Reto «El libro del escritor» 4


4. Escribe un relato que tenga lugar durante tu estación favorita del año y que esta tenga importancia en el desarrollo de la trama.

¡Vale, lo tengo todo un poco abandonado! Ni leo a mis amigos, ni les comento, ni escribo en el blog! Bueno, sí escribo, pero en el tren. Que vaya dos semanas que llevo. Y luego me toca pasarlo al blog en cuanto que tengo un rato. ¡Pero volveré! ¡Vaya que si volveré!

Mientras, aquí queda el cuarto de los retos de «El libro del escritor» —los relatos al final como siempre, cansino, que te ansias enseguida—. El primero es una «reinterpretación» de un mito conforme la imaginé un día a la hora de la siesta. Los otros dos son relatos – respuesta a unas entradas de Borderline: Sus personajes, machistas, torpes, «furgoleros», realistas, básicos en historias ácidas, Edelmiro Páez y Juan Eulogio son inspiradores. Ambos «relatos» aparecen como respuestas a sendas entradas en las que se mencionan.

Como comenté en la entrada 52 Retos de escritura de «El libro del escritor», se trata de responder a las 52 propuestas, si bien, como empecé tarde, creo que no los haré todos.

Eso sí, quisiera hacer algo especial: En cada entrada intentaré colgar dos o tres micros, y me gustaría que los calificases —gracias, Dori—. Sí, malandrín perezoso, te pido que en los comentarios escribas el título de cada uno y una puntuación de 0 a 5:

0: Qué asco de relato. No vomito por no ensuciar el teclado.

1: Malo con ansia. Me has hecho perder el tiempo. Me vengaré.

2: Seguro que un niño de tres años escribe mejor.

3: Bien… para un día aburrido.

4: Estupendo, la verdad es que, para ser tan feo como eres, no lo haces mal.

5: Eres un genio comparable a Cervantes, a Quevedo, a Borges, a Belén Esteban…

Pero no puntuéis demasiado alto, «marditos» pelotas, y decidme qué es lo que menos os gusta. —Quiero hacer de esto un curso de escritura creativa gratis y tú serás la estafada víctima que me lo propicie.—


 Mitos de verano.

A punto de dejar la adolescencia, los gemelos se habían hecho con la cabeza de la banda. Varuna , el más visceral, era el jefe de facto, pero el cerebro era el pacífico Mitra.

Y llegaron en el momento más crítico. O quizá por eso llegaron. La Banda de los Monos, de otro pueblo, querían hacerse con el control de éste. Y los hermanos se habían decidido a no permitirlo, a pesar de las deserciones para unirse a los Monos.

Mitra sabía que era importante contar con todas las ventajas posibles. Elegir el campo de batalla. Visitarlo antes con sus más allegados, dejando fuera a los ambiguos, dudosos o, cuando menos, tibios. Trabajar en él todo un día pasando piedras de un lado a otro y llenándolo de terrones —un trabajo ímprobo para tan escasa cuadrilla—. Viendo con precisión por dónde sale y se pone el Sol. Gestionando la intendencia. Buscando agua. Encontrando dónde esconder otras cosas.

Un buen jefe debe reconocer a los traidores garantizados y a los sospechosos. Siempre son útiles. Con uno de ellos, propuso al enemigo batalla dónde él quiso y cuándo él quiso. Cruzó el río con sus compañeros y estableció el campamento una noche antes. Se repartieron cenas y bebidas. Es establecieron guardias. Y se descansó al relente. Al amañanar, Mitra le dijo a su hermano que organizase el campamento moviéndose con el Sol.

A media mañana se presentaron los Monos. De inmediato, todos los traidores se pasaron a su bando, mofándose de sus antiguos compañeros; pocas sorpresas hubo.

Con las instrucciones que había recibido de Mitra, Varuna distribuyó a los que quedaban estratégicamente por el campo de batalla. Cuando comenzó el lapidamiento, el enemigo descubrió que no tenían más municiones que sucios terrones que se desmoronaban. Unos pocos fieles fueron capaces de contener a los Monos, y, de hecho, fueron diezmados. Su vuelta, atravesando el río, fue el regreso triunfal.

