La caída del coloso de Rodas


Estimado lector. Hoy no hago introducción. Simplemente te dejo con el relato. ¡Que lo disfrutes!


La caída del coloso de Rodas

No lo voy a negar: soy muy torpe.

Lo primero, es que se me ocurrió lo del viaje en el tiempo, y pasó lo que pasó. Permitidme, que incluya fechas para aclarar y aclararme. El 5 de diciembre de 2012 trabajaba en La Sorrueda, en la casita de unos amigos, con los primero experimentos ya serios. No, no fue una sobrecarga por emplear tres trigatrones de 200 quilovatios cada uno—sí, en pleno siglo XXI, válvulas de vacío—, no, es que pisé mal un enchufe, y como había anulado las protecciones para poder usar potencia a manta… apagón de los gordos. Incluso vi los últimos estertores de mi generador de rayos C brillar en la oscuridad más allá de la puerta de la habitación donde tenía puesto el Tanhäuser de Wagner. Como excusa podría decir que los estupendos vinos, zumo de gigantes, de tal valle de Gran Canaria… pero no, fue mi torpeza.

Por suerte, un par de meses después, el 22 de septiembre de 1979… o bueno, treinta y tres años antes, pero un par de meses después para mí, ya tenía listo el equipo para saltos grandes, en condiciones y no una ida y venida patética por mi propia vida —que sólo valió para traerme disgustos, pero eso es otra historia—. Ahí vino mi otra torpeza. Vino, con vino. Estaba echándome un vinito manchego en aguas del Atlántico Sur, en la isla Marión, que por cierto, no veas lo difícil que es encontrar el sagrado líquido del centro peninsular aquí, cuando le di un golpe que me lo vertió en el teclado. Y si es difícil encontrar caldo manchego aquí, un teclado del futuro, ni hablamos. Pero lo peor es que al moverlo, desenfoqué el rayo C, y lie una que para qué. El caso es que a trancas y barrancas, logré salir de este tiempo y lugar, que entre israelitas, sudafricanos, australianos, estadounidenses y no sé cuántos más, se me había hecho incómodo. Y yo que me había venido aquí para estar lo más solo posible haciéndome pasar por ornitólogo…

El caso es que decidí ir al futuro a por una fuente energética suficientemente compacta, tipo pila de fusión —aunque me arriesgaba a caer en una hecatombe en lugar de en una civilización adelantada—. Pensé en adelantar, no sé, dos o tres mil años. Puse al final 2.309 años hacia adelante, un número cualquiera. Di un traguito al vasito de vino y presioné el botón.

Sólo que fueron esos años atrás. Vine a caer en la isla de Rodas. Justo en medio de un terremoto. Pensé que lo había provocado yo, aunque no me imaginaba cómo. Para colmo de males, me di cuenta de que me faltaba cerio. Y sin ese metal no podía suplir los fungibles que me consumía cada viaje.

Como estaba en una ruta comercial importante, me propuse relacionarme con los mercaderes de la rocalla, a esperar algún cargamento de granito más rico en cerio, con incrustaciones de monacita que le bajan la calidad. Para sobrevivir me empleé como ingeniero, aunque no conocía el idioma. Pero una persona debe venderse bien, incluso por señas.

El enorme faro había quedado muy tocado por el terremoto. La figura humana quedó debilitada a la altura de las rodillas. Estuve estudiando el problema junto con otros prominentes cerebritos de la época: ingenieros, escultores, filósofos…

El caso es que estuvimos debatiendo cierto día a la sombra de un pequeño chamizo que el pueblo de Rodas había montado para los «solucionadores». Después de escuchar varias peroratas que apenas entendía para darle solución, me levante con la botella de vino resinoso, buenísimo, bien agarrada para que no se me vertiese como la última vez. Me puse a dar voces, que parece que era la única manera de hacerles ver la verdadera naturaleza del problema y, por tanto, el remedio a la debilidad estructural. Cómo sería mi vehemencia, y la originalidad de la propuesta, que convenció a todos.

Al día siguiente comenzaron las obras siguiendo mis instrucciones. Esa misma noche cayó en el puerto. ¡Qué guarrazo dio el buen Helios en el agua!

Francisco Torpeyvago

Daimiel, a 27 de julio de 2017

¿Debió sonar mucho el coloso al caer?
¿Has probado los vinos griegos?
Sea como fuere, ¡manifiéstate, «mardito» malandrín!

