Desafío I: Colesterol y almorranas


No lo voy a negar. La propuesta era tentadora:

¿Colesterol y almorranas? Me parece un gran título para una novela policiaca.

cmacarro

A partir de un comentario en uno de los divertidísimos relatos del señor Cándido, apareció esta cita. Y que esta cita me pareció un interesante desafío al que habría que responder.Y aunque perezca en el duelo, hay que apechugar con lo hecho, recojo el guante y salto a la arena a que me devoren los leones. Que digo yo que para qué valdrá el guante frente a los leones…

—Que sí, aturullante malandrín, el relato, no demasiado largo, no se me agobie usarced, al final de toda esta diatriba. Le juro, noble y amable lector, que sigo buscando la manera de poner enlaces dentro de la misma página. Algún día aprenderé.—

Paro para promocionar todo lo que lleva publicado, de forma independiente —desde el punto de vista editorial y formal—, este hombre. Porque para el resto de relatos«sueltos», tienes su blog. Se trata de un ramillete de novelas para gente curtida en el género absurdo del tetaculocacapedopís, pero escritas con maestría. Todos sabemos que este género es difícil, sin términos medios: o hay boñigas o hay genialidades. Personalmente creo que este señor se encuentra en el extremo bueno y aquí hay lectura para pasar unas buenas siestas divertidas y entretenidas —los comentarios son los originales extraídos de Amazon—:

¡Olé mis cojones!

No te pierdas la delirante y tragicómica epopeya de Julián Martínez Páez, un ser humano anodino, normal y corriente como cualquiera de nosotros (o de algunos de nosotros), al que un buen día, sin motivos aparentes, la mala suerte se le sube a la chepa. Descubre el por qué de tamaña injusticia cósmica. Conoce las claves de tanta desgracia. Descubre el resultado de una encarnizada lucha entre el bien y el mal, entre lo oculto y lo visible, entre la oscuridad y la luz. Pero hazlo si es posible con una sonrisa en los labios… o una risa abierta… o una carcajada estruendosa… o, como dicen los puristas, partiéndote el culo a reír.

Dicen que no está bien reírse de las desgracias ajenas. Tonterías. Esta es una historia de mentirijillas… ¿O acaso no lo es?

Tómate la risa como una terapia anti-crisis.

Nunca un ladrillazo en la cabeza (la del autor) fue tan fructífero y dio tanto de sí.

¿Te atreves a leerte el libro?

¡Váaaargame er desaboríiioooo!

La asurda e inqueíble historia de Edelmiro Páez

Más terrorífica que Viernes 13… Más triste que La vida es bella… Más emotiva que Sentido y sensibilidad… Más tierna que ET… Más increíble que Matrix…

Llega a sus manos… La asurda e inqueíble historia de Edelmiro Páez.

Edelmiro, hombre básico y sencillo tiene una gran pasión en su vida (aparte del sexo) : El camping.
El destino personificado en San Tanás, el del moño, Luciflex, el malino… tratará de putearle con los más inverosímiles y demoníacos métodos.

¿Conseguirá, con sus pérfidas artimañas que Edelmiro acabe odiando el mundo del camping?

Sólo leyendo este relato podrá salir de dudas.

EDELMIRO 3.0 : SODOMA Y GOMORRA

Por algún oscuro designio del destino la tranquilidad en la vida de Edelmiro Páez vuelve a ser vapuleada por elementos ajenos a su persona. El Jopux, una siniestra organización que esconde más de lo que muestra, intenta poner en un brete al supermán segoviano. Pero no cuenta con que Edelmiro tiene una familia dispuesta a darlo todo por su salvación.

Reflexiones desde el retrete

No existe emplazamiento con mayor intimidad y sosiego espiritual para dar rienda suelta a las reflexiones que el retrete, el baño, el WC, la letrina, el aseo, el inodoro, el excusado, el sanitario, la taza o el evacuatorio.

Grandes hitos del pensamiento universal, ideas originales o soluciones definitivas a enquistados dilemas filosóficos, han tenido su germen en este lugar.

Este libro es una clara muestra de ello ¿O quizás no?

Pues eso, don Cándido Macarro Rodríguez, el creador de la temible sociedad Jopux, del superpoderoso superhéroe superflatulencio supersegoviano Edelmiro Páez —nacido en premonitorias circunstancias—, el creador de la sistematización de la filosofía del retrete, el unificador de los chistes de camping, es quien bautizó al relato de hoy.

