Encontrados en la tercera fase


Sigo de obras. No, no es una excusa. No puedo escribir. De verdad. Entre los ruidos, la cantidad de cosas que hay que hacer, las decisiones que hay que tomar —algunas varias veces, porque se repiten más que un bocadillo de sardinas con morcilla y ajo, otras porque alguien se empeña y sigue insistiendo hasta que cambias de opinión o mueres— materiales para elegir —¡pero si ya estaba todo claro antes de empezar la obra! y el resto me es indiferente…; pues no, también hay que escoger el color del tubo de las bajantes que va enterrado o el del cable de la bombilla que va empotrado—, flecos a terminar, contratas que realizar… Vamos, que estoy seguro que si Don Mariano José de Larra y Sánchez de Castro no hubiese decidido darse de baja tan joven de la literatura por sus devaneos con Doña Dolores de Armijo, seguro, seguro que hubiese hablado pobremente, «figaradamente», sobre las obras en casa. Y de la manera en que se me van a ir los ahorros de años y años —aclaro que no soy político corrupto; ni tengo tarjeta black, ni tan siquiera oscura a lo Darth Vader; ni soy empresario sin escrúpulos; ni corsario inglés, moderno o antiguo;  ni nada de eso—.

Claro, y además de no poder escribir, no me puedo pasar a visitar a mis amigos. Espero que me perdonéis, pero entre las obras, el trabajo, la familia y mis catorce horas de sueño… quiero decir, ejem, que ando un poco agobiado. Pero os amenazo con volver, leeros y comentar. Y yo cumplo mis amenazas —excepto a aquellos que sean más grandes y fuertes que yo, que para qué me voy a meter en líos—.

En fin, que como os tenía prometido escribir sobre obras, aquí os dejo unas heces, resultado de la diarrea mental producida por un catarro de los de aire acondicionado y las mentadas obras:


Encontrados en la tercera fase

https://niklasgranqvist.files.wordpress.com/2017/03/20170327_192716.jpg?w=880

NIKLAS GRANQVIST

A mi buen amigo Pedro,

por aguantar mis «tontás», que son muchas y de buen tamaño.

El cliente estaba enervado. El sabor de pan mohoso que arrastraba el polvo se mezclaba con el intenso aroma del gasóleo mal quemado y se le agarraba a la garganta como alambre de espino a soldado heroico. El calor agobiaba y el sudor le resbalaba desde la calva hacia la espalda y hacia el entrepecho, casi femenino de lo abultado. Además, el tremebundo sonido de la «minirretro» le impedía escuchar lo que le estaban diciendo:

—¡En la primera fase han sido sesenta y siete viviendas, en la segunda, ochenta y dos; y en ésta tercera, de sólo veinte, me estáis dando más quebraderos de cabeza que el resto! —dijo el capataz, congestionado y con los mofletes inflados por el enfado como tetas silicosas.

—Es lo que hablamos con la promotora, y así se va a hacer. —El cliente vocalizaba con voz pastosa por el ambiente, a todo el volumen que le permitían sus cuerdas vocales, para hacerse apenas entender. —Aquí va la barbacoa, y la piscina se alarga hasta allí.

—¡Pero que no puede ser!, que ya le he dicho que he llamado a la Justi de la promotora. Que dice que la llame a ella, que hasta que ella no me lo diga, ¡no puedo hacer nada! —Justo en ese instante, la excavadora paró. —«Vaya, habrá encontrado “tosquizo”, lo que nos faltaba» —pensó el capataz. —¿Qué pasa, Jenare? —le gritó al maquinista, mientras se volvía.

Éste, el tal Jenare, se había apeado de la máquina y se apoyaba en ella. Entre espasmos y temblores apuntaba hacía el hoyo que apenas había comenzado a hacer:

—¡Ah!, ¡aaaah!, ¡ah! —explicó el maquinista.

Ambos, capataz y cliente, se acercaron a ver qué señalaba el maquinista. Una mano descubierta de tierra sobre lo que parecía un torso, y otro cuerpo insinuado al lado pero en sentido contrario, ambos medio enterrados. Era esa mano de color marfil, ososa, reseca, con tan solo cuatro dedos y unas membranas interdactilares entre ellos, y de esqueleto más parecido al de un arenque que al de una persona;  posaba con cierto ademán hacia el zenit, como queriendo ir más allá de la bóveda azul brillante hacia la que apuntaban las nucas de los humanos. El aire se llenó de aromas de putrescina y cadaverina, desplazando a los humos de la máquina. Y el sudor de los tres cuerpos aumentó en caudal y viscosidad.

