Los amantes de Jordan


Soy un dejado. Eso es indiscutible. Es que lo mío no es normal. Me quería presentar al V Concurso de relatos “Ficción y Ciencia” de la Universidad de Málaga. Me quería haber presentado, mejor. —Insigne pero impaciente lector, al final, como siempre, encontrarás el relato; lo digo por si te aburren estas líneas preliminares.— Pero me pasó eso que alguna vez me tenía que pasar.

En el concurso se pedía un relato de ficción científica, terror o fantasía épica relacionado con alguna línea de investigación de la Universidad de Málaga —los enlaces se daban en la bases—, y para allá, virtualmente, que me fui. Y descubrí todo un mundo de ideas. El problema es que un montón de temas no son un montón de argumentos. De hecho, tener un montón de temas puede ser un problema, ya que te empeñas en escribir sobre tales en lugar de narrar una historia. Y no es que haya padecido jamás el síndrome de la página en blanco, no, es que me gusta comenzar por el final. Siempre un final feliz. No nos confundamos, no es el final feliz para el lector, el protagonista y la historia, ni tampoco el de esos obscuros antros de romanticismo de prepago. Es un felizmente finalizado relato, con un autor… pues eso: Feliz de haberlo acabado tan bien.

Pero pedían un mínimo de 20.000 caracteres, que, con mi modo de escribir, calculé en 3.500 palabras. Y, a pesar de mi manía de enrollarme, no fui capaz de llegar a esa cantidad. Ya era demasiado tarde para rectificar.

Podría añadir como excusa la falta de tiempo: Compromisos personales, el trabajo, las diez mil aficiones; incluso el tránsito de Mercurio del 20160509. Pero no fue nada de eso. Ni siquiera la exigencia de usar «Times New Roman» que no tengo en mis ordenadores reciclados.

Lo que más me molesta es lo que, para lo que soy yo, me trabajé el argumento; este no parecía defecado. Sí, padezco una extraña diarrea literaria que me hace cagar o vomitar mis relatos después de una dura y larga digestión. También es cierto que me gusta corregirlos. Quiero decir, NO me gusta corregirlos, pero me gusta que queden corregidos; lo logro a veces. Pero a lo que iba, efectivamente este argumento era algo más elaborado, algo más digerido.

Había que adjuntar al texto una breve explicación de la relación del texto con las líneas de investigación, y esas explicaciones son las que doy a continuación, aunque no sé si serán breves: Por favor, que soy yo. —Como adelanto cosas del relato, spoiler que dicen los de la pérfida Albión, si quieres, puedes leerlo antes y luego te pasas por aquí.—

  • El álgebra de Jordan: Como todo el mundo sabe ;), en el álgebra de Jordan, no necesariamente lineal, la multiplicación se rige por dos axiomas:
    • xy = yx
    • (xy)(xx) = x(y(xx)) , la estructura del relato se basa en estos dos axiomas. —Aclaro que, aunque las matemáticas para ingenieros suelen ser profundas, yo jamás me he encontrado estudiando álgebras no lineales. Vamos, que no tenía ni idea.—
  • Estudios genéticos en las fresas: Clonación y caracterización genética. Permítaseme compararme con un genio universal. Sólo por unos segundos. Cuando Shakespeare escribió «Romeo y Julieta» empleó la peste para retener el mensaje del fraile celestino; pudo haber sido la guerra, pero fue la peste. Lo usó como elemento esencial, y, sin embargo, sustituible. Pues eso pasa con las fresas y su genética en este cuento.
  • Obtención de materiales cerámicos a partir de residuos: Este tema me encantó, pero también me produjo la necesidad de cambiarlo algo. De hecho, aunque fue inspirador, no se parece en nada al resultado. Las espumas de grafeno y otros nanomateriales obtenidas a partir de asteroides o cometoides —me acabo de inventar el término, innovación innecesaria por otro lado— por nanobots no tienen demasiada relación con las cerámicas obtenidas a partir de residuos.
  • Me hubiese gustado —y quizá por aquí, por los conflictos que pudiesen crearse, podría haber ido la ampliación de la historia— hablar de la legislación en un lugar y circunstancias tan especiales, pero las investigaciones al respecto de la UMA no me parecían las más adecuadas para el tema, por lo que las deseché casi en su totalidad —casi—.
  • Por supuesto, el nombre de las tres ciudades tienen que ver con la ubicación de los campus. Y del nombre de la nave, bueno, ya se explica en el texto. ¡Ah!, y al emplear el vocablo «microcosmos» no puedo dejar de pensar en Béla Bartók y en unas interminables lecciones de piano que mi falta de talento hacían inútiles. Esto último no tiene que ver con la Universidad de Málaga, pero es cierto.

