Reto «El libro del escritor» 2


2. Reescribe la escena de don Quijote con los molinos de viento, pero imaginándose que se enfrenta a hordas de zombis.

¡El segundo! ¡El segundo! El segundo de los retos de «El libro del escritor». Como comenté en la entrada 52 Retos de escritura de «El libro del escritor», se trata de responder a las 52 propuestas, si bien, como empecé tarde, creo que no los haré todos.

Eso sí, quisiera hacer algo especial: En cada entrada intentaré colgar dos o tres micros, y me gustaría que los calificases —gracias, Dori—. Sí, malandrín perezoso, te pido que en los comentarios escribas el título de cada uno y una puntuación de 0 a 5:

0: Qué asco de relato. No vomito por no ensuciar el teclado.

1: Malo con ansia. Me has hecho perder el tiempo. Me vengaré.

2: Seguro que un niño de tres años escribe mejor.

3: Bien… para un día aburrido.

4: Estupendo, la verdad es que, para ser tan feo como eres, no lo haces mal.

5: Eres un genio comparable a Cervantes, a Quevedo, a Borges, a Belén Esteban…

Pero no puntuéis demasiado alto, «marditos» pelotas, y decidme qué es lo que menos os gusta. —Quiero hacer de esto un curso de escritura creativa gratis y tú serás la estafada víctima que me lo propicie.—


¡Qué podríamos decir de la escena de los molinos! Que es conocida incluso por aquellos que jamás se leyeron el Quijote, ni en su versión infantil. Incluso es conocida por los que sí se los leyeron, porque está en el libro, os lo juro; lo acabo de buscar en internet.

La verdad es que es un reto difícil, porque a ver cómo sustituyes la confusión imaginativa de Don Alonso Quijano. ¿Con una enajenación transitoria por algún tipo de sustancia? ¿Por un fallo de la percepción?

Pero sobre todo es difícil cambiar el registro humorístico. Se puede matizar: Humor blanco, negro, patético, nostálgico, gore, pero siempre humor.

En fin, que ahí os paso dos propuestas. A ver que os parecen. —Que sí, de verdad, ahí van los cuentos por fin—.

Munizombis

Merce y Chicha salen del «Bar-co metál-ico». Chicha se mira el recién adquirido tatuaje del antebrazo: Una vampírica calavera guitarrista del revés le vocea a la cara. Ríen ambas un rato la borrachera mientras se tambalean entre los coches aparcados en la calle.

—Merce, vamos al «Marchatrón», que voy a pillar cacho.

Merce coge un varillón de unas cortinas que hay en un contenedor.

—Chicha, este es mi bo para matar zombis. Yo soy la elegida para acabar con la plaga —dijo, a la vez que lo blandía con habilidad y realizaba acrobacias marciales con él. Lo de la habilidad se lo decía su confusión etílica al oído; de hecho, se dio un par de golpes en la cabeza.

—¡Jó, Merce! ¡Qué obsesión tienes con los putos zombis! Como si no hubiese criaturas oscuras mejores que ésas.

—¿Qué dices? Tú sabes que tenemos que estar preparadas, que en cualquier momento aparecerá la enfermedad y sólo unos pocos elegidos sobreviviremos y libraremos a la humanidad de ellos. ¡Jiaaaaá!

Chicha terminaba de vomitar apoyada en un coche. No sabía si con el esfuerzo se le habría escapado algo; tampoco si en esas circunstancias sería conveniente pillar a un tío en el «Marchatrón». Tendría que mirarse las bragas primero.

—Estás grillaaaaágrrrrlof… puf… jjjhsch… puf… ¡ay!… puf. Lees demasiado… grrrrpuf.

—¿Tú crees? Pues mira, ¡la aventura comienza! Por allí vienen dos con sus cabezas hinchadas y sus vísceras flácidas al aire… a por ellos que voy.

—¿Qué haces? Mira, Merce, que son munipas, con sus gorras y sus porras colgando. Pero ¡¿Dónde vas, loca?!