En el rato que duraba el asombro, los cuerpos fueron tomando volumen. Y un color verdoso que se iba haciendo más y más intenso, sobre todo en la mano que quedaba al aire. Ese tono de algas de pantano, acompañado de una fetidez, cada vez más amoniacal, más viva, se oscurecía, y parecía dotar de cierto movimiento a la extremidad, que iba tomando una posición más y más enhiesta. Llegado un momento, aquellos espasmos se transformaron en un movimiento lento, pero real, deliberado, alzándose centímetro a centímetro hacia los tres humanos.

***

Las herramientas «La castaña» eran conocidas por todos como un paradigma de calidad y profesionalidad. Una de ellas, en concreto una pala de punta, casi recién estrenada, cayó de manera contundente sobre aquella mano que no parecía de este mundo. Tal palazo, propinado por el cliente, hizo palidecer el miembro, fuese brazo o pierna, de la semienterrada entidad. Entre remolinos de gases fétidos, el palazo se repitió. Y entonces, el capataz también reaccionó:

—¡Jenare, echa tierra aquí! ¡Venga, toda ésa que has sacado! Y mire usted… ¡pero deje ya la pala, hombre, que es nueva!… A ver, que creo que ahí donde ha dejado la pala podemos poner la barbacoa, eso sí, se le acorta la piscina un metro, pero mejor no cavar ahí, ¿que no?

—Sí, hombre, sí; sin problema, ni «pa» usted ni «pa» mí. Lo único alargar ese medio metro el entarimado.

—Claro que sí. Mire, vamos «pa» dentro y vemos los colores de la madera y los acabados… ¡Jenare! ¡Pásale bien la máquina por encima, que quede todo bien «apisonaíco»!

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 13 de junio de 2017

«Mardito» malandrín, ¿es que nunca te has encontrado 
un extraterrestre en tus obras?
¿O es que no nos lo quieres contar?
¡Pues aprovecha la ocasión!
¡Cuenta, cuenta!
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16 comentarios en “Encontrados en la tercera fase

    • Jajaja, lo del cementerio indio me pillaba un poco lejos de casa, así es que he tenido que buscar una alternativa mucho más creíble: extraterrestres. ¡Dónde va a parar!
      Y sí, en el contrato de obra hay una cláusula excluyente de garantía para daños producidos por entidades sobrenaturales, gnomos, dioses griegos salidos, dioses nórdicos sosos, hadas buenas, hadas malas, extraterrestres corporales o espirituales, críptidos, tías / tíos buenos de anuncios —tan irreales como todo lo anterior—, y cuya causística establecerá el propio promotor:
      —¿Cómo que esa grieta es porque los cimientos se hicieron con gachas pretensadas en lugar de hormigón? No señora, eso es cosa del hombre sierpe de los cables de los ordenadores. Reclámele usted a IBM.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por compartir con tu lecturas mis aventuras y desventuras constructivas / destructivas.

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    • Exactamente así, lo que se dice exactamente así… no. Pero parecido, sí, jajaja.
      La verdad es que nos aparecieron unas raíces de higuera a más de nueve metros de donde está y por debajo del hormigón. Me pareció impresionante… e inspirador. El poder de la naturaleza es brutal: siempre me asombra. Y ya puestos, pues lo podía hacer extraterrestre. Y ya puestos… bueno, que qué te voy a decir que no sepas. Una cosa lleva a la otra, y a buen escritor pocas ideas bastan —¿me he llamado buen escritor? Mi ego va creciendo como las raíces de la higuera; me doy miedo y, mira, tema para otro cuento—.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, por supuesto, por haberte divertido leyendo estas historias del ladrillo. O este ladrillo de historia.

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    • Bueno, un superlativo a la altura de los palazos, no de la información cultural transmitida. Creo que aciertas, pues, con tu comentario: Encontronazos a palazos.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, ante todo, por leer, o lecturazo.

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  1. Jaajjjaaaa qué bueno! La reacción de los presentes es brutal y seguro que verídica si se diese el caso, que el ladrillo es el ladrillo😂😂
    Por cierto, lo de las raíces es una putadilla. A un amigo le pasó más o menos lo mismo y le llegaron a abombar el suelo de casa.
    Suerte con las obras!

