Licántropos, C.B.


Hoy, además del relato, me gustaría escribir sobre otras cosas:

Por supuesto, amable a la par que paciente lector, si todo esto te parece aburrido, lo que, por supuesto, es posible, tienes la opción de ir hacia adelante hasta el relato. O bien pasar por completo e irte a una página de juegos o de porno. O de juegos porno. Por no leer esta página.

En primer lugar, quería saber qué forma de escribir le gusta más a los lectores de éste, mi blog. Aunque la participación fue escasa, me sorprendió ver que… no hay un patrón. relatos más cortos, más largos, de todos los géneros. Bueno, de decir que ganó alguno, fue el género negro con tres votos: dos de «Aquí no hay ratas», que además fue el más votado, y «Dinero, cuchillo y niebla».

Muchas gracias a los participantes, y sí, malandrines, ha habido ganador del concurso. Como, efectivamente, no pude acceder a la lista de votantes, cogí la lista de «comentantes» y sobre ella he hecho el sorteo. El ganador ha sido cmacarro, con el que en breve me pondré en contacto para hacerle llegar el premio, que como recordaréis era:

Y el premio será nada más y nada menos —y me comprometo a enviarlo a cualquier lugar del mundo de los que permite «Correos»— que una muestra de una sustancia cuya densidad es ¡2·1028 veces la del universo!

En segundo lugar, está abierta la convocatoria V Concurso homenaje a John William Polidori, a la que me presento con el relato de hoy. Os aconsejo ferviente y fervorosamente que os paséis por la página porque los relatos publicados a día de hoy son, sin más, la leche. Ya sabéis lo que me gusta la página OcioZero por lo diverso de su contenido, por la calidad de los escritores que allí acuden y por lo curioso de los varios certámenes, concursos o convocatorias. Como en todas, no tengo demasiadas esperanzas, porque, como digo, lo presentado hasta ahora es magnífico, pero me encanta porque recibo el «percibí» de lectores experimentados, a la vez que yo puedo opinar sobre los cuentos presentados.

Por último, he descubierto a NIKLAS GRANQVIST gracias al rererebloguer de The Askmaster.  Emplea varias técnicas —acuarela, óleo, carboncillo y digital— y la verdad, me ha llamado la atención esa especie de realismo trágico, quizá expresionista, que trabaja. De hecho, y con permiso del autor, traigo una ilustración para el cuento de hoy.

Y he logrado no extenderme demasiado. ¡Auuuuuuuuuúh! No es que aulle, es que me he pillado con el teclado. Os dejo con el relato. Que lo disfrutéis a la luz de la luna llena de hoy.


Licántropos, C.B.

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Niklas Granqvis, CHARCOAL SKETCH A3 #41

La luna llena era un pálido fantasma que se desvaía al lado de los focos que alumbraban el estadio. Desde el césped, un lleno espectacular impresionaba por la sensación que producían casi cien mil seres humanos enfebrecidos vestidos de oro, verde y rojo. El vaho desprendido se elevaba al frío de la noche. El coche en promoción se encontraba en una tarima en el centro del campo, el nuevo todoterreno Aurus de la casa Clorórrodo. Su color de lanzamiento era un dorado perfectamente liso. En el capó, como tatuado, el escudo de la marca, partido de sinople y gules.

Cuando apareció el equipo de los licántropos el público comenzó una algarabía increíble: voces, saltos, movimientos de banderas…

Se enfrentarían a sus habituales rivales sparring humanos, otros cuatro equipos del doble de jugadores, uno por periodo del partido, auténticos e impresionantes jayanes, aunque enclenques comparados con los lupinos. Un auténtico ejército de deportistas al que, como casi siempre, vencerían.

***

El olor era fuerte pese al frío. La adrenalina de su presa, que indicaba el pánico que sentía, marcaba una senda a través del roquedal. Esa senda consistía en un pequeño canal cuyas paredes las formaban raíces de árboles, matorrales escuálidos, hierbas resecas y blandas por el invierno y pequeñas piedras lisas y húmedas por la escarcha. El fondo era de la misma naturaleza, pero aplastado por diez mil pasos.

Quizá no iba a ser tan entretenido como esperaba. Ni siquiera estaban un bosque auténtico, por muy grande que fuese el parque. Y la presa no se salía del sendero. Incluso cuando la vio a la luz de la luna quiso mirar hacia abajo para alargar el placer de la persecución.

