Estrellas con acero


Seré muy breve en honor a la dedicataria de este humilde relato: marguinargui. Pero, al menos, os tengo que decir dos cosas:

Primero, que el relato está relacionado con la convocatoria de Calabazas en el trastero: Juegos. Sin embargo, aunque me gustaba, no lo veía claro, ni por longitud ni porque el tema se ajustase específicamente. Ya digo, que me gustaba, así es que no he podido pasar sin escribirlo y dedicárselo a Margui.

Segundo, me han nominado para el «Original Blog Post Award» por dos lados: Bucando a Casiopea y Junior. Prometo hablar largo y tendido sobre el tema. Y agradecerles como se debe tal atención, ¡qué releñes!, pero será otro día.

Porque hoy os tengo que dejar con el relato ¡ya!:


Estrellas con acero

Sé que respiro, pues pienso y mientras pienso me evado y si me evado no siento.

Marguimargui

Tereza corre por el descampado para esconderse cuanto antes. Hoy buscará un buen escondite: no la encontrarán enseguida como otras veces. Además, los dos perros de guarda de las obras estaban atados y no la perseguirán, como hacen siempre, para jugar, delatándola.

Pierde demasiado a menudo, los chicos se meten con ella. Por eso, por ser la más pequeña y por ser chica. Y además está harta de que la soben, sobre todo desde que se había enterado del porqué del sobeteo.

Cuando casi no hay luz en el vertedero al lado de la favela es hora de dejar de trabajar, y Tereza y sus cuatro amigos —sólo tres: Joao, el mayor, es el que anda siempre tocándole sus incipientes tetas, así es que ha decidido que ya no es su amigo— son, al fin libres. Pero allí, en la nueva obra, pueden jugar porque hay luz que viene del puerto. Y más allá, esas luces, al otro lado del agua, de gente que no tiene que buscar en la basura para comer. Diez o doce horas a cambio de los pocos centavos de real que les daba «el Calvo» a cada uno, según lo que encontrasen.

Ahora, terminado el trabajo, el mundo era suyo. Veía a lo lejos varios montones de tierra nuevos que los chicos todavía no conocían. Para allá que iba.

Cuando llegó al primero de ellos vio el agujero del que procedía y le pareció impresionante. Debía medir como tres pasos de diámetro y el doble de profundidad. Estaba forrado con una malla de alambre del grosor de sus dedos. Además, en el centro, había otro cilindro, del mismo material, que casi ni podría abrazar.

—¡Que voooooooy! ¡Quien no se haya escondiiido, tiempo ha teniiido! —gritó Paulo.
No se lo pensó. Se tiró al cilindro de en medio y con una gran agilidad bajó hasta apoyarse en la malla que también forraba el fondo. Tuvo la suerte de dar con un trozo cubierto con algo de tierra que se había desprendido de los laterales, y poder sentarse cómoda a esperar a esos tontones.

Miró hacia arriba, hacia las estrellas, las pocas que dejaba ver la luz del puerto, al cielo entreverado con tiras de acero, y pensó que ella un día saldría del pozo, que viajaría a un lugar en el que poder verlas todas, como cuando, en alguna ocasión, el barrio se queda a oscuras. Soñó con un triunfo de flores y su consagración femenina, con su aclamación en una carroza de carnaval y la humillación de los muchachos que la ofendían, con tener una ocupación digna y vivir en el otro lado del pueblo.

Estaba amaneciendo, pero ella aún estaba dormida. Ni la despertaron las voces de sus compañeros de juego, los continuos ladridos de los perros, que no habían parado en toda la noche, ni el ruido de la maquinaria. Si la pillaban ahí, lo mismo tendría un disgusto.

Pero no, no la pillaron: doce toneladas de hormigón le cayeron encima para que no pudiese salir del pozo jamás.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 16 de mayo de 2017

No, no sé cómo calificar esta narración.
Pero seguro que tú, «mardito» malandrín, seguro que sí sabes.
Pues no te cortes y comenta, comenta.

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44 comentarios en “Estrellas con acero

    • Si es que la gente se muere constantemente. Como decimos en mi pueblo, «no hay manera de hacer unas gachas curiosas».
      Bueno, al final es un regalo. Y no, no creo que fuese muy para allá en un concurso.
      Muchas gracias por pasaros, por comentar y, cómo no, por leer las necrológicas.

