Supercuerdas neuróticas


Dicen las malas lenguas que sólo usamos una pequeñas fracción de nuestro cerebro. No lo creo cierto, salvo que estés viendo la tele, escuchando reguetón o haciendo uso de la facultad de reproducción —esto último por motivos obvios—, tu cerero normalmente estará perfecta y sanamente activo. Bueno que es cierto que hay gente que se encuentra constantemente en el ámbito de la desconexión cerebral, como la suegra cucaracha o el suegro cojín, nini conduciendo coche «tuenao», senador… Pero en general, nuestros cerebros tienen un funcionamiento más o menos completo.

—Estimado y amable lector: con mi habitual morro me permito abusar de tu paciencia (y quisiera de tu cartera, pero en la distancia no puedo, de momento). Aún así, te permito que te escurras entre estas letras preliminares y vayas directo al grano. Digo, al relato, que está, como es habitual, tras la barra, como un tabernero de los de verdad.—

Y si antes hacía una salvedad, ahora, y para contradecirme, que contradictoriamente es la forma de no ser contradictorio en mi caso —tomo aire un momento, y ahora sigo—, hago otra: qué ocurre si resulta que la limitación cerebral es una mera limitación dimensional. No es que los filamentos meuronales sean de tres dimensiones, dos de las cuales estén tan «plegadas» que parezcan unidimensionales, como un vulgar hilo dental. No, no es eso. Es que nuestro pensamiento puede estar —y de hecho lo está— habituado a las tres dimensiones. Incluso diría que a dos. A la mayor parte de la gente le cuesta ver cosas en tres dimensiones y no en su habitual representación en dos. ¿Deberíamos ver más porno para habituarnos a esa visión tridimensional? Además, hay personas que presumen de hacer varias tareas a la vez. Me da igual quién lo diga: si haces dos o más cosas a la vez, harás dos o más cosas mal, salvo que seas Juan Tamariz, El Grande, haciendo malabares y tocando la armónica.

Pero puestos a soñar, ¿qué habría de malo en tener pensamiento multidimensional y multiparalelo?

Pues lo explico en este relato, que había prometido para el viernes y que no lo pude poner porque estoy sufriendo una de las peores pesadillas que puede padecer una persona: una obra en casa. En fin, ya haremos un relato de terror al respecto. De momento, os dejo con este, llamémoslo así, con cierta ampulosidad, relato:


Niklas Granqvist

https://niklasgranqvist.wordpress.com/digital-paintings/#jp-carousel-387

Supercuerdas neuróticas

Eva, en la sala de espera, hacía lo que se suponía que debía hacer: esperar. Presionó con el pulgar el pico de la hoja mientras hacía fuerza con el índice para pasar página de la revista que estaba hojeando. Como a todo el mundo, esos momentos se le hacen eternos; pudiera ser que lo empeorase el ambientador pino – limón, fortísimo, que se introducía por la nariz hasta quedarse atascado entre los ojos. Pero, al contrario que al resto de la gente, a ella se le hacía largo con motivo.

Había descubierto el pensamiento multidimensional. Su mente iba mucho más deprisa que cualquier otra, por lo que la sensación de tiempo era completamente distinta. Hasta tal punto distinta, que la había llevado a esa sala de espera.

Su marido, en paro por los recortes universitarios, había comenzado a fijarse en que le había desaparecido la expresión del rostro: su cara no mostraba ningún sentimiento. Él, que había enfocado su frustración participando en la redacción de libros de texto, labor mal pagada donde las haya, había sido el centro de atención de la familia desde que le rescindieron el contrato, pero no estaba tan ciego como para no darse cuenta del cambio que estaba padeciendo su mujer. Y sus hijos también había notado esa transformación de «Mamiva», como la llamaban ellos.

No es que ella no fuese un genio desde mucho antes, porque su carrera era, cuando menos destacable en el ámbito de las matemáticas. Era una experta mundial en álgebras no lineales. No, no era eso. Es que, sencillamente, un día pudo hacerlo. Bien es cierto que, como tantos otros descubrimientos científicos o avances tecnológicos, dependió de la serendipia. La casualidad apareció, sí, pero porque ella había trabajado mucho los campos cercanos. Necesitaba conocer sus trabajos de manera multidimensional, y a base de enfocar pequeñas partes, de repente, se hizo con el todo, como cuando una persona que no ha visto planos en su vida comienza a estudiarlos y llega un momento en el que comienza a ver todo en tres dimensiones, a pesar de la limitación de las representaciones. Pero en su caso, la sensación repentina, fue brutal. Absenta, Machaquito, Chinchón extraseco, algo así: una explosión de anís y regaliz en la boca. Lo mismo ocurrió en su mente.

