Relegado 1111


He aquí la que sería mi tercera propuesta para el certamen XXVIII Convocatoria de Calabazas en el Trastero: La mar,  que convoca la Saco de Huesos Ediciones y a la que espero presentarme con tres, dos, uno… o ningún relato

—Ya he hecho el chiste en algún sitio comentando que parezco un charlatán de feria, ya sabes, paciente y, sin embargo, impaciente lector: «Yo quiero una chochona, me gustan las chochonas…», «Pan, jamón, choriiiiiizo y vino», «¡Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto!». Y bueno, «ni tres, ni dos, ni uno…». Y que sí, que lo has podido adivinar, «mardito» malandrín, que hoy hay relato y que está tras la barra. ¿O tras las barras? ¿O tal vez sin barras? Leételo y me lo cuentas, que no voy a ir adelantando cosas.—

El caso es que tengo el blog medio abandonado, pero no es por falta de ganas. Es por exceso. Pero de trabajo. Más aún, tengo como casi una decena de relatos listos para presentar a concursos, o no, y que quisiera pasar por aquí. Mas hay que vestillos, corregillos y peinallos. Y eso lleva un tiempo que dice mi jefe que no tengo.

Vaaaaale, el trabajo no debería ser una excusa, pero es que realmente estoy agobiado. Y de hecho, de momento sólo os presento éste de los tres «del mar», que, aunque ha sido el último en ser escrito, ha sido el primero en tener una corrección mínima —y por poder ser corregido más rápido, porque en los otros dos me he metido en camisa de once varas… y tres cuartos—. Lo que no lo veo es ni muy sobrenatural, ni muy de terror, ni muy… fosco, y dada la naturaleza de la convocatoria, no sé si será adecuado.

Vamos, que me aprovecho de vosotros y de vuestro consejo que tan bien me fue en el Polidori VPlata y marfil, que no iba a presentar y que gracias a vuestros consejos logró un huequecito en la antología—, y que, con todo el morro, os pido vuestra opinión.

En fin, creo que lo he dicho todo. Es que me ha interrumpido el hilo «pensatorio» un anuncio de algo así que como: «Adopta un chico». No un niño en apuros pasando hambre el pobre, no, sino un «chico» de los de usar «cárnicamente». Si hubiese sido una chica y con la naturaleza del anuncio, la que se habría liado. ¿Lo ves, mardito malandrín? Me «resbalizan» las neuronas. Así es que ahí te quedas con el cuento y con Eva María.


Relegado 1111

Con bastante pereza, abre los ojos. El mar, azul profundo a esas horas, envuelve con su sonido el final de la noche. La espuma dibuja pentagramas en la sinfonía de las olas. Un poco de luz comienza a desvirgar el horizonte poniente; el sol debe estar a punto de salir a su espalda. Y vuelve a cerrar los ojos.

Ha amanecido. Mira hacia el mar, que avanza poco a poco, conforme sube la marea. Las olas rompen con suavidad en la costa que baja derrochando basalto en forma de arena, grava y rocas oscuras, pardas, y que va siendo conquistada por unas olas de blanco radiante, casi ofensivo, reforzado por una retaguardia turquesa transparente. Las sombras de las palmeras le sobrepasan y apuntan hacia el agua. Permanece tumbado, desnudo. Percibe los olores del mar, de las rocas mojadas, la brisa que a ratos viene de las palmeras cuando remolinea inconstante.

No hay muchos lugares así en el mundo. Piensa en su París de adopción, y en las muchachas bañándose en el Sena en enaguas. O sin ellas. Sonríe. Casi todas eran pagadas, pero es que era mucho más fácil cuando se puede derrochar el dinero, dónde va a parar. Es la ventaja de haber sido un buen timador. Hasta que la República, tras la caída de sus protectores, hijos políticos del tercer Napoleón, decidió ubicarlo en la Isla del Diablo. Era el relegado número 1111, llegado en la goleta Mamelouck junto con otro centenar de convictos.

Un mero timador entre asesinos no podría durar mucho si no se ponía en su sitio. Por las reyertas, las tentativas de soborno y algunos miserables intentos de fuga había sido castigado con la severidad contundente que se espera de este lugar. Al final, había matado y ha sido condenado a muerte.

