esos que se ocurren y salen. Sin corregir ni nada.
      Yo intentaré que salga algo antes de 2018. Difícil propósito.
      ¡¡Feliz año nuevo!!

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