La teoría de las supercuerdas, era, en aquel momento, una simple entelequia sin más fundamento que unas arriesgadas suposiciones de partida. Pero ella trabajaba con ese tipo de elucubraciones. Para explicárselo a sus alumnos de doctorado, empleaba siempre el mismo ejemplo: un hilo tiene tres dimensiones aunque una de ellas es predominante y nuestra mente lo simplifica diciendo que es de una sola dimensión —claro que todos lo sabían y les parecía que les trataba como a niños, sensación que con esta profesora sólo duraba esos primeros cinco minutos—. Con nuestro universo pasaba algo parecido, las partículas semejaban tener tres dimensiones, pero en realidad podían ser de once o diecisiete, solo que, como en el caso del hilo, sólo eran evidentes tres.

Claro, con diez o doce dimensiones extras, su cerebro funcionaba muchísimo más rápido. Tan deprisa que tanto sus sentidos como sus acciones resultaban lentísimos. Se había caído dos veces en casa por coger algo que se caía. Su percepción funcionaba a la velocidad más humana de Mamiva, su cerebro lo procesaba en un instante, casi en exceso rápido, y su subsconciente seguía siendo el de siempre, como su cuerpo escombro, estudiosa y sedentaria toda la vida —y dos partos, como recordaba en voz alta cada vez que su conciencia le irritaba al coger una palmera de chocolate de la maquinitamaldita—. No se le podían pedir peras al olmo.

Lo mismo ocurría con las emociones. Sonreía por un pensamiento, pero fruncía el ceño por otro. Éstos acudían tan rápido a su mente —¿quizá a veces en paralelo?— que no le daba tiempo a cambiar de expresión. No es que estuviese gesticulando como una loca. Es que se le quedaba el rostro hierático. ¿Y qué decir de las palabras? Hablaba de manera incoherente, al menos de forma aparente, porque tan solo decía una palabra, e incluso un sonido, de cada discurso que se proponía emitir: el pensamiento iba mucho más rápido que la vocalización.

Su marido y su hija mayor le habían aconsejado acudir al psiquiatra. En la cara, durante la conversación, se les percibía un miedo que parece universal cuando a alguien se le sugiere que no anda bien de raciocinio. Y ella, sumisa y obediente por amor a ellos, allí estaba, mirando una revista de cotilleo.

O quizá sí que tenía que ir por más razones que la bienquerencia de su familia. No podía escribir, transmitir, no le daba tiempo, todo lo que le pasaba por la cabeza. Pero tampoco, aunque las escribiera, estaba exenta de sufrir el síndrome de Casandra. ¿Para qué entonces esa capacidad de pensamiento?

Hizo presión con el índice para pasar la página. En el escaso instante en que tocó la hoja con el pulgar e hizo pinza con el índice le dio tiempo a realizar todas estas reflexiones, ver los aciertos y los errores del principio de Match y organizar los menús familiares de dos años. Es que luego da mucha pereza pensar qué hacer de cena.

Sí, lo correcto era que la curasen. Volver a ser normal.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 29 de mayo de 2017

¿De verdad sigues insistiendo en que puedes hacer varias cosas a la vez?
Muy bien, «mardito» malandrín, cuéntamelo.
¡Pero ya!
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19 comentarios en “Supercuerdas neuróticas

  1. ¿Eres físico cuántico o algo similar? ¿Es posible que existan 12 dimensiones? Yo me quedé en la cuarta, cuando leí ese libro estupendo de Hawking, “Historia del tiempo”.
    Me ha gustado mucho tu relato, mezcla de ciencia ficción y drama familiar. ¡Saludos!

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    • En «cuantico» que me dicen si soy físico, me asusto 😉 . No, no soy físico. Sólo soy un aficionadillo un poco pedante. La teoría de las supercuerdas es tan solo, tal como digo en el relato, una entelequia más matemática que física para dar explicación a algunos fenómenos. Y hoy en día creo que no hay ningún científico que la defienda como una teoría real y no como una herramienta teórica que además tiene el defecto de no ser «decible» o «falseable» —ahora mismo, de memoria, no estoy seguro—.
      Magníficos los libros de Hawking. A mí me gustó mucho ése —creo que el que tengo es primera edición en español— y «El universo en una cáscara de nuez».
      Muchas gracias por pasarte, comentar y, ante todo, leer disfrutando de este pequeñín drama.