Los gemelos nacieron en el solsticio de invierno, cumplieron años de su primera adolescencia en el equinoccio de primavera, fueron adultos en el solsticio de verano y comenzaron su senectud en un aniversario en el equinoccio de otoño.

Universo paralelo… al de Edelmiro Páez.

Historia preliminar aquí.

Otra vez el programa de Anarrosa. Me rebullo en la plegable que parece del Málaga CF. Me levanto la camiseta de tirantes con lunares orgánicos estocásticos, sin mucho esfuerzo, que mi lorza ayuda tal movimiento, y escarbo mi ombligo en busca de pelusilla con la que entretenerme. Aparto la estéimbu calentuja. El olor mañanero a agujas de pino a la sombra se mezcla con el del gasóleo de la autocaravana —¡hereje, apóstata!— y con otros conocidos, más biológicos que vienen de los retretes comunes: No había más sitio donde ponerme. La tele se mueve al ritmo de su propio sonido sobre la enclenque y mal colocada plegable.

Aburrido de los desbarros de tal señora miro en la silla de mi propia, parece derbetismanquepierda —la silla, no mi señora; ella es del movistartim para llevarme la contraria—, que por el ruido que hacía al levantarse iba a estar en el baño un rato; se ha dejado la tableta. La tomo. Hay un libro abierto. ¿Qué guarrada es esta? Sórdido, crítico, soez. Empiezo a leerlo.

Mira, que hasta ha ido y ha vuelto mi señora a la compra en vez hacerlo yo —por tener la excusa de tomarme unas gordas en el bar y por verle las tetas a la cajera, que las tiene muy hermosas— y sigo leyendo… voy por lo de los ositos… no puedo levantar la vista del libro. Mi propia, con cariño, me pone una mau. Se sienta en su bética silla y se pone con un libro de papel, besos y lágrimas; apaga la caja tonta.

¡Cómo ha mejorado la mañana!

¡¡LÉETELO!! ES IMPRESCINDIBLE.

Eso sí, abstenerse a quien no le guste el humor TETACULOCACAPEDOPÍS.

El peor día.

Historia preliminar.

¿Es imposible que vaya peor? Joaquín Enrique acaba de salir del puticlub de aliviar tensiones. Esperaba llegar a casa a una hora prudencial. Pero parece que todo el mundo va a Torrejón ese día. No se acordaba de la operación salida por lo salido que estaba. Claro, con toda la sangre alimentando el segundo cerebro, el primero no se dio cuenta.

Y ahora la Maru le iba a cantar las veinte en copas. Dos horas llevaba desde que amaneció ahí parado. Ya había visto a familias enteras salir a cagar al arcén —si es que de viaje no se puede llevar un menú del burriquín—, ya había visto a moteros de domingo intentar pasar entre retrovisores con las consecuencias esperadas para los retrovisores y la diarrea mental de los dueños, ya había visto descargarse baterías de tanto tocar el pitito. Pero eso no era lo peor, lo peor estaba aún por llegar.

Un fiat bravo amarillo metalizado, con un conductor más cabreado que el resto, la señora dormidita en el asiento del copiloto, lo que parecía un niño al otro lado de un híbrido entre morsa y bulldog y con un parecido muy relativo a una persona, se le acercó por su izquierda, tras una furgoneta de los donus.

El conductor, con una vena palpitándole en la sien que Joaquín Enrique era capaz de ver, bajó la ventanilla. Y fue entonces cuando ocurrió todo.

Una vaharada casi sólida penetró por su ventanilla, una vaharada que se podía ver, tocar, saborear, casi oír. Ese tufo inhumano, ese aroma a bicho muerto, leche rancia, huevo podrido, agua corrupta, políticos similares a ese agua, ese olor a coliflor hervida, a pies con hongos, con hongos caducados, a pene sin lavar, esa corriente fétida en definitiva, le produjo tal vahído que salió sin querer diez o doce metros hacia la vía de servicio que llevaba hacia el siguiente puticlub —«El tipi de Arizona»—, en cuya entrada chocó con el coche del concejal de urbanismo, que salía en ese momento de realizar las labores propias del lugar.