Subían por una fuerte pendiente, por lo que la pieza iba prácticamente a gatas cuando la alcanzó. Lanzó una fuerte dentellada en la pantorrilla, frustrada en parte al escurrirse por los vaqueros. Si la entidad perseguidora hubiese sido un lobo, habría recibido una dura, durísima, patada en la cara con la otra pierna. Pero, por su naturaleza, logró disminuir la fuerza del impacto protegiéndose con el antebrazo. Por fin la presa se defendía en condiciones, aunque el cansancio y la pierna herida le hiciesen ir más despacio.

***

El capitán del equipo era el responsable de toda la representación, de toda la parafernalia en el estadio. A pesar de estar amenazados de muerte por el resto de comunidades de hombres lobo, por varios grupos humanos que les tenían miedo y por diversas congregaciones religiosas, había desarrollado un negocio y una forma de vivir que rompía con todas las tradiciones.

Se dedicaban cada luna llena, a veces incluso cuatro o cinco días al mes, a exhibir sus habilidades en hazañas deportivas como el partido que estaban disputando. En tales circunstancias podían ganar dinero y fama; podían ejercitarse hasta reventar, ebrios de libertad; podían alimentarse libremente con carne cruda legal, hasta hartarse; podían vivir fuera de la clandestinidad, sin tapujos. Las únicas reglas impuestas eran no dar a conocer sus identidades y no transformarse en público. Eran buenos tiempos para ellos y ya había voces progresistas en otras comunidades que se levantaban contra los lobos más conservadores.

***

La pantorrilla le ardía por la dentellada que le había regalado la bestia. Seguía corriendo por el caminito que ascendía hacia la salida del parque, aunque sabía que estaba a casi un quilómetro y cuesta arriba. El perseguidor era inteligente, le había atacado en pleno centro del parque y él, asustado, había comenzado a dar vueltas en círculo hasta que por fin encontró el sendero por el que hacía deporte todos los días y por el que podría huir.

Sí, estaba en forma, pero no era suficiente para hacer frente al monstruo que se había transformado delante de él a la luz de la luna.

Arrastrando la pierna podría llegar hasta el portón del parque y saltarlo en unos pocos minutos. Pero el bicho inmundo le seguía muy de cerca y la patada parecía no haberle afectado. Se notaba el corazón muy acelerado para el ejercicio que estaba haciendo, según su experiencia de deportista; y su cabeza no estaba demasiado clara. Demasiado: esa era la palabra. Demasiadas sorpresas, demasiado que asimilar, demasiada crueldad, demasiadas cosas nuevas en las que creer.

Demasiado miedo.

No lograba ver a ese animal peludo, pero sabía que no había parado la persecución y que era probable que hoy muriese a sus manos. Notó, al pensarlo, que se le encogía el esfínter anal y que un escalofrío electrocutaba su espalda. Se dio la vuelta y trató de otear desde un pequeño alto. Como de momento estaba tranquilo, intentó ver qué tenía en la pantorrilla. Justo al volverse hacia la pierna vio un palo, resto que parecía de la poda del arbolito junto al que estaba, y una piedra del tamaño de dos veces su puño. Y su puño no era pequeño. Tomó ambos, el bastón y el proyectil; esta vez se defendería si volvía a aparecer.

***

Por supuesto, los licántropos les estaban dando una paliza a sus sparring, a pesar de lo mucho que se esforzaban éstos en plantarles cara. El público, alborotado hasta el extremo, seguía aplaudiendo, saltando, gritando. Los publicistas se daban palmadas en la espalda unos a otros al ver el éxito de la campaña: Licántropos, C.B. no defraudaban nunca.
Quedaban una decena de minutos para el final del partido cuando el capitán y director general de los hombres lobos pidió el cambio y se dirigió a la tribuna. Algo había pasado, sin duda.

Este ejecutivo era algo más bajo y menos corpulento que el resto del equipo. Y no era tampoco el más inteligente, pero sí el más activo y violento de todos. Por eso era el alfa. Y por eso, cuando vio a la policía preguntando en el foso del equipo, pidió el cambio y se acercó a indagar qué ocurría.

Tras una breve conversación, se les añadieron el delegado del campo y los gerentes de los publicistas.

Llamaron al árbitro para parar el partido que luego se suspendió. El público, que no sabía que estaba ocurriendo, desalojó el campo entre elucubraciones de toda clase, alentadas por la ruinosa declaración que se había hecho a través de megafonía.

Después de una larguísima hora, sobre el césped quedaron el equipo de los hombre lobos y un escuadrón de policías dirigidos por un inspector de uniforme. El abogado y representante de los Licántropos, C.B. también permanecía junto a ellos.