Espero que lo disfrutes.


Colesterol y almorranas

El protagonista es el sargento Millares. En realidad se llamaba Alfonso Miralles Benítez, oriundo de un pueblecito de Cáceres fronterizo con Portugal, y se había jubilado como cabo mayor de la Guardia Civil en un cuartel de la serranía madrileña donde había ejercido como suboficial durante casi treinta años. El sobrenombre «sargento Millares» se lo había endilgado un número, cachondo y orondo él, compañero durante un par de décadas hasta que un cáncer de colon hizo lo que no habían logrado los contrabandistas y los camellos, un proxeneta con un hacha, varios políticos y dos suegras.

Antonio Zafra, «el zapico», gitano de raigambre, compañero de paseos por la plaza del sargento, se lo encontró a la entrada de la consulta del SERMAS:

—Sargento, buenos días.

—Que los tenga usted. ¿A recetas?

—A recetas vengo.

—¿Y la Manuela?

—En casa se quedó. ¿Y la Urbi?

El sargento se quedó pensativo. Fue suficiente. El zapico pensó en la Urbi y en el Alzheimer y en la residencia y en las recompensas que nos da la vida. ¿Para qué decir ni media?

Un mozo joven en chándal se paseaba algo inquieto por delante del pasillo de consulta y les interrumpió la conversación.

—Zapi, ¿no tendrás el número del Fulgencio?

Ambos se pararon sobre sus bastones. El zapico se lo cambió de mano y sacó el móvil de teclas grandes. Tras una pequeña conversación a voces sobre temas casi banales, se dirigieron al mostrador de citas.

—¿Quién es el último?¿Da usted la vez? —El sargento se dirigió a un señor de chaqueta con aspecto intermedio entre ejecutivo y profesor «progre»; en el tiempo en el que éste apartó el «ABC», se dignó quitarse las gafas de ver e intentó contestar, una señora de chándal de cintura para abajo —excepto los zapatos con cuña— y de jersey de cuello para arriba, incluyendo medallita de alguna virgen – santo – mártir, por supuesto en oro, se les puso por delante. Leches, les habían jodido por lo menos tres minutos.

—¿Vamos al del Teles? —Se refería al famosísimo bar «La Barrica», churrería de prestigio al lado del consultorio, regentado por el hijo del Telesforo.

—No, Zapi, que me ha subido el colesterol y los tallos no van bien.

—¡Anda ya! —que dijo el Ginés, albañil prejubilado que se les había unido a la salida, y que, a pesar de su baja laboral, seguía vistiendo siempre un mono de trabajo.— Si me dices que te han quitado los tallos del Teles es que estás para morirte. Venga, vámonos «pal» banco.

—No, en vez de al de piedra, nos vamos a ése de madera con el huequecillo. Es que estoy con las almorranas.

—¡Joooooooder! —dijo el Ginés— Nos vas a quitar de ver la cafetería de las chicas. — El Ginés se refería a la cafetería de nueva onda a la que acudían las jóvenes desocupadas que habían resuelto su futuro aferrándose a la dependencia y que, desde luego, se cuidaban lo suficiente como para llamar la atención de los jubilados a la hora del sol en el banco de piedra.

—Si es que uno se va haciendo un inútil con los años. Zapico ¿qué pasa con el Fulgencio?

En aquel momento apareció el todoterreno de los municipales, de donde se bajó la Engracia:

> Nombre       : Engracia Henares
> Edad         : 33
> Cargo        : Jefe de la policía local
> Alias        : La capitana
> Nombre clave : Fulgencio
> Notas        : Más que capacitada y perspicaz. Ha dado lugar por su 
                 inteligencia y carácter a varios dichos como «¡Vas a saber tú 
                 más que el Fulgencio!» o «No le toques los pelos al 
                 Fulgencio».

Tremenda mujer, suboficial de los «munipas», nada más bajarse del todoterreno, fue saludada por los tres protagonistas, en especial por el sargento, que le hizo una seña con el bastón. La «capitana» despidió al chófer y se dirigió a la entrada del centro de salud. Con disimulo y pasando al lado de cada persona que entraba o salía, Miralles le marcó al carterista.

Entonces Fulgencio entró para disimular y dejar actuar. No parecería extraño que los municipales acudiesen al centro por cualquier motivo.

En menos de cinco minutos, el señor de periódico y chaqueta estaba esposado en el suelo.