      Le gusta a 3 personas

    • ¡Ya te digo!. Con razón quería la pobre volver a ser normal. Yo con la paternidad, el trabajo y una espuerta de aficiones voy que no llego. Así es que esta señora, ni te cuento.
      Gracias por pasarte, por comentar y, como no, por empatizar con el agobio de la protagonista.

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  2. Excelente, tanto el preludio como el plato fuerte. El postre quizás, un poco suave para todo el sabor que tenía la comida ¿no lo crees? Siente que le falta algo, una guinda, o una pasa, algo pequeño pero que quede ese regusto dando vuelta pro un rato después de devorarlo.

    Y a propósito, ¿tendría su merced el valor de extenderme el nombre del psiquiatra si es que a la niña le va bien?, creo que necesito un par de extirpaciones dimensionales también.

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    • Pueeeeessss, ahora que lo dices, es cierto que el final es algo flojillo. No sé, debí haberlo meditado un poco más, pero me centré en el aspecto vital de la mujer tanto que quizá lo descuidé. Me alegro de que me hayas hecho esa apreciación.
      Creo que el psiquiatra quedó algo «pallá» tras la consulta. Tuvo que ir a la de un colega. En cuanto a ella… bueno, quizá dé para una segunda parte, quién sabe. O no: soy muy perezoso.
      En cuanto a extirpaciones dimensionales, creo que la mejor terapia es la televisiva o el reguetón. O un programa sobre reguetón, pero puede dar lugar a una sobredosis.
      En fin, que muchas gracias por pasarte, por comentar y, cómo no, por una lectura tan gastronómica.

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    • Jajajaja, indudablemente. Creo que sería capaz de pergeñar un relato como éste mientras le da vueltas al problema de movilidad de Madrid, diseña una central de fusión y organiza la semana de los niños en lo que escribe la primera letra. Lo malo es que apenas comienza la segunda ya está en otro asunto.
      Muchas gracias por pasarte, comentar y, cómo no, por leer a supervelocidad.

      Le gusta a 2 personas

  3. Hola Paco, apenas empezando a visitar a los amigos, eres el primero, de a uno por día, al contrario que tu protagonista, aunque por las noches ando en otras dimensiones, en las que no crees, por cierto.

    Me quedo con Casandra, me ha pasado, aunque con internet, sí hay algunos que me creen, por lo pronto, para reafirmarme estoy leyendo “El Destino de las Almas”, a un gringo, caucásico y psiquiatra, sí le creen (algunas personas), a ver a mí, cómo me va, porque pienso escribir mis vivencias en una novela (otra, sí, la más reciente se quedó a medias).

    Olvidaba decir, me gustó mucho tu post y más tu intro, hasta me hiciste reír.

    Mega abrazo gama

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    • Queridísima amiga, un auténtico placer verte por aquí. No, no creo, pero eso no importa si tú sí y llena tu vida en estos momentos tan difíciles para ti, y si además resulta en un fuerte apoyo tan necesario. Las creencias, al fin, son subjetivas por su propia naturaleza. Yo me alegro de que te estén ayudando esas vivencias a superar el fuerte trauma.
      Sí, es cierto, hay veces que no sólo no eres profeta en tu tierra, sino que viene alguien de fuera a decir lo mismo que dices tú, y además le hacen caso. Y si viene de allá del norte, como que tiene más empaque… En fin, no tenemos remedio. Quedo expectante de tu nuevo proyecto.
      Me alegro de haberte divertido un rato.
      Recibe un fuerte abrazo gama.
      PS.—Yo vuelvo a estar con bastante retraso —más de una semana—, porque estoy de obras en casa… ¡buf! ¡qué lío!

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      • Hola Paco, gracias por tus palabras, Sé que no crees es estas cosas, te entiendo, fui y soy escéptica, pero sí creo lo que me demuestran y tuve que creer(me) porque dudaba de mi, eso pasó hace muchos años, pero aún sigo teniendo que verificar lo que “veo”, en este caso, me han confirmado algunas cosas del trágico evento, que él me dijo antes de que me las comentaran, en fin, creo y me ayuda y eso está bien.
        Ojalá acabes pronto con las obras en tu casa, son tremendas, pero al fin, se acaban, como todo.
        Mega abrazo gama.

        Le gusta a 1 persona

      • Lo de meter el dedo en la llaga, independientemente de la «cantidad» de fe de cada cuál, me parece fantástico. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices a este respecto.
        Y sí, esperemos que se acaben… porque me van a salir canas verdes con esta obra.
        Un mega abrazo gama.

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