***

Por fin parecía que tomaba la iniciativa. La loba miró a su presa desde su escondite y vio cómo se armaba. Si estaba algo más tranquilo, y así lo parecía, puesto que se había orientado, más empeño pondría en la lucha. Movió la cabeza y sacudió las patas traseras para llamar su atención. De esa manera miraría hacia ella y vería la luz reflejada de la luna en sus ojos.

Y así fue. El miedo volvió a poseer a su víctima; comenzó a correr renqueando hacia la salida. Ella dio dos saltos y se puso al trote al lado del hombre. Éste era alto y fuerte. De hecho, le había parecido guapísimo cuando lo conoció. Corpulento, bien formado, con unas facciones duras pero agradables y buena conversación. Le propuso ir al parque para hacérselo allí. Con su pinta gótica no debió extrañarle nada; más aún, pareció muy excitado cuando saltaron la valla y se internaron en la arboleda. Después de tres o cuatro orgasmos, ella se transformó; sí, la cara deformada por el susto también le había hecho disfrutar, pero aún quedaba terminar la sesión con una buena cacería.

Él saltó hacia el lado contrario en el que ella corría cuando la crueldad le sonrió desde sus ojos. La estrategia ancestral de atacar los corvejones para debilitar a la presa parecía no funcionar con él desde ese momento. El miedo le pinchaba el alma y le hacía volar.

Al final del caminito, ya cerca de la verja en la zona más antigua del parque, el bosque se espesaba en viejas arrugas arbóreas, tremendas, añejas, casi viscosas.

Él reaccionó volviéndose y arrojándole la piedra, guardándose la espalda con un tronco enorme. De nuevo, si ella hubiese sido un simple lobo, la cabeza o el lomo habrían recibido aquel trozo de la vieja tierra y se habría convencido de terminar la cacería. Pero supo esquivar y se lanzó al vientre de su presa. Él intentó primero darle con el bastón agarrado a dos manos, y ella esquivó.

Cuando sintió los colmillos clavados en los músculos de su abdomen, él se defendió golpeando y clavando el palo en el lomo de la loba. Pero su cuerpo reaccionó apartando las manos de la guardia que mantenía y encorvándose por el dolor cuando el continuo abrir y cerrar de las fauces llegó hasta las vísceras. El cuello estuvo por fin al alcance de la bestia. Mordió la tráquea hasta aplastarla, cortándole la respiración.

Esos pocos segundos antes de la muerte los golpes sin fuerza, los estertores, la orina, la sangre, la desesperación, le excitaban; frotaba la entrepierna al cuerpo del moribundo sin aflojar las mandíbulas. Gotas de sabor ferroso se escurrían hacia su garganta, aumentando el placer.

Ahora, se alimentaría.

***

—Bueno, pues esto ya está despejado. ¿Vamos a tener que esperar mucho a que usted nos diga porqué hemos tenido que parar el partido, aparte de «porque ha sucedido algo grave»? —dijo el alfa.

—Mira lobito…

—Que sea la última vez que le falta el respeto a mis clientes. Su conocida animosidad hacia ellos no justifica la falta de consideración…

—Si me vuelve a interrumpir le hago detener, ¿está claro? —contestó el inspector jefe, amenazando con el dedo al abogado.— Usted, en este asunto, no tiene nada que ver ni que hacer. Le permito que esté aquí, pero nada más.

Después, y dirigiéndose de nuevo al alfa, que se contenía con bastante trabajo, continuó:

—Volviendo a lo que estamos. Un bombero ha sido hallado muerto.

—¿Y?

—Semidevorado.

—¿Y?

—Mira, lobito, no me toques las narices. Habéis sido vosotros.

—¿Está acusando a mi cliente de asesinato y antropofagia?

—¿Ha oído lo que he dicho antes? Las acusaciones ya llegarán por vía oficial, ahora estoy teniendo una agradable conversación con una estrella del deporte —respondió el jefe sin dejar de mirar hacia el alfa.— Y en todo caso, la acusación habría sido de homicidio y de mancillar un cadáver, ignorante.

—Mire, jefe, como le ha dicho mi abogado, si quiere nos acusa y listo, pero ahora nos vamos, si no le importa.

—Sí que me importa. Acabamos de encontrar el cadáver, como les he dicho. Un bombero. Un compañero. Y apenas lleva una hora muerto.

—¡Me cago en el viejo Licaón! Así queda todo resuelto. Llevamos en el estadio desde hace más de seis horas. Ya sabe, la parafernalia de la identidad y la transformación. Ahora, nos vamos. Y después, les denunciaremos y será la última vez que me molesta, que ya han sido demasiadas.