El joven de chándal caminaba apurado hacia la única salida del parquecito que rodeaba el consultorio, y que pasaba al lado del banco de los tres jubilados.

El sargento mantenía el bastón sujeto de una manera un tanto extraña. Con la mano derecha sujetaba el pomo, con la izquierda, el medio del bastón, en realidad era con la que hacía fuerza. Simulaba tener la cabeza apoyada en el bastón con todo el cuerpo echado hacia delante y los pies avanzados.

Cuando el joven del chándal pasó, indefectiblemente, a su lado dejándolos a la izquierda, el sargento comenzó a moverse. Levantó un poco la punta del bastón y manteniendo un movimiento circular en sentido horario, empujó sin casi esfuerzo, el pie izquierdo, retornando el bastón al punto de partida. como si no hubiese pasado nada.

El empeine del pie izquierdo del joven chocó con el tobillo derecho y el interfecto cayó de boca, porque además apretaba con las manos algo valioso. No reaccionó con la suficiente rapidez por el golpe que le hacía sangrar toda la cara y porque al levantarse se encontró con tres jubilados ayudándole y aleccionándole:

—Dame la mano, ¡si es que vais como locos! …

—¿Pero dónde ibas muchacho? Hoy en día no hay respeto…

—¡Como lo de antiguamente no hay nada! Agárrate aquí, hombre de dios…

Otro munipa apareció de la nada y, además de esposarle, recuperó la cartera que el de la chaqueta había chorado a la Gertrudis, que ni se había dado cuenta, pero que ahora voceaba como conejo «acollejao».

—¡Qué cabrón! —dijo el Andrés, comprendiendo. —¿Ahora sí vamos a por tallos?

Los tres iban soñando el momento en que la capitana, moza de indudable talento y buen ver, viniese a interrogarlos.

—Venga, vamos —replicó el zapico.— ¡Con que colesterol y almorranas!

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 16 de noviembre de 2016

¿Cómo que no son saludables los churros por la mañana?
Atrévete a llevarme la contraria comentando, malandrín perezoso.

 

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22 comentarios en “Desafío I: Colesterol y almorranas

  1. No se me ocurre què otra cosa decirte que un “lamadrequeteparió! La entradilla, inmerecida pero de agradecer, y mucho. El relato me ha parecido CO-JO-NU-DO. No te mando besos para evitar malentendidos, o ¡qué cojones! te mereces un hatillo de besos por buena gente y buen literato, así que recibelos sin suspicacias. Un abrazo.

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    • No quisiera compararme con el maestro Cándido ni mucho menos; soy mucho más disperso en estilo y tremendamente farragoso frente a la claridad meridiana de don Cándido. Pero en cualquier caso, sea usted bienvenido a esta inclusa. Pásese y sírvase cuanto quisiere, que será un placer acogerle aquí.
      Gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer.

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  2. ¡Muy bien! me gustó, aunque algunos localismos se me escaparon, lo mismo que te sucedería a ti si publico alguno de mis cuentos con el argot de cierta zona de Ciudad de México. Tú sigue enviando tus relatos, sé que pronto ganarás, nos avisas para celebrarlo con bombo y platillo.
    Abrazo de luz

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    • Sí, es cierto que cuando se escribe con localismos hay gente que, por motivos obvios, pierde detalle. En fin, voy a tratar de solucionar algo el problema.
      El SERMAS es el servicio de salud de la comunidad de Madrid. —Aquí, en Castilla la Mancha, tenemos el SESCAM.—
      Los churros, porras o tallos —este nombre quizá sea incorrecto para la zona en la que está el pueblo imaginario; se da más al sur— es un desayuno hecho con una masa frita de harina agua y sal.
      https://es.wikipedia.org/wiki/Churro
      «Munipa» es una designación algo anticuada, que uno ya va estando mayor, para referirse a «municipales» o policía local.
      El resto creo que es algo más inteligible.
      En cualquier caso, reconozco que está escrito con algo de precipitación —estoy viendo algún párrafo que necesita un poquito de cuidado y corrección— porque quería publicarlo no para un certamen, sino para responder al curioso comentario de don Cándido me hizo en su página.
      En fin, muchas gracias por tu paciencia, por pasarte por aquí, cómo no, por leer.