Cuando la Maru vea el parte del accidente lo capa. Fijo.

Francisco «Torpeyvago»

En Daimiel, a 30 de Julio de 2016.

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17 comentarios en “Reto «El libro del escritor» 4

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  3. Aquí la malandrina perezosa haciendo oídos sordos (o tardíos) a tu llamada coleguil. Me he tomado mi tiempo, jeje.
    1. Le doy un 2. Todo y pintar muy épico no he entendido más bien mucho. Si la tonta soy yo, lo siento, la culpa te la tiro para tí, q para eso eres el autor, ¡que leches!
    2. Le doy un 4. Que el torrente ese sepa leer más de dos frases sin perder la atención con el vuelo de mosca pasajera me da un no se qué de esperanza en la humanidad, y soy agradecida con cualquier resquicio de luz de que un mundo mejor es posible.
    3. Le doy un 3. Interpreto que tu obscena verborrea deja clara tu antipatía por los puteros, pero me ha parecido un tanto abusivo el uso de expresiones escatológicas, y lo del concejal, pelín previsible.
    Espero no haber sido muy dura esta vez, confieso que no he leído los preliminares así que mis opiniones se basan exclusivamente en las impresiones a bocajarro del relato.
    Abrazos veraniegos

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  4. 1. Jajaja, creo que llevas razón. Y, por supuesto, la culpa es del autor, estoy de acuerdo contigo. Está claro que me tengo que esforzar más. Hace poco comentaba que veía que mi mayor defecto era la «farragosidad». Y éste ha resultado ser un buen ejemplo.
    2. ¡De acuerdo también! —eso sí, mi ego se queda con el 4, faltaría plus, jeje—
    3. Y, para no variar, también de acuerdo. Me parece que tanto mi intención como mi lenguaje han sido claros. El lenguaje, más que claro, parece demasiado explícito.
    Es bueno contar con opiniones ajenas. Por eso te tengo que agradecer tanto tu visita.
    —Por cierto, y hablando de visitas, ¿cómo va tu blog que hace tiempo que no veo entradas—.
    Un pedazo de abrazo.

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  5. Cada vez que entro en tu blog (motu propio porque no me avisa de tus entradas) me obnubilo con tu fértil prosa, con tus regüeltos literarios que tanto me placen. Hago un punto y aparte y prometo continuar con tu lectura hasta que se me caigan los ojos al suelo. He disfrutado un montón (sin llegar al orgasmo, que no se trataba de eso) con tus relatos-respuesta.

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  6. Pues es cierto que a mí me hace lo mismo con algún otro blog y mira que reviso periódicamente el estado de los que sigo. Misterios insondables de la vida, oshes, que nos llena de angustia existencial.
    En cuanto a las respuestas, no tiene mérito. Ahí, de hecho, me has pillado. Leo algo que me gusta, me inspira y escribo. Y como buen vago, lo aprovecho.
    Pues nada, antes de los agradecimientos, espero que te hayan satisfecho los disfrutes. Y a partir de aquí, mis gracias por pasarte, pero, por encima de todo, por leer.

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  7. Pingback: Infinitos monos. Más uno | Historias malditas, malditas historias

  8. Sobre “Mitos de verano”:
    Es un texto francamente divertido, con frases resultonas (ese “Al amañanar”, o la noche al relente o “los sucios terrones que se desmoronaban”) en una curiosa revisión del mito hindú (porque es el Mitra hindú, no el persa, ¿me equivoco?)
    Sin embargo, y aquí viene lo que comentas del curso de escritura creativa gratuito, queda un tanto deslabazado al final. El último párrafo, a modo de epílogo entiendo, es confuso con respecto al resto del texto. De hecho, yo casi lo eliminaría, y quien no entienda, santas pascuas 🙂

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    • Perfectamente situado. Efectivamente, son las «aventuras» del Mitra hindú, no del persa y luego romano. Y, efectivamente, el último párrafo trata de ser aclaratorio sin conseguirlo: sobra. Éste es uno de lo cuentos que me gusta releer para darme ánimos y saber que poco a poco voy mejorando en la facilidad de no ser excesivamente farragoso o innecesariamente críptico sin tener que hacer añadidos innecesarios a los textos.
      Muchas gracias pasarte, comentar y por leer.