El jefe de policía hizo una seña, y una furgoneta apareció en el campo. La curiosidad hizo que los licántropos aguardasen en el césped. El furgón dio marcha atrás y el maletero se abrió hacia los protagonistas de la conversación. Una lobezna bellamente antropomorfa apareció desnuda:

—¡Hija!

—¡Papá!

—Veo que la conoce, lobito, ¿eh?

—¡Hija! ¿Qué has hecho?

—Papá, no lo pude resistir.

La lobezna corrió a abrigarse con los brazos de su padre.

Ahora, toda la fuerza policial encañonaba a los lobos. Puesto que las balas convencionales no les harían demasiado daño, algunos lupinos comprendieron la situación y comenzaron a retroceder.

—Bien, he hablado con el alcalde y somos de la misma opinión. Ustedes no son humanos, al menos en estos momentos. Son bestias inmundas que representan un peligro para la ciudad, como las ratas. Y a las ratas, las exterminamos.

La luna llena era un pálido fantasma que se desvaía al lado de los focos que alumbraban el estadio. Desde el césped, la soledad de las gradas impresionaba en su inherente vacuidad. El humo desprendido por las armas se elevaba al frío de la noche. No hubo aplausos.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 12 de enero de 2016.

¿Te gustaría tener un lobo como mascota?
¿O prefieres un «dientes de sable»?
Malandrín, no te quedes mano sobre mano y comenta.

 

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47 comentarios en “Licántropos, C.B.

  1. Jajaja que te habrás pillado con el teclado? primero felicidades a Cándido por ese exquisito premio !!! 😉 segundo después de leer tu relato comprendo al igual que habiendo disfrutado de muchos otros que sea difícil decantarse por un género. Cuando te gusta el toque del escritor el género se convierte en lo de menos. BESAZOS LLENOS DE ESTRELLITAS. Con casi la hora de la cenicienta que se cae ya del sueño oh nalgas…

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    • Iba a decir que te limpiases la mente 😛 Pero luego he reflexionado, y dada la temática dominante en las búsquedas por la red y uso del ordenador, supongo, bueno, no, estoy seguro de que yo hubiese pensado lo mismo: el dedo pulgar de la mano izquierda al cerrar el portátil 😉
      La verdad es que me gusta leer y escribir todos esos géneros: ficción científica, terror decimonónico, misterio —especialemte novela negra—, fantasía épica y humor absurdo. No sé por qué, pero los veo a todos entrelazados, muy relacionados. Aunque, como bien sabes, no le digo que no a nada.Y que sepas que mi ego y yo te agradecemos lo del «toque del escritor». Besos del príncipe azul desvaído por la vida.
      Gracias por pasarte, por comentar y por disfrutar un ratito del «toque».

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  2. Siempre me sorprende tu particular universo literario. ¡Qué tensión! He sentido los mordiscos de la loba en mi abdomen (aunque el mío seguro que es menos musculoso). Gran relato.
    Y me ha sorprendido ser el ganador de tu concurso. Cosa que agradezco de corazón ya que a mí nunca me toca nada. Muchísimas gracias ya ya me dirás qué es eso cuya densidad es ¡2·1028 veces la del universo! Intrigaito me tienes (Ojo, que he dicho intrigaito y no entregaito. Bueno, entregaito también, al menos literariamente hablando)
    Un abrazo… sin mariconadas.

    Le gusta a 2 personas

    • Sí, unos tienen posibilidades de volar y otros se quedan a ser masacrados.
      Canis lupus, canis aureus, <Homo lupino, y homo cani, este último, en los polígonos 😉
      Lo de la placa, no lo creo, que hay un nivelón que no veas. eso sí, me lo estoy pasando fenomenal leyendo relatos, los hay buenos, pero buenos de verdad.

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  3. Vamos que mi cuerpo está que tira la toalla con su relato inacabado ahora que ha leído el vuestro, sobretodo ya que además mencionas de que hay relatos muchos mejores a ese. Diosa, en que nos hemos metido, humillación pública que nos espera.

    Por otro lado, hemos coincidido en ese estilo de narración paralela y saltada. Cómo me hubiese gustado haberlo presentado.

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  4. La intro, como siempre, genial: o la leía sonriendo y directamente riendo, según. Ha hecho que no me vaya a una página de juegos porno ni nada.
    Sobre el relato (sabía de este concurso, pero no puedo escribir más, trabajar y vivir al mismo tiempo; una de las tres cosas tendría que dejarla aparte y no está el horno para bollos): Argumentalmente, impecable, como suena; un universo de fantasía inscrito en uno muy similar al nuestro, una deformación, un urban fantasy por decirlo así… un género que es muy divertido al permitir inventar al tiempo que se habla de la realidad. Y lo haces, con pinceladas como la lucha entre lobos progres y carcas, o la sed de sangre que muchos humanos demuestran en los estadios, esos modernos coliseos sin muerte.
    Sobre ello, la trama que parece solaparse de la hija del alfa, dos planos que desembocan en un final terrible: el paralelismo con los asesinatos de los regímenes dictatoriales sin juicio ni nada, solo por la diferencia, es evidente.
    ¡Suerte con el concurso!