En fin, que además quise realizar un relato para quienes no estuviesen interesados en quebrarse las cuernas con tanta parafernalia científica, que fuese entretenido per sé. A eso se le llama doble codificación y lo aprendí de Gabriella Literaria. No me parece que haya salido en este aspecto muy «pallá», resultando un poco manido en cuanto a temas y circunstancias y a veces ininteligible, pero para ser el primer experimento, me doy por satisfecho.

Lo hubiese dejado para la convocatoria del año que viene, pero como me parece que el problema del número de palabras tiene poco remedio, lo mando a la inclusa de cabeza. También podría enviarlo a otro certamen o a una revista; el tema, sin embargo, o su tratamiento es tan específico que tampoco me anima.

Sólo una aclaración: A día de hoy no se ha descubierto ningún planeta habitable entre los veinte y los cincuenta años luz, la fusión como fuente de energía aún está en mantillas —consume más energía que genera— y los nanobots constructores tampoco existen. Las estructuras de grafenos —material del futuro— sí están más adelantadas, pero aún les queda recorrido. Sin embargo, todas estas tecnologías y descubrimientos están dentro de lo posible.

Bueno, si has aguantado hasta aquí, ¡enhorabuena! estás más aburrido de lo que yo pensaba. Ahora te toca a ti, malandrín perezoso, internarte en el frío espacio. Yo me quedo al calorcito de la lumbre, digo, al calorcito del ventilador del ordenador. ¡Buen viaje!


Los amantes de Jordan

¿Por qué una nave generacional? Desde la actual perspectiva puede suponerse que una secta religiosa influyente, por su poder económico sobre todo, decidió hacer realidad los delirios de su fundador y enviar a quince o veinte mil personas al espacio. O quizá un errático intento de aliviar la superpoblación terrestre utilizando los recursos para mantener a toda la humanidad durante un lustro en eliminar a una millonésima parte de su población. Es más probable, en apariencia, que se llevase a cabo el proyecto porque podía hacerse. Al fin este motivo ¡es tan humano!

Un anillo giratorio del tamaño de un pequeño asteroide permite mantener una fracción importante, pero no completa, de la gravedad terrestre. A lo largo de ese anillo se distribuyen tres ciudades, Correos, Teatinos y El Ejido, con enormes campos de cultivos intermedios que aportan el reciclado de toda la materia que compone este microcosmos. En la zona central de este anillo se encuentran los almacenamientos de hidrógeno y carbono —hielo de metano—, básicos para el funcionamiento en isla de toda la nave, junto con la maquinaria asociada.

A alguien de forma ingeniosa se le ocurrió darle el nombre de la ciudad mediterránea que representa el patrón climático por el que se rige, pero invirtiendo el nombre ¿neuronas de político, quizá? Alakam se llama esta nave.

Conmutativa

Xaba esperaba en su cubículo. Tras el trabajo, se había dirigido directa a él con prisas por encontrarse con su amado Ybor, se había aseado y vestido como a él le gustaba; un breve y etéreo camisón interior turquesa claro sobre el que se colocó un quimono cachemir en negro y granate. Se soltó el pelo y se dirigió al microcomedor a esperarle. Ybor volvió de hacer ejercicio; se estaba preparando la maratón total, la carrera que cubría los más de noventa quilómetros de longitud del anillo. Nada más entrar en el cubículo, se desnudó dejando el mono de algodón sobre la cama en el salón dormitorio y pasó a la cabina de ducha. Como siempre, había tenido un detalle con ella: Un cestita de fresas «chocolate» en tonos blanco hueso y marengo con unas fresitas «nebulosa» suaves, sabrosas y completamente rojas en el centro, que dejó al entrar sobre la mesa.

Salió Xaba del microcomedor a la vez que él lo hacía desnudo del baño, ella se colocó enfrente y también se desvistió. Él la tomó por la cintura, acariciando con sus besos el cuello, lo que ella propiciaba levantando la cabeza. Sentía el roce del pecho de Ybor contra el suyo. Las manos bajaban buscando trozos de piel prohibida y los jadeos se hacían más sonoros. Ella retrocedió hasta la cama arrastrándolo a él a la vorágine amatoria.