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  1. Tan real que hasta acongoja y acojona… Y te remite el titulo y uno dice -Mierda, por eso se llamaba así.

    Me descubro mi emplumado amigo. Tanto por el texto como por la cita que le precede.

    Moraleja: No vuelvas a dormir en un tubo en una construcción.

    PD: he leído por ahí que estaba basado en una noticia real, pero al volver a tu perorata inicial no he encontrada tal información.

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    • Sí, un poquillo fuerte sí. De hecho, se sale de mi estilo habitual. Como dije, la inspiración vino por el calabazas, pero no llegué ni a escribirlo. Se quedó la idea en el cuaderno, que es el purgatorio de mis cuentos, hasta que Margui, gran musa donde las haya, me inspiró para escribirlo. Bueno, para escribírselo.
      Gracias por esos abrazos, por pasarte, por comentar y, cómo no, por leer.

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      • Pero esto de cambiar así el estilo habitual es excelente. Nos dejas con la boca abierta y se la idea, jaja.
        Ya… ¿no digas que esa otra te inspira en algo? (tiene un arte, un don al que no podemos escaparrrrr). Van más abrazos, muy buena semana, querido Fran.

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      • ¡Uf! Pero me da mucha pereza y no sé hasta que punto merece la pena lo de los cambios de estilo.
        Y sí, Margui es inspiradora. Te engancha con sus garras y ya estás perdido. Ya lo sabes tú 😉 .

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  2. Jooooder… El final es estremecedor, aunque el tono del texto no hacía presagiar nada bueno. Es oscuro y sucio, con esas referencias a los toqueteos de pubertad en juegos que parecen cacerías, rezumando, con pocas palabras, pobreza y suciedad. Me ha recordado la descripción a los chicos que viven en el cementerio de El Cairo de “Extraños eones” (Emilio Bueso, recomendable; tengo una reseña de la novela en mi blog, por si… 🙂 ), aunque en vez de girar al horror lovecraftiano, giras a la más desgraciada de las casualidades.
    Duro. Muy duro. Y escrito con mucha limpieza.
    PS: Coñe, vaya intro más chiquitica 😀

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    • Me voy «pa» tu blog a ver la reseña.
      Sí, ese aspecto de demasiado real es uno de los dos motivos —el otro era la longitud— por los que permanecía enquistado, como otros muchos, en mi cuaderno de ideas. El que voy a presentar a juegos también es muy realista, y también ambientado en el Brasil más pobre, pero tiene un cuerpo más definido como «fosco» y gira en torno al juego, aunque luego haya sorpresa.
      Y gracias por lo de limpieza. Podría estar casi de acuerdo contigo de no ser por el principio que no ha quedado demasiado «claro», aunque se entienda bien.
      Bueno, y la intro, la he hecho así por que la dedicataria se lo merece, por supuesto.
      Muchas gracias por pasarte, comentar pero, sobre todo, por ensuciarte leyendo.

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      • Por fortuna, la “suciedad” al leerlo enseguida se quita. No como la que tienen los moradores de sitios tan deprimidos y pobres como estos…
        E insisto: me ha resultado muy fácil de comprender al leerlo. En otros textos tuyos, tengo que prestar más atención o me pierdo (no por farragoso, sino porque utilizas una estructura más… barroca, podríamos decir)

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      • Totalmente cierta la primera frase. Es la ventaja de ver los toros desde la barrera.
        Me alegro de saber que la causa de la farragosidad no es tanto el lenguaje como la forma. Creo que es mucho más fácil de solucionar así. En caso de usar esos «voypalláypacá» que tanto me gustan, debo cuidar que el lector sepa siempre cuándo y dónde está.
        Muchas gracias, como siempre, por tales sabios consejos.

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    • Creo que la historia es acongojante —como ya he citado, viene de una noticia que leí hace muuuucho y que me dejó una fuerte impresión—. Creo que donde hay miseria hay historias miserables como ésta. Cierto que también las hay esperanzadoras y cómicas, porque el ser humano tiene una capacidad enorme de adaptación, pero, ¡releñes!, se le encoge a uno el alma viendo esas circunstancias.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer pese a que se te encoja el corazón como camiseta de algodón en agua caliente.

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