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    • Me alegro de que te gusten las introducciones. Me dejo ir y escribo conforme me sale, sin la presión de tener que rematar un argumento o de dejarme flecos en la actitud del protagonista. Aunque a veces me reconozco algo ácido, peroooo…
      En cuanto a tu comentario del relato, es para mí una verdadera inyección de moral. La verdad es que has visto todos y cada uno de los recovecos.
      Y es una lástima que no te hayas presentado, porque de estas convocatorias es de las que más aprendo, con el despellejamiento público y los comentarios de los propios jueces: no hay otras como estas de OcioZero. Pero me conozco la situación en la que estás. He pasado un mes o mes y medio que vaya, vaya.
      Pues muchas gracias por pasarte, por comentar, por desearme suerte y, cómo no, por aullar a la luna llena.

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  5. No encontré páginas de juegos o porno disponibles en este momento, así que me quedé :-P. Me quedé sintiendo esos mordiscones, joerrr! Siempre tanto suspenso que me haces leerte más de una vez (ya sabes que soy durazna para comprender este tipo de literatura, a esta altura no hace falta que te lo aclare, ¿verdad? jajaja).
    Qué bellas las ilustraciones de NIKLAS GRANQVIST, me han encantado 🙂
    Ya miro el concurso, yo siempre llegando tarde en este lado del océano!
    Abrazos de los míos (voy a soñar con lobos, estadios y mordiscos)

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    • ¡Pues vaya birria de conexión que tienes 😛 ! Porque eso es lo primero que funciona.
      Me alegro de haberte inducido a leer dos veces, porque así mi huerfanito se siente mejor acogido. Aunque muerda un poquito.
      Y no seas modesta —¿durazna?, ¿de verdad?, ¿«melocotona»?, es que hoy me levanté con ganas de meterme contigo 😉 — que conozco tu capacidad y no es tan poca como te pones.
      Me alegro de que te hayan gustado las ilustraciones. Le he pedido permiso para emplearlas en mi blog, por lo que disfrutaréis, espero, de más en las siguientes entregas.
      ¿Qué concurso, el de «Infinitos monos» o el Polidori? Al de «Infinitos monos» ya te presentastes, aunque ganó, como digo, Cándido. Al Polidori, te podrías presentar con un «Romance para lobos», que seguro que nos dejas impresionados.
      Gracias por pasarte, por comentar y por tener una pesadilla, chiquitita casi agradable, con bestias lupinas en un estadio: puro «fúrgol».

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      • Ajajaja, es que busqué y busqué y me dije: “naaaa, mejor leo a Francisco” 😛
        Ya sabes que aquí el “fúrgor” es como el desayuno (o te lo tomas o andarás débil y falto de energías todo el día), así que añadirle lobos digamos que es algo original.
        ¿Romance para lobos? Tú sí que me das letra eh?! De paso, ya sale un email, que necesito consultarte algo sobre el Desgarrón!
        Las ilustraciones: no es que me gustaron, me encantaron! Admiro enormemente a la gente con mano y arte para lo que yo no puedo ni atinar. Me asombra y me conmueve. Me detuve largo rato y aún me queda mucho por ver, gracias!
        Y obvio, gracias por tus siempre cálidas respuestas. Nos vemos en el desgarrón (y luego lobos, ay Dios míoooo!)jajaja. Besos!

        Le gusta a 2 personas

    • ¡¡Bienvenida!! ¡Qué placer volver a verte por aquí!
      Y que me alegro mucho que te gustase esta entrada. Estaba constreñido por la temática y el número de palabras, bueno, y por mi capacidad limitada, pero me entretuvo escribirlo.
      Gracias por pasarte por aquí, por comentar, y cómo no, por leer.

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      • Sí, licántropos a tope. Si te gusta, harías bien en visitarlos, te vas a saturar de relatos de hombres lobos muy, muy buenos.
        Y que me alegro de que estés de vuelta.
        Un tera abrazo gama.
        PS.- El de esta semana es el segundo que hubiese presentado, pero lo estoy gestando aún, y eso que ya estamos casi a domingo.

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  6. Pingback: Plata y marfil | Historias malditas, malditas historias

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