Desafío II: Desgarrón cardíaco (I)


Al enfrentarme esta mañana con un abrefácil —engendro maligno donde los haya, y vaya si los hay—, me ha dado por pensar en el infinito y lo infinitesimal: infinito tiempo para abrirlo y lo efímero, infinitesimal, de nuestras vidas. Sigue leyendo