Llevaba crucificado en el suelo desde la tarde anterior. Cuatro picas de acero clavadas en la roca a pocos metros del mar y unas tiras de cuero crudo para tensar los miembros casi lo mantenían en vilo sobre el suelo. Tan solo podía mover la cabeza a izquierda o derecha y algo hacia arriba. La garganta comenzaba a parecerle invadida por una especie de pelusa reseca cada vez más áspera, los ojos le escocían por la sal y había amanecido con ellos llenos de legañas que no se podía quitar. Los labios le sangraban y le costaba sonreírle a sus recuerdos. Las extremidades eran un calambre continuo desde la punta a las articulaciones. Codos y rodillas llevaban chillando varias horas. Se miró la muñeca izquierda, la que daba al agua y al continente que se vislumbraba a lo lejos. Unas finas líneas rojas, sangrantes, marcaban el lugar por donde la piel estirada se rompía conforme se deshidrataba. Los nudillos morados y los dedos medio dormidos le hacían presagiar dolores futuros.

Los insectos, dominados por las moscas, comenzaron a ser algo más que una simple compañía. Unos cuantos cangrejos paseaban por su alrededor, pululando en busca de algo que echarse a la mandíbula. Deseó que alguno de esos bichos se acercase para cortarle la yugular y acabar en unos pocos segundos con el suplicio. Un fruto cae de una de las palmeras cercanas y se oye rodar ladera abajo. También le hubiese gustado estar debajo para terminar con el sufrimiento. El sol ya asoma sobre la barrera verde y comienza a torturarle. Piensa que el golpe del fruto sólo hubiese terminado con un dolor de cabeza y en qué fruto puede caer en octubre. No, ya no piensa con claridad.

El sol está bastante alto y la marea llega hasta él. La vez anterior, noche cerrada, había logrado sobrevivir a la pleamar con cierta facilidad. Ahora, conforme el cuero se ha ido secando, tira de él hacia las picas, queriéndolo partir. Los lazos no están demasiado apretados, por lo que poco, pero algo, le circula la sangre por pies y manos. La sal del agua le irrita. Y el agua, una vez que le ha refrescado después de estar expuesto al sol, trata de ahogarlo. Pero han medido muy bien. Allí, en la marea alta, el nivel no llegará más allá de una cuarta o dos. Suficiente para obligarle a estirar el cuello en cada ola o a aguantar la respiración. Y las olas llegan una detrás de otra sin pausa. Exhausto, traga agua y tose. Quiere morir, pero su cuerpo no se lo permite.

Después de más de una hora luchando por no ahogarse cae rendido. No sabe cuanto tiempo. Pero unas fuertes arcadas lo despiertan y vomita agua salada, o eso le parece. El dolor de codos y rodillas es insoportable, y los riñones parece que le van a estallar. Apenas puede abrir los ojos, lo suficiente para ver en su muñeca una franja que la piel ha dejado al aire tras contraerse por la tensión. Carne más blanca que rosada, limpia de sangre por el agua de mar, invadida por decenas de insectos que chupaban, picaban, mordían y se movían con una impunidad vergonzosa.

Ya ha pasado el mediodía. Confía en desmayarse por última vez dentro de poco. El surtido doloroso que es su cuerpo daría para varios estudios de la Academia de Ciencias. La zona lumbar parece querer salírsele por la espalda para vivir su vida. En donde antes tenía codos y rodillas ahora solo hay decenas de miles de clavos entrando y saliendo. Las corvas, sobre estiradas, chillan el dolor muscular y las muñecas y tobillos entonan varias formas de escozor que no creía posible que existiesen. La garganta parece un trozo de roca basáltica como las que tiene alrededor. La lengua, hinchada, reseca, casi quebradiza, no le permite aliviar la sequedad de los labios agrietados y abultados. Los párpados no cierran bien y se han quedado entreabiertos sin remedio. Y la frente, los empeines y los genitales ya están bien abrasados.

El cuello, casi atrofiado, no quiere girar ya. Medio consciente, le despierta un fuerte tirón en una oreja. Y otro. Una mosca se le pasea por el interior de uno de los orificios nasales. Puede distinguir al trasluz del sol unas cuantas gaviotas, o los pájaros que fuesen, que han empezado a olerse que allí va a haber una buena ración de preso para comer. Intenta un movimiento para volverse hacia el bicho infecto que le ha picoteado la oreja. Pero no puede. Y quizá sea mejor así. No estaría bien perder los ojos antes de morir.