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      • Los churros los conozco, ¡deliciosos! los otros nombres los desconocía.
        Gracias por explicar los localismos, no creo que haya razón para no usarlos, le dan riqueza al relato y ponen a trabajar la mente del lector para tratar de entender, jajaja.
        Claro que te leo
        Abrazo de luz

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      • ¡Ay, los localismos! Recuerdo la de vueltas que le di a los relatos de Borges —claro, él es un genio—. Me costó un montón entenderlo, pero mereció la pena.
        Y gracias, siempre, por leerme.

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  3. ¡Qué bueno, pardiez!
    Aunque dices que hace falta pulirlo, me ha parecido genial, una fábrica de risas, en el que la prosa que mencionas atropellada le da un toque estupendo, que obliga a leerlo casi con urgencia, como si aceleraras.
    Así que a pasarme por el blog de macarro y echar un vistazo a sus libros. No me siento capaz de escribir este tipo de obras, pero disfruto como un bellaco leyéndolas.

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    • ¡Que me place que lo haya disfrutado!
      Sí, me puse a correr para contestar cuanto antes tal comentario, y me quedó algo deslavazado. Pero si he logrado el objetivo de entretener un rato con su lectura, me doy por más que satisfecho.
      Empatizo completamente contigo: Veo el «tetaculocacapedopís» un género tremendamente difícil en el que no existe lugar para el término medio; tampoco me creo capaz de escribirlo, pero disfruto como un marrano leyéndolo. Y si sugiero la lectura de este autor, lo hago con la tranquilidad de que no defrauda.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por haber disfrutado leyendo.

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  4. Este relato te ha quedado genial, Francisco. Lenguaje y lectura fluidos, buen empleo de localismos, diálogos creíbles… Vamos que me has hecho pasar un buen rato leyendo el relato de este jueves.
    Tan solo ha habido una cosa que no me ha gustado. Aquí comienza la crítica constructiva con la que espero que no te enfades conmigo dado que es mi punto de vista y nada más. El comienzo de la historia no me termina de convencer. Hubiera esperado algo con más gancho (que sé que lo tienes, por eso lo echo en falta). Son solo las dos primeras líneas, pero no sé, me parece que me falta algo ahí; ese algo estupendo que tiene el resto de la historia.
    Una historia, que te repito, me ha parecido genial y muy amena de leer. No le quita el puesto nº1 de tus historias (Aquí no hay ratas) que llevo leídas, pero sí que le daría en nº 2.
    Un abrazo, compañero de letras.

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  5. La verdad es que es muy de agradecer la crítica constructiva. Pocos son los que osan meterse en esos lodos, a pesar de lo útil que puede ser para quien escribe. Por eso insisto en el agradecimiento.
    Efectivamente, es cierto que al principio es a lo que más vueltas le di con la esperanza de que el lector no se las tuviese que dar, pero creo que me pasé de rosca, como bien indicas. Me lo apunto.
    Me alegro de que hayas disfrutado del relato y de haber sido capaz de entretenerte unos minutos.
    Reitero, finalmente mi agradecimiento: Gracias por pasarte, por criticar —importantísimo para mí—, por comentar y, sobre todo, por leer.
    PS.- Viendo lo que te gusta de mi pobre literatura, me parece que los próximos no te te resultarán tan apetecibles porque me metí en unos certámenes en los que era necesario, desde mi punto de vista, menos agilidad en la prosa. Pero en cualquier caso, aquí estarán esperando tu siemrpe bien recibida lectura.

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  6. Para variar, he largado carcajadas. Los localismos los deduzco, y yo que debería entender a Borges, a veces a duras penas he podido ;-). Muy bueno, Francisco! Paso a leer más a Cándido en cuanto me den los ojos, que a mí este tipo de diálogos y género me encanta, porque no sería capaz de escribir algo así.
    PD: te debo un email. Aguántame que de esta semana no paso 😉
    Abrazos infinitos.

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    • Me alegro de haberte hecho disfrutar un rato, y que éste se haya comprendido mejor —miedo le tengo al de este jueves, porque viene con… «cosas» raras—.
      Es cierto que los cambios de nivel de Borges son a veces difíciles, pero por otro lado, son geniales, ejemplares y ejemplificantes. Son el encanto especial de Borges, como su toque mágico.
      Y lo mismo podría decir de Cándido ;).
      PS.- Tómate el tiempo que las circunstancias te requieran.
      PPS.- Se me olvidaba agradecerte tu presencia, tus comentarios y, sobre todo, que hayas disfrutado, aunque sólo sea un poquito, leyéndome.

      Le gusta a 1 persona

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