Unos instantes después, esposadas en el coche de los municipales y de camino al calabozo, Chicha le habló al único ojo que era capaz de tener abierto Merce.

—Te han «dao» palos hasta en el cielo de la boca. Hija de puta, y, mientras te daban, les insultabas llamándolos engendros infernales descerebrados.

—Y lo son, pero tienen la capacidad de mutar para pasar desapercibidos entre los humanos. Esa mutación me ha privado de esta victoria. Ahora que conozco su secreto seguiré en la lucha…

—¡El coño que te echó, que no te estranguló al salir…!

Más golpes da el acrílico

—¿Montamos un matazombis?

—Venga.

La media docena que componía la panda se fueron al descampado que daba al muro del frontón y comenzaron a colocar los espantajos que habrían de conformar la horda zombi. Unos palos, tubos de cartón y restos de diversos tejidos encontrados en la basura se concretaron en un esperpéntico ejército de varias decenas de unidades.

Formaron en línea con las bicis. Cada uno con una lanza desmochada, como la fregona de la que era originaria, bajo el brazo. Alguien dio la voz de ataque y las hormonas adolescentes hicieron el resto.

Fermín perdió las gafas en el primer encontronazo. Él, sin embargo, tenía el ánimo valiente. Seguiría adelante luchando con su brazo incansable en pos de la justicia y la libertad.

—¡Fermín, para, que te la das con la pared! ¡Que eso no son zombis sino grafitis!

Acertó con el palo en todo el ojo del pintajo. Lástima, eso sí, de la bicicleta, su nariz y la clavícula derecha, de la que había hecho, al menos, dos trozos.

—¡Cabrooooones! ¡Me habéis cambiado el de goma por uno duro! ¡Subidme a la bici, que me cargo otros cuantos!

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 1 de junio de 2016

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17 comentarios en “Reto «El libro del escritor» 2

  1. Pingback: 52 Retos de escritura de «El libro del escritor» | Historias malditas, malditas historias

  2. Jajajajaja me he reído mucho, con los dos. El primero hasta lo he vivido ¡vaya loca del coño a palazos con los municipales! jajajajaja ¡genial! te doy un 4 para dejarme el 5 en genialidades.
    Al segundo le doy otro 4, por lo ridícula de la situación, pobre criatura, no tienes compasión con nadie.
    Gracias por regalarme unas risas.

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  3. Gracias a ti por leer, ni te imaginas lo que me place. Sólo una cosa ¡que lo has vivido! ¡cuéntamelo, que me tienes en ascuas con eso!
    Y llevas razón, yo que soy cegato sé de lo que hablo, o hablo de eso por conocerlo —hoy casi me mato tres o cuatro veces en una despedida de soltero por la penumbra, no por el vino, sino por la penumbra; es lo que de autobiográfico tienen los cuentos—.
    Gracias de nuevo por leerme, que, insisto, me hace mucha ilusión.

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  4. Pingback: Infinitos monos. Más uno | Historias malditas, malditas historias

  5. “Munizombis” es glorioso. Terriblemente glorioso. Las dos chonis haciendo el memo captan a la perfección la dicotomía ilusión/realidad de Quijote/Panza… en un contexto hilarante. Y las barbaridades tipo “el coño que te parió” o el posible pringue en las bragas son brutales. ¡Qué risión!
    “Más golpes da el acrílico”, en la onda. El pobre Fermín, sin embargo, no me ha parecido tan resultón. Sí que me ha gustado la descripción de la preparación de los enemigos y el inicio de la carga, toda una justa sobre ruedas. En toda regla.

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    • La verdad es que me lo pasé genial escribiendo los dos, hasta tal punto que creo que puede ser pecado. Y la verdad es que nos los revisé apenas, porque trataba de escribir estos retos y de presentarme a certámenes a la vez. Se me acumuló mucho hasta que me di cuenta de que sólo podía hacer una cosa a la vez. Pero que me quiten lo «bailao»: hice semanas de más de tres mil palabras, lo que para mí es todo un logro.

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