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  9. Sobre “Universo…”:
    Descacharrante. Qué más puedo decir. Algo diré: Quevivarbetis, o que las tiene hermosas (la cajera, no la propia del interfecto), o algo así.
    Sin escatologías explícitas, haces un texto escatológico y barriobajero (más bien populachobajero) de esos que hacen que los periodistas liberales de EEUU meneen la cabeza reprobadores mientras dicen “white trash! white trash!”
    Y es lo que hay, guste a quien le guste (en ese sentido, yo soy un poco periodistilla del New York Times, pero en fin 🙂 )

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    • Me encanta el término «descacharrante», y que te haya parecido escatológico sin menciones explícitas. Aunque parezca mentira, es como pasar del gore al terror —que hay un salto cualitativo importante, diga quien diga lo contrario—.
      Lo de “white trash! white trash!” lo he tenido que buscar, porque no lo conocía.
      Muchas gracias por el comentario, y por leer.

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      • Mira, ahora que lo dices, el terror me gusta (bueno, en realidad, me gustaba más antes, será que con la edad ni me asusta ni me mola), pero el gore… nunca me ha parecido interesante, y eso que he visto a lo tonto modorro.

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      • Claro, lo explícito excita menos que lo implícito. Es, para mí, un paso adelante, lograr estremecer por miedo a lo desconocido que por destripamientos innecesarios. Y lo mismo con el misterio, la ficción científica, el humor…
        Bueno, menos con el porno que es justo al revés, se ponga como se ponga quien se ponga.

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  10. Sobre “El peor día”:
    Todavía mejor que el anterior. Hay un suspense, una emoción contenida, un no-sé-qué que te obliga a preguntarte “¿pero qué coño me está contando el tío este?” al mismo tiempo que tienes que seguir, una coma tras otra, un punto tras otro… hasta la victoria final que con desparpajo y caradura te hace empatizar con un pobre hombre cuyo delito es estar en el momento menos oportuno en la salida de la carretera más inoportuna…
    La lista de olores, por cierto, es gloriosa en su cansinez. No es una crítica, al revés: precisamente ver a Peter Griffin cogiéndose la rodilla y gimiendo (Uffffff…¡ah!) durante cinco minutos mueve a la risa tonta por repetición, como es el caso.

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    • Pues era difícil, porque tanto éste como el anterior eran continuaciones de las historias de C. Macarro y en las comparaciones no creo que saliese yo demasiado airoso. O quizá simplemente si hay algún mérito en estas letras maljuntadas sea culpa suya.
      Me encanta que te haya gustado la peculiar lista. Al Peter Griffin lo he tenido que buscar en San Gúguel, porque no lo conocía, pero si antes te agradecía el cumplido por la intención, ahora te lo agradezco más por conocimiento.

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      • ¡Dioses! No conocer a Peter Griffin es… ¡hereje! Padre de familia (ay, esos traductores tan inventivos: Family Guy) es la mejor serie de animación de risión para mi gusto del mundo mundial. Es raro el episodio que no me ha hecho llorar de tanto reirme. Pero claro, eso, como todo: mi mujer no le ve la puta gracia 😀
        Ya he visto que eran continuaciones (he pinchado en el link), pero las he leído así, a pelo, a ver qué pasaba, y han sido gratificantes 😉

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      • Reconozco haber visto a algún personaje de pasada —me sonaba el cabeza melón—, pero no conocía la serie. Es que soy poco televisivo en ese aspecto. Me gusta ver películas cuando me pongo delante de la caja tonta. O alguna serie «especial». Montalbano, los spaghetti, Akira Kurosawa, fici de la antigua y alguna moderna —este finde volvió a caer, sí, otra vez, «Blade Runner»—, los hermanos Marx —Carl y Engels—, pese a mi mujer…
        De series actuales, «Gym Toni».
        Le daré una oportunidad a esa serie a ver qué tal, aunque conociéndome, me gustará dentro de veinte años, si estoy vivo.

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