Atardece. En otro mes le hubiese aliviado la lluvia. Casi es mejor que no, le habría alargado el suplicio. Ya sólo siente dolor. Uno solo. Uniforme. No puede tragar. Quizá es que no tiene saliva que tragar. Nota una buena cantidad de animánculos moviéndose por su cuerpo. O no los nota, pero sabe que están ahí.

Mira hacia el Sena. Una chica, rubia de pelo larguísimo, vestida tan solo con las enaguas húmedas se ríe a voces y salpica con muchos aspavientos que mueven su pecho joven. Él también se ríe, sin embargo le tira la piel quemada de la cara. Quiere decirle que le gustaría levantarse y jugar con ella. Pero un mal demonio no quiere dejarlo moverse. La melena bella, rubia, húmeda y viva se va apagando poco a poco, conforme el sol se pone.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 5 de septiembre de 2017

¿Has tenido que salir corriendo a beber agua?
¿O has preferido una cerveza «flesquita», 
«mardito» malandrín?
Pues confiésalo, releñes
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24 comentarios en “Relegado 1111

  1. Has descrito de una forma realmente vívida la agonía de ese pobre hombre. Casi podía sentir mi cuerpo tumbado en esa playa, los picotazos de los bichos, las correas en los brazos… Fabuloso. Me ha gustado mucho el final. Al menos su último recuerdo es algo bello. Un beso

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    • Que me place que te guste. Aún creo que le falta una vuelta buena, pero más o menos así quedaría. Lo que me gusta es que digas que tú podías casi esas sensaciones. Era mi intención y si lo he logrado, aunque sea un poquito, me doy por satisfecho. También con haber acertado con el final, porque el alternativo me hacía dudar, aunque creo que éste queda mejor.
      Gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer viviéndolo.

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    • No sé a quién te refieres con el otro, pero sí, personaje que cae en mis manos, personaje que sale perjudicado.
      Ahora bien, si te fijas en el último relato de Cándido Macarro —borderline—, sus personajes han acabado que da gusto. Por tanto, no creamos tanta presión, vistos los autores en su conjunto, como para que los personajes huyan. Creo.
      Si no, nos veremos abocados a escribir personificando piedras —que ya hay un magnífico libro de micros al respecto pululando por ahí—.
      En fin, que muchas gracias por pasar, por comentar y, sobre todo, por leer estas diatribas cruelmente escritas —sí, lo reconozco, alguna vez maltrato al español—.

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      • Pues la otra persona a la que hacíamos referencia era la única que en ese momento habíamos visto en los comentarios, o dicho de otra manera, Sadire, que se suele ensañar un poquito también con algunas de sus creaciones (pero solo un poquito). Lo que no entendemos es como no habíamos visto el comentario de Mae, hecho que atribuimos al mismo error informático que atacó de forma impía la carrera literaria de Ana Rosa Quintana.
        Tras escribir el comentario y después de una somera introspección, nos hemos dado cuenta de que quizá nosotros no somos los más indicados para criticar eso del ensañamiento, porque en el Otro Mundo igual algún personaje que otro se ha llevado algún castigo de más… o una buena hostia, que también.

        Pero eso lo tomaremos como un “la segunda ya tal”. El caso es que si llega el día en el que los personajes se nos rebelan a los escritores en conjunto, no parece que vayamos a poder quejarnos ni echarle la culpa de todo al ordenador de Ana Rosa.

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      • ¡Aaaaah!, así sí, Sadire, claro. Sí, de vez en cuando le gusta esculpir personajes para luego romperlos.
        En cuanto a lo de Ana Rosa, no sé: nunca he publicado una novela por un error informático. —el hecho de que la hubiese escrito otra persona no parece ser demasiado relevante, ¿no? 😉 —
        Y sí, los personajes que podrían huir serían los de los otros mundos, y no voy a explicar por qué, por no reventar, pero es que anda que dejáis… Y bueno, de lo que le dejáis a la diosa… Es que no puedo ser más explícito, pero menudo ejemplo de como no cabrear al Sindicato de Personajes Afectados por Escritores Sádicos (SiPAES).
        En cuanto a lo de echarle la culpa a un solo ordenador, no. Pero a una supuesta confabulación byteriana, oye, pues sí habría posibilidades.

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  2. Bueno, sobrenatural no es, pero de terror ¡vaya que sí!, al menos a mi me dio terror la segunda parte, porque en la primera me situaste en una playa, el mar, el amanecer, todo paradisíaco.
    Para después llevarme al infierno que sufre este pobre hombre, en verdad que describes su agonía paso a paso, dolor a dolor, sí lo transmites totalmente.
    El final, muy bueno, al menos un bello recuerdo, pero sí siento que le falta “algo” que nos regrese la respiración, para bien o para mal y que sea inesperado.
    Mega abrazo gama.