Alakam se había construido en órbita solar, aprovechando los avances en nanomateriales y nanobots constructores. Si se deseaba mantener una estructura aislada sometida a los choque de meteoritos de un tamaño determinado, sería necesario suplir las pérdidas de material producidas en estos choques con lo que se pudiese hallar en el espacio: Hidrógeno para la energía y carbono para la estructura. En menor medida se podían emplear hierro y oxígeno para diversos usos. Eso conllevaba la capacidad de capturar pequeños cuerpos o gases de muy baja densidad en su viaje interestelar.

Una vez que se estableció un núcleo de nanobots en órbita junto con un par de centrales de fusión, fue cuestión de gastar energía en acercar diversos cuerpos celestes de pequeño tamaño al núcleo de lo que sería la nave.

Ybor había tenido un día difícil. Cierto es que el trabajo no es lo que era en la Tierra ni mucho menos, pero como responsable de la sección de seguridad de un distrito de cultivo, se había tenido que enfrentar a una perforación microscópica de su área por un meteorito, con la subsiguiente fuga de aire. Muy denso debió ser para llegar tan profundamente en la espesa espuma carbónica que recubría toda la estructura. Tras terminar con sus obligaciones, decidió enfundarse el mono de deporte y salir a hacer ejercicio y al volver se pasó por la confitería a por unas fresas para su chica. Tomó de la tienda una cesta con fresas blancas y negras y un cogollo rojo en el centro. Al entrar dejó la cesta sobre la mesa del salón dormitorio y se fue a la ducha. Al salir se encontró con Xaba semidesnuda, con la túnica verde de siempre y la bata roja y negra que le regaló él: Ella se desnudó nada más verlo a él, qué cuerpo prieto el de aquella joven experta en artes marciales deportivas, e Ybor se lanzó a besarla y darle esos mordisquitos que tanto le apetecían, aunque en alguna ocasión ella se había mostrado molesta por el exceso de intensidad. Después, besos intensísimos, obscenos, líquidos y un frotar y restregar un cuerpo contra el otro, piel contra piel, hasta que logró arrastrarla a la cama.

Un asteroide metálico suele aportar poco material útil y, sin embargo, producir muchos daños debido a su alta densidad. Por suerte, son los más extraños. Y aquel lo era aún más por cuanto su contenido no era el habitual de hierro y níquel. Básicamente era oro con trazas de otros metales nobles y pesados, inútiles en la aislada nave espacial, salvo pequéñisimas cantidades para usos muy específicos. Además, tenía unas cuantas incrustaciones de carbono que no bastaban, ni mucho menos, para sustituir todo el material que había evaporado a su paso. Porque este tipo de guijarro cósmico no producía un cráter al uso, sino que atravesaban una gran cantidad de material dejando a su paso un estrecho agujero en la estructura espongiforme de la cubierta, llegando, como este caso, a perforar la última capa de acero y penetrar en el recinto habitable. La suerte fue que la cantidad de masa contenida en el meteoroide, si el término es correcto desde el punto de vista del fenómeno que produce, era relativamente baja.

Igualdad de Jordan

Xati y Xuja eran amantes desde hacía mucho tiempo. Las dos descubrieron su homosexualidad en la adolescencia y desde aquel entonces conectaban sus cuerpos en infinitos éxtasis. Pero además, con el consentimiento mutuo, eran promiscuas y ocasionalmente bisexuales.

Estaban en la cama, en uno de aquellos fogosos encuentros, olvidadas de que tenían invitados para la siesta. El sonido del llamador las hizo separarse por un momento. Y durante ese instante se miraron estupefactas, sin recordar que ellas mismas habían propuesto a Xaba e Ybor que las acompañasen esa tarde.

La información genética se transmite por ADN en la vida de la Tierra. Algunos virus emplean tan solo ARN y los priones, proteinas; pero todos requieren ADN para parasitar. Y, por supuesto, antes de que esa forma de transmitir información se impusisese hubo otras maneras hoy extintas y desconocidas. Incluso pueden aparecer y desaparecer formas exóticas desde el advenimiento de la vida hasta la actualidad. Pero la vida ADN domina la Tierra: Eso es indudable.

Ybor y Xaba penetraron en el cubículo cogidos de la mano y sonriendo