Hay que hacer un sacrificio


Me presenté al XXXVII CERTAMEN LITERARIO “MANUEL JOSÉ QUINTANA” 2016 con el cuento que os enseño hoy. Nada, que no hubo manera, a pesar de los consejos de salud vertidos en él. Eso sí, el ganador bien mereció el premio, lo cual hace que la derrota pese menos.

Hoy sí soy breve, me sacrifico, mira tú por donde. Te dejo con el relato.

PS.- A partir de los comentarios de dos buenas lectoras —¡muchas gracias,  A. Losa y Mialmarural!— creo que debo indicar varias cosas. En primer lugar, que me gustan los acertijos —y eso que soy muy torpe para resolverlos— y los juegos de palabras. En segundo lugar, que se me ha ido la mano con lo enigmático de la entrada por culpa de esa afición. Y lo tercero, que para hacer el relato más inteligible, se tengan en cuenta las palabras «icor», «ambrosía» y el apelativo final. Gracias por tu paciencia, noble lector.


Hay que hacer un sacrificio

La procesión se dirigía hacia la pirámide. El sacerdote, último en llegar hasta la base, donde había un gran estrado como arranque de la subida, adelantó al resto de la comitiva, levantó un pie y lo puso sobre el primer escalón. El grupo que custodiaba al prisionero le siguió. Después, los privilegiados que esperarían en la pequeña explanada que, cerca de la cima, servia de descanso y estar a la élite. El pueblo se distribuyó por todo el frente del gran templo piramidal.

El sacerdote ascendía los ciento treinta y nueve escalones con cierta parsimonia que no se debía a su avanzada edad. Él era bien capaz de subir con más bríos; de hecho, quedaba aún bastante para que tuviese que dejar aquel cargo que había ostentado durante casi dos katún.

Mantenía la cabeza baja, rendida, como su espíritu. No es que necesitase subirla para recorrer el camino que tomaba todas las noches para visitar a la Luna. Tampoco necesitaba volverla para descubrir a los cuatro guerreros escogidos por su valentía ese año, adornados con tocados de plumas de garzas y cubiertos con una cota embellecida con plumas de otras aves teñidas de colores; sus musculosos brazos portadores de los chimalli sujetando las cuatro correas que amarraban al prisionero y sus otras manos asían ichcahuipillis, ceremoniales pero efectivos, para evitar locuras de última hora del objeto del sacrificio.

Incluso tenía razones para estar contento: Este año no faltaron voluntarios, cosa que no ocurría desde la jefatura religiosa de su antecesor. Sin embargo, fue él mismo quien dijo que era mejor reservar a los guerreros para las batallas, que no había buenos augurios.

La procesión siguió escalando la infinita grada. El prisionero no parecía resistirse demasiado, en parte por el cansancio debido a la presión a la que había estado sometido la última semana por sus esposas sacerdotisas y en parte por los hongos especiales que había tomado aquel día. Con éstos podría aguantar todo el sacrificio: Le sacarían el corazón en vivo y tenía que sobrevivir hasta el último momento. Luego, con la leña recogida por siete vírgenes prenderían un fuego en su pecho vacío. Pero eso ocurriría después.

Al fin quiso alzar la vista hacia una pareja de su propia guardia personal, los soldados – sacerdotes, que portaban también tocados de pluma de garza en honor a sus antepasados, y se armaban con  tepoztopillis, distribuidos en puntos estratégicos por toda la escalera.

La construcción, los coloridos y fuertes guerreros y el gran pueblo que aparecía en el llano, todo eso iba a desaparecer. O al menos, tal era el vaticinio que él mantenía en secreto. ¿Por qué los dioses llevaban si aceptar el sacrificio tanto tiempo? ¿Porqué la luna y el sol eran dos simples astros ahora y no la Luna y el Sol que habían sido siempre?

Llegó a la cima de la pirámide y se dio cuenta de que apenas recordaba el trayecto tan absorto como estaba en sus pensamientos. Comenzó el ritual, con la ruptura de las cuatro flautas por parte del cautivo afortunado.

Daba lo mismo: El oráculo predijo que serían invadidos por gentes venidas de lejos y que los esclavos se levantarían para ayudarles.

¿Por qué? ¿Por qué no aceptaban el corazón de los penados?

–***–

—Es que no os entiendo. Se os dice que os cuidéis y no hacéis ni caso. ¿Cuánto tiempo te llevo diciendo lo del colesterol?