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    • La idea era ésa, introducir el relato con cierta ambigüedad para ir cambiando poco a poco la situación.
      Me alegro de que los dos elementos que deba tener para la convocatoria te parezcan suficientemente resaltados: lo fosco y el mar.
      Con lo del final, me pones en un apuro, por que mi idea era ir apagando poco a poco, dejar el regusto de la impotencia ante su situación, esa angustia que debe padecer el condenado.
      Pero me pongo a pensar en lo que comentas a ver cómo soy capaz de hacerlo.
      Muchas gracias por pasar, por comentar y, cómo no, por leer con algo de terror.
      Un mega abrazo gamma.

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      • Me pareció magnífico el relato, pero sí, reitero, esperaba un poco más al final, a ver qué haces amigo y si no, de todos modos está bien, me llevaste a al angustia y el dolor.
        Mega abrazo gama.
        PD. ¿No me extrañaste? estuve 5 días sin red y pasé por un sismo de 8.4º, pero gracias a Dios, no pasó lo que en el anterior de 8.1º (en 1985)

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      • Sí, ya veré qué puedo hacer con el final, porque además hay opiniones dispares.
        Sí, me enteré de lo del sismo por mis compañeros de allí. De hecho les mostré mi preocupación aunque, por suerte, todos salieron con bien. Precisamente ellos me dijeron que había sido menor el impacto que el anterior pero que existían desconexiones tanto eléctricas como de red y comunicaciones, y que tuviese paciencia, que no saturase líneas si no era por emergencias —cosa que vista en perspectiva, me pareció muy lógica—. Ahora que te veo conectada, me atrevo a preguntarte cómo estáis.
        Un mega abrazo gamma. Y otro más por el susto y la preocupación. Y otro más porque sí.

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  3. La introducción del relato es hermosa (no hablo de tus anárquicos pensamientos, que merecen un hilo aparte 😀 ), con unas imágenes visuales poderosas que remiten a otros sentidos (tú, amante de la música, pues eso) y crean, a la vez, una atmósfera extraña, propia de ambientes de terror gótico. Y luego… bueno, la combinación de diferentes alimañas junto con las sensaciones que vive el pavo… realmente bien descritas para hacer que sintamos un escalofrío por el dolor, aunque no llegue a las obscenidades del torture porn (solo lo bordea 😉 )
    París con tilde 😉
    Y si en “Casi todas eran pagadas, pero es que era mucho más fácil, dónde va a parar, cuando se puede derrochar el dinero”, el “dónde va a parar” lo pones al final de la frase para que no quede una estructura tan rebuscada?
    “La zona lumbar parece querer salírsele por la espalada para vivir su vida”, cuidadín con esa “espalada” 🙂

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    • En primer lugar, me ofendes, mis pensamientos no son anárquicos… son… errrr… algo aleatorios 😛 Todo comenzó con un calambrazo… pero eso es otra historia 😀 😀 😀 😀
      Me place que te guste la introducción, porque cada vez que la releo me parece un pelín exagerada, casi hortera y estoy bastante inseguro de ella. Lo mismo me pasa con la segunda parte, que, como bien dices, puede acercarse al torture porn demasiado. No tengo muy claro cómo modificarlo para que quede bien.
      En cuanto al resto, pecados veniales narrativos, pero mortales por no haber revisado lo suficiente.
      En cualquier caso, tengo muchas dudas para presentarlo. Ya veremos, me lo echaré a mí mismo a «los chinos» o a «pares o nones».
      Muchas gracias por pasar por aquí, por comentar pero, ante todo, por leer un rato en la playa.

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  4. ¡Qué gusto leer este relato! A ver… no el gusto de sentir el sufrimiento del pobre reo, sino justamente porque me sentí en su lugar, y esa es la idea. Pude imaginar todo tal cual, y me encantó el principio, porque el giro no me lo esperaba. Fue una sorpresa repentina y allí centré aún más mi atención. Creo que es muy bueno para presentarlo, y si lo haces, solo puedes revisar para “tijeretear” adjetivos que ya sean sinónimos y no repetirte, pero no le cambiaría nada, porque es tu estilo, es tu forma de escribir lo que te hace único. Si nos pusieran las mismas pautas para escribir el mismo relato, todos los que opinamos sobre el tuyo lo haríamos distinto, porque tenemos diferentes estilos y formas, elección de vocabulario, etc. NO dudes de ti mismo, solo revisa mil veces a ver qué te dice tu sentido común (no digas que no lo tienes… jaja, te lo prohibo 😛 ).
    Abrazos de los míos. Y mucha merd, con acento parisino y aroma a teatro, que me ha encantado.

