Fardos al mar —«Luna negra», de Cándido Macarro Rodríguez—


De nuevo, otra buena noticia. Don Cándido nos sorprende con una novela negra. Sí señores, el rey del humor escatológico, el creador de Edelmiro Páez da un giro hiperespacial e inconmensurable en su carrera y se nos planta con un thriller policíaco —discúlpeseme el anglicismo, ¡Pérfida Albión!—. Aumenta, así, su aportación literaria, que no es escasa.

—Amabilísimo y dilecto lector, esta entrada tiene un micro al final de esta pequeña disertación, al que puedes acudir en caso de que esto te aburra, que hay gustos para todo.—

Y presumo de haber tenido el inconmensurable honor —¿que ya he repetido la palabreja? No, si cuando yo te digo que voy para viejo— de haberla leído antes de que saliese al público. La conozco, pues, muy de cerca.

Claro, siendo tan farragoso como soy, no podía haber puesto el título lo primero, no, tenía que enrollarme sin ton ni son. Pero bueno, es una novela que aconsejo y que, como siempre con estas cosas, viene acompañada de un micro adecuado, creo, a la narración.

Ahí os lo dejo, malandrines malandrinosos, para que os pique ver «Luna negra»

PS.—Por problemas técnicos, ayer salió esta entrada a trocitos. Espero haberlo solucionado.


Fardos al mar

Dmitri Pavlóvich González «Gonzalov», hijo de emigrantes cubanos, pensaba en su amada Alyona. Empuña su AK-107 mientras hace guardia en la cubierta del barco. Sus compañeros descargan los fardos aprovechando la luna nueva y los acercan hasta la costa murciana. Pero él, distraído, se fija en el cielo estrellado.

Piensa que puede huir de la organización del Padre, mafioso ruso de métodos contundentes. Con el dinero de esta operación, lo ahorrado y una pequeña «sisa» puede comprar la libertad de Alyona.

Camina y actúa conforme le han enseñado años en organizaciones militares más o menos oficiales, pero la tranquilidad, la certeza de que nunca pasa nada y el ambiente templado del Mediterráneo le abstraen hacia el recuerdo agradable de esa georgiana.

Con pasaportes bien hechos por el francés Aristide «Colère», que por suerte nada tiene que ver con la gente del Padre, piensa emigrar al sur de Italia o algún lugar en América.

La noche trae a tres visitantes que llegan con sigilo en una pequeña embarcación. No son profesionales, pero conocen la navegación, la zona y tienen mucho que perder si no se enfrentan a estos contrabandistas.

Él ha pensado mucho en Argentina, quizá en Mendoza o en Ushuaia. Mendoza le parece mejor por que le resultaría más fácil disolverse entre la gente. Ushuaia lo prefiere por lo parecido que es el clima al de su pueblo natal.

Uno de los no invitados asoma la cabeza por la borda y ve a Dmitri de espaldas.

Alyona es un pensamiento agradable, tanto que siente caliente la entrapierna y tiene que recolocarse para estar cómodo. Serán muy felices lejos de esta gente.

Lástima que lo último que vea sea la punta de un arpón saliendo por su boca.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 9 de marzo de 2017

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25 comentarios en “Fardos al mar —«Luna negra», de Cándido Macarro Rodríguez—

  1. ¡Joé! Que sepas que, aunque ahora mismo me encuentro solo frente a mi ordenador, te estoy haciendo la ola.
    ¡¡¡¡¡ Muchíiiiiiisiiiisiiiiimas gracias !!!!!
    En algún sitio te lo dije, que el honor ha sido solamente mío. La ayuda que me has prestado al querer ser lector beta de mi libro no tengo forma de agradacértela.
    ¡Y encima esto!
    No sé si el libro tendrá éxito editorial o no, que eso está por ver, pero de lo que estoy seguro es que palabras como las tuyas me hacen sentir el éxito personal.
    Abrazos y buen fin de semana.
    El relato me ha encantado.
    Gracias, amigo.

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    • Como ves, son muy pocos los libros que traigo a mi blog, básicamente porque me da mucha pereza lo de las reseñas: que yo recuerde, Hierro fatuo, La sombra dorada, Las crónicas del otro mundo, Vampire’s dream, el tuyo y creo que ya, en año y medio. En ese tiempo me debo haber leído como treinta o cuarenta, por lo que aquí sólo traigo lo que más me gustan, y con los que mejor me lo he pasado, así es que las gracias las debo dar yo a los autores.
      Los relatos asociados son siempre sobre una impresión del libro —excepto en algún caso cuya inspiración ha sido retrospectiva, como en la Sombra dorada— son prácticamente improvisados.
      Buen finde, y que suban las ventas.

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    • Bueno, en este libro se acaba haciendo un tour por la costa alicantina – murciana, que yo creo que siempre es interesante. Aprovecho para saludar a mis compañeros murcianos, que a alguno hace miles de años que no veo y, por supuesto, a un par de autores ilicitanos 😉
      Gracias por pasarte, por comentar y por traernos estos recuerdos de la costa española.

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  2. Tengo “Luna negra” en el radar, sí 😉
    Y el micro me ha encantado en su conclusión. Una sucesión (nada farragosa, le da mucho color al texto) de pensamientos, localizaciones, acciones pasadas soltadas a bocajarro… que terminan con un boquete en el pobre diablo. Unas frases contundentes que conducen a un final todavía más demoledor 🙂

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  3. Y yo, ilusa de mí, pensando que en este micro nos ibas a regalar un final feliz. Aunque mucho mejor el final que le has puesto al relato. No me lo esperaba. Con tanto pensamiento, tantas ganas de huir no me esperaba el arpón saliendo de la boca del protagonista.
    Genial, Francisco, como casi siempre…
    Un beso.

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    • Dice mi hermano Luis de Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini: si termina bien, no es de Puccini.
      Incluso la que dejó inconclusa, se quedó en la muerte de Liu.
      Y en los spaguetti western, género que inexplicablemente me apasiona, he llegado a hacer recuentos de muertos, que en muchos casos son absoluta y terminantemente inútiles.
      En ambos casos, hay una marca de fábrica. Yo reconozco que he escrito algún final feliz, pero en general, incluso sin llegar a ser finales trágicos, creo que son retorcidos. ¿Será ésa mi marca de fábrica? ¡Quí lo sá!
      Muchas gracias por pasarte, comentar y, sobre todo, por dejarte sorprender.

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