 

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19 comentarios en “La caída del coloso de Rodas

  1. En serio te decimos que hemos estado a punto de llamar a los GEOs a la Mancha dada tu prolongada ausencia, se ve que el Otro Mundo tenía miedo de perder a su reseñador más ilustre hasta la fecha (y parece que va para largo…). En fin, nos solazamos dada tu virtual salud.

    Y después dicen que el bebercio no causa problemas, que si un vasito de vino no hace mal a nadie… ¡Toma del frasco, Coloso!

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    • Gracias por vuestra preocupación, es que después de la obra he ido a echarme unos vinos a la «tabelna de guardia». Pero vamos, que el «incordiador pofesional» ya está de vuelta.
      No, el problema no es un vasito, sino el concurso de un grupo de ellos. Tal es así, que el propio Coloso cayó por un poquito de vino. Y eso que tenía un estómago de hierro. —No lo he podido resistir… el chiste tonto ha salido solo.—
      Muchas gracias por pasaros, por comentar, pero sobre todo por leer con un vinito y un pincho de tortilla al lado.

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  2. Jajaja, ¡excelente! me encantó, creo que es el que más me ha gustado de todos tus posts.
    Pobre Coloso, y cuidado con el vino, que todo lo “vino” a complicar, de todos modos, ya viste que no puedes cambiar el pasado. lo que tenía que pasar, pasó.
    Ya te extrañaba.
    Mega abrazo de luz

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  3. ¡Viva el vino!, que diría aquel. Cuando se diseña una máquina del tiempo, hay que tener muy claro cómo funciona. Hacer esquemas y manuales, aunque sea una invención propia. Que luego no te acuerdas si pa’rriba es hacia el futuro o era pa’bajo… La historia está llena de chapuzas de este tipo, desde la trilogía de Spielberg a las andanzas de Brian y Stewie. Moraleja: lo que decía Stevie Wonder en ese anunció que partió la pana.
    PS1: ¿Tigatrones? Esa medida se me escapa… Me ha sonado a los Phoskitos 😀
    PS2: Al leer muy cercano “puerta” y “Tannhauser”, me ha venido “Blade Runner”…
    PS3: He retomado el Civilization V y ayer hice el Coloso de Rodas. Así que no vengas y me lo jodas (¡pareado, eh!)

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    • ¡Si bebes, no manejes una máquina del tiempo!, estaba claro que el menda «prota» no se enteró.
      ¡TRIGATRÓN!, ya está corregido, que me había comido una erre.
      Y sí, señor: «He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser» era la frase que quería poner aquí como cita. Además he incluido la mención a un apagón histórico en las Canarias y al incidente Vela.
      Vale, le diré al «prota» no asome ni los mocos por ahí, no sea que…
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer… ¡Viva el vino!

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  4. Francisco, no nos abandones tanto tiempo que se echan en falta tus estupendas historias.
    Para la próxima con introducción, que un relato tuyo sin tus introducciones parece que no es tuyo…

    Vaso de vino vine, viaje en el tiempo va…La primera frase me llenó de curiosidad; quería saber cuál era la torpeza. Pero al leer el principio del primer párrafo que quedé un poco desconcertada. No terminaba de entender de qué nos estabas hablando. Seguí leyendo (tengo fé en ti y en tus historias) y entonces vi la luz.
    Genial el desarrollo que haces del relato y como nos llevas de un lugar a otro.

    Ya sabía yo que algo tenías que ver con la caída del coloso en Rodas; un gigante no cae así como así salvo que estés tú en las obras de su reparación, jejeje…
    Por cierto, muy bueno el vino blanco resinado griego, bien frío. Desde que lo probé es uno de mis favoritos.

    Muy buena reentrada al blog, Francisco. Te felicito.

    Un beso, compañero de letras.

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    • La verdad es que con tus palabras me haces sentir un escozor de conciencia por haberos abandonado. Y el caso es que me acaban de hacer una proposición que me llevará al pluriempleo y a la imposibilidad de seguir con el blog —incluso de seguir escribiendo—, por lo que de nuevo tu comentario resuena en mi conciencia.
      Sí, la siguiente viene con introducción 😉 , y creo que la solucionaré esta misma tarde.
      Me alegro de que te hayan gustado esas referencias al vino de parte de un gran aficionado, pero desconocedor… o sea, me gusta el vino, y lo más que sé es si me gusta o no —ni orígenes, cosechas… ni nada de eso—.
      Muchas gracias por pasar, por comentar y, ante todo, por disfrutar de la lectura con un buen vino en la mano.

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