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    • ¿Cómo puede ser que me saltase este comentario? ¿Dónde estará la mi cabeza?
      Vale, «tijerearé» esos adjetivos, revisaré, si no mil, si quinientas diecisiete veces, y no negaré que tengo sentido común —pero tampoco afirmaré tenerlo para no mentir 😛 —.
      En cuanto a las opiniones, la verdad es que tengo muy buenas experiencias en este blog con las críticas constructivas que me hacéis, y lo menos que puedo hacer a mi vez, es agradecéroslo. La forma de tomarse las críticas —constructivas siempre— requiere de un cierto ejercicio de autoevaluación personal añadido —aunque me alargue, he preferido usar un eufemismo 😉 —; como decía un profesor de ilusionismo: «Si alguien insiste en que ha visto el truco no tiene por qué significar que lo haya visto realmente, pero sí que algo te ha fallado en la presentación: toca revisar». Creo que esto no resta personalidad pero «pincha» para darle otra vuelta más. Y SÍ, dudo de mí mismo todos los días a todas horas; creo que incluso durmiendo.
      ¿Ves? Lo útil que me ha sido tu comentario, por eso os estoy tan agradecido. 🙂
      Gracias por la «merd», por pasarte, por comentar y, ante todo, por leer.
      Un álef dos de abrazos.

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  5. Jajaja, tu cabeza debe estar en mil relatos, lo cual es grandioso 😉
    Te confieso que me encantaría recibir opiniones que no tengan que ver con gustos, sino con consejos (por suerte, algunos los recibo en privado, pero lo espero siempre). Tú confía en ti mismo (vamos, que sentido común te sobra! jaja). Va un álef de mi parte, y siempre recordemos que todos estamos aprendiendo, que nunca se termina, y que no hay nadie “más mejor” que nadie (diría mi sobrino de tres años, jajaja). Abrazos de los míos, éxitos!

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    • Sí, está en mil cosas, pero nunca coincide con la que debe XD .
      Pero estoy de acuerdo contigo: lo mejor es recibir consejos objetivos, pero también son importantes las opiniones de los amigos. De acuerdo totalmente con tu sobrino, sólo puedo decir que una ambuesta de sentido común no da un ápice de seguridad en uno mismo. Pero que para algo está la osadía de la ignorancia 😛
      Más y más abrazos.

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  6. Pues ya todo está dicho. Tanto por mí por, creo, los jueces. Me queda una duda… ¿De donde salen los conocimientos utilizados para describir la tortura?¿De donde las pieles ajadas y los labios abultados?
    ¿Hay una investigación de fondo o todo es mera conjetura?

    malandrín mayor, ilumíname.

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    • La verdad es que debería hacerme con algún libro de patología forense si quiero seguir escribiendo sobre esto. Porque haciendo memoria —cuando lo escribí no era consciente de dónde salían los datos— hay fuentes poco fiables y otras menos fiables aún.
      Sobre la deshidratación y la exposición al sol, la OMS, que es fiable, pero mi memoria no. También la película «El bueno, el feo y el malo»; poco científico, ya lo sé. El efecto de la mar salada sobre los cuerpos de una noticia sobre alguien que había muerto ahogado atrapado cerca de la superficie. Y lo de las correas de cuero de un texto del s. XX, bastante exagerado supongo, de testigos que habían sido torturados por amerindios con tiras de cuero crudo que se contraían al secarse —recuerdo el libro, era un testimonio novelado, con sus pastas rojas, en la biblioteca de mi pueblo, ¡cómo pasa el tiempo!—.
      Ya ves, una mezcla estocástica y poco fiable.

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      • Pues todo el proceso me pareció de lo más lógico. Añadiendo incluso cosas que no se me habrían ocurrido como las rajaduras de la piel. Acostumbrado como esta uno a imaginársela como un órgano prácticamente indivisible a menos que se aplique una superficie filosa. Voy tomando nota caballero de todo lo que estáis enseñando.

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