—Yo, es que… —tartamudeó el aludido.

—Ni es que ni nada. Que ya vas teniendo una edad para que mires más por tu salud.

—Pero si no he hecho excesos desde hace tiempo. Bueno, alguno, pero sólo un poquito.

—¡Ni un poquito, ni leches! Tienes que hacer un régimen riguroso de ambrosía.

—Pero es que sólo ambrosía aburre —osó contestar de nuevo el paciente.

—De verdad, que pienso a veces que no tenéis icor en las venas. Te he dicho que nada de comer casquería. ¡Sacrifícate un poco, dios, sacrifícate!

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 2 de noviembre de 2016

¿No pensarás quedarte ahí delante, pasmado, sin decir ni mu?
¡Comenta, bellaco, comenta!

 

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28 comentarios en “Hay que hacer un sacrificio

    • Me temo que esta vez he sido demasiado críptico. Es que me pierden los acertijos, pero, claro, no puedo convertir cada relato en uno. He añadido, a raíz de tu comentario, una separación entre las dos escenas —en el original la tenía simplemente como un salto de párrafo, pero al transcribirla desapareció—.
      Bueno, me pierden los acertijos y los juegos de palabras. En este caso, el «sacrificio» para un personaje no es el mismo que para el otro. ¡Lo sé, debo dejar mis vicios! ¡Debo hacer un sacrificio!
      Gracias por pasarte, por comentar y por leer. Y, en esta ocasión más que en otras, por tu paciencia.

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  1. Me has dejado un poco descolocada con el giro que metes casi al final del relato. Estoy casi segura de que no he sabido entenderlo bien. Nos estás relatando una historia de corte histórico y de repente pasa al momento actual. Es como si fueran dos historias distintas vinculadas por el sacrificio, pero no sé si las he entendido bien. ¿Estoy en lo cierto?
    Un beso.

    Le gusta a 2 personas

    • Como he escrito en otro comentario, me he pasado en esta ocasión. Me pirran los acertijos y los juegos de palabras. Pero una cosa es un detallito en un relato y otra cosa es esta críptica narración.
      Para aclararla he dividido las dos escenas de manera contundente. Y para terminar de entenderla conviene fijarse en las palabras de la última escena «icor», «ambrosía» y, especialmente, en el último apelativo. En cualquier caso, se me ha ido la mano —o la pluma, o los bytes—.
      Muchas gracias por pasarte y comentar, y por leerme, a pesar de mis vicios «enigmáticos».

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      • Con esa división que has hecho de las dos partes conformando el mismo relato creo que ayudas a tus lectores (entre los que me incluyo) a comprender mejor toda la historia. Ahora al releerla la he visto con otros ojos y el resultado final, la sensación con la que me quedo al final del relato, es más placentera porque comprendo mejor la historia y puedo disfrutar con ella.
        Ahora sí que me gusta tu relato de esta semana.

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  2. Pues ha estado bien el relato, oye. A lo mejor si hubieras puesto al final que el paciente, además de tomar ambrosía (y néctar, supongo), tenía que dejar de tomar rayos UVA para que se le viera la piel de oro, como era el caso de los dioses de Egipto, se entendería mejor 🙂 🙂 🙂 🙂
    En serio, me ha gustado.
    Y lo de los concursos, ya lo sabes, fijo: a seguir con ello, nunca desanimarse 😉

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    • Néctar no, que le sube el azúcar. Si es que ya está en una edad en la que todo son achaques 😉 . Me alegro de que lo hayas visto. De todas maneras, te juro que estoy por hacer una entrada para explicar todos esos relatos que me quedaron ininteligibles —que son la mayoría— por esa tendencia mía al enigma excesivo. Subrayo «excesivo».
      Lo de los concursos no me desmoraliza —al menos, no demasiado— porque soy muy poco competitivo. La verdad es que me valgo de ellos para mantener una regularidad escribiendo, que me funciona.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer.