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    • Yo lo veo muy realista. Y así lo he escrito. Es que es como si lo estuviera viendo: la obra no la para nadie, venga de donde venga. El ladrillo es sagrado, faltaría plus.
      Espero no tener problemas. Éstos suelen aparecer cuando le falta agua, y a ésta le van todas las sobras, por lo que no tiene necesidad de buscar en sitios raros. Pero vamos, que asusta verlas a nueve metros cuando ella no levanta tres del suelo.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer y desearme suerte.

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  2. Vamos, que ponemos la tierra bien puesta y aquí no ha pasado nada, jajaja… Un relato bien construido con un punto absurdo y humorístico que está genial.
    Tanto tú como yo llevamos un tiempo desaparecidos en nuestras publicaciones y lecturas mutuas, pero todo se andará.
    Antes o después (esperemos que antes por tu propia salud mental) se acabarán las obras y volverás a deleitarnos con tus relatos semanales. Estoy segura de que cumplirás tu promesa.
    Un saludo afectuoso, Francisco.

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    • Te juro que lo único que me falta es encontrar los restos de un circo romano o un par de extraterrestres. Y en ambos casos sabemos que la práctica habitual es no decir ni media y continuar como si nada. Si no pasa nada, para la semana que viene sólo quedarán los flecos… espero. Y sí, tengo preparados un par de cuentos por capítulos y consultaros los «juegos» de Calabazas en el trastero —es que como con el Polidori me fue bien prenguntándoos vuestra opinión, pues voy a hacer lo mismo; bueno, y porque la convocatoria lo permite, claro—. Y el relato más largo que he escrito, también por capítulos. Lo que me falta para poder programarlos sin más es corregirlos bastante y ya soltároslos, a ver qué ocurre.
      Yo echo de menos esos micros contundentes a los que nos tienes acostumbrados. A ver si volvemos a la normalidad como bien dices.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, ante todo, por no enterrar estas lecturas.

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  3. ¡I’a Dagon! ¡I’a Hydra! 😀 😀 😀 😀
    No hay como un buen diálogo de operario estresado para echar por tierra (nunca mejor dicho) cualquier elemento fantástico que pueda aparecer en la vida diaria. ¿Terror? ¿Terror? Terror lo que sienten aquellos que se deciden a realizar obras de calado en sus casas, escalofríos y temblores cada vez que ven pasar un tipo enfundado en mono, piqueta al hombro, que en cuanto te descuidas te tira el jarrón que tanta pasta te costó…
    Una cosa, eso sí. En “—«Vaya, habrá encontrado “tosquizo”, lo que nos faltaba» —pensó el capataz. —”, la verdad, me sobran rayas de diálogo. Creo que, así escrito, resulta confuso (¿habla? ¿piensa? ¿vuelve a hablar?). Por mi parte, habría separado el pensamiento en párrafo aparte y hubiera metido una frasecilla rápida que introdujera el siguiente parlamento, pero, vamos, porque soy un tiquismiquis 😉
    PS: Y una intro, como siempre, verborreica y descacharrante. Figariano… 😀 😀 😀 😀

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    • Pragmatismo realista donde lo haya, diga usted que sí, jajaja, que lo llevo sufriendo ya unas semanas.
      Sí, totalmente de acuerdo en la apreciación sobre el párrafo del «pensamiento» del capataz. Debería haberlo dividido en tres, como indicas.
      Y ahora me doy cuenta que en otro de los siguientes abuso de «más» y «movimiento». En fin, es lo que tiene escribirlos a vuelapluma y casi sin revisar.
      Muchas gracias por pasar, comentar y, por supuesto, por esa lectura diseccionadora cual «radial».

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      • Por cierto, pensé en profundos (estoy en un plan lovecraftiano últimamente que lo flipas: incluso estoy rejugando el GRAN “Dark corners of the Earth”), pero me he dado cuenta después que se trata de extraterrestres (de la tercera fase) 😀 😀 😀

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      • La verdad es que la descripción se acerca más a las manías ictícolas de Lovecraft que a los animánculos quirófilos, monillos ellos, de Spielberg. Debería cuidar esos aspectos para no dar lugar a confusiones. Pero ya digo, que lo escribí conforme se me vino al «celebro».
        ¿«Dark corners of the Earth»? Ni lo conocía. Yo me quedé en «Doom 3D»; y tenía flequillo cuando ocurrió aquello. Pero he visto el adelanto —trailer, según la pérfida Albión—, y da yuyu del bueno.

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