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  3. Excelente manejo del náhuatl, esa parte de la historia me encantó. Después, te confieso que me perdí un poco, pero traté de explicármelo y como cada quién ve lo que quiere ver y entiende lo que quiere entender, me lo expliqué como el prisionero reencarnado, al que ahora no iban a sacar el corazón, sino que tenía que sacrificarse él mismo para conservar saludable su corazón.
    Después, también intuí la explicación que das, dos sacrificios, dos corazones, pero sí fuiste un “poco demasiado” críptico, jajaja.
    De todos modos lo disfruté, eso de poner a pensar al lector es bueno, en ese aspecto un 5-
    Abrazos de luz

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    • Bueno, no diría que el náhuatl es usado sea excelente, pero me encanta que me lo digas 😉 . De todas maneras, si hay algo bueno, es culpa tuya, que me picaste con las culturas mencionadas. —lo que más me gustó fue cómo las sacerdotisas «agasajaban» al objeto del sacrificio durante todo un año—.
      En cuanto a que soy críptico: ¡Lo confieso de nuevo! Por eso haré una entrada para explicar algunos de los cuentos que, por mi incompetencia, no resultan claros, creo que será divertido.
      Gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer.

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      • En cuanto al náhuatl, usas bien las palabras, a eso me refería, te documentaste a fondo con lo del año de felicidad antes de sacrificio. la ficción está muy bien llevada, pero sí, al final un poco confuso, aunque, como te dije, yo le encontré la explicación que más me gustó, jajaja.
        Me alegra haberte picado con las culturas de Mesoamérica o Anáhuac.
        Espero esa entrada, pero algunas nuevas también.
        Abrazos de luz
        PD Me gusta leerte.

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      • La verdad es que el estudio de los mitos me encanta, y hay culturas que son especialmente mitológicas. Cuando se habla de cultura «occidental» en realidad se están mezclando dos culturas: La mediterránea y la germánica con trazas nórdicas. A pesar de las apariencias, ya que los mitos norgermánicos están ahora muy de moda, la mitología mediterránea es riquísima y, sobre todo, divertida a más no poder.
        Algo parecido pasa con las culturas mesoamericanas. No todas son tan ricas mitológicamente; los nahuas, sin menospreciar ninguna otra, tienen la que me parece más variopinta y original —dentro de mis escasos conocimientos— y además influida por algo que no pasó en el resto del mundo, salvo anécdotas puntuales, y es que la propia cultura no estaba constreñida por una frontera clara.

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  4. Hola, nueva por aquí.
    El inicio del relato me ha recordado a una película sobre los mayas o aztecas, que subían por las pirámides, eclipse de sol, ritual a sangre viva y un corazón latiendo en las manos de algún sacerdote afortunado. Buen Cambio de escena al final, me he reído un montón, jajajaj.

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    • ¿Nueva por aquí? Pues bienvenida a este cúmulo de relatos cochambrosos pero bienintencionados.
      Mi intención fue ésa, la de evocar ciertos ritos centroamericanos y luego darle esa otra visión, punto de vista contrastante con la primera parte con su punto de absurdo, y me alegro de que así te haya llegado. Humor un tanto negro, pero humor al fin. Contento me quedo con que te hayas reído.
      Muchas gracias por pasarte, por comentar pero sobre todo, por leer.

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    • ¡Ésa es! Al menos la intención al escribirlo. Pero si prefieres otra interpretación, esto es como los principios de Groucho Marx: «Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros»
      Gracias por pasarte, gracias por comentar pero, sobre todo, gracias por leer.

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  5. Joder, pues a mí me dejas descolocado. El relato genial, el final también, yo saco mis conclusiones pero no las cuento por si resulta que no he entendido una mierda. Eres grande, maestro. Por cierto, ¿Dónde coño hay que darle para que me notifique en el correo que has escrito un nuevo post?

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    • Jajaja, por desgracia, es la impresión que suelo dejar: «¿Me habré enterado de lo que dice este tío?». Sí, debo ser más claro.
      Y el problema informático, pues no sé. Prueba a dejar de seguirme y luego volver. Es cierto que a mí me pasa con otros blogs, pero no son de wordpress, por lo que le achaco el problema a la diferencia de marcas. Te juro que yo no te tengo vetado, ni mucho menos. De hecho, creo que sería incapaz de saber cómo se hace.

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      • Ja,ja.ja Te veo puesto en los intríngulis worpressianos al igual que yo.
        No, no. No me refería a tu nivel de “encriptamiento”. Hay escritos que hay que leer varias veces para sacar alguna conclusión. El tuyo lo he leído tres y he sacado mis conclusiones, pero… es mi miedo a quedar como un gilipollas interpretándolo, ja,ja,ja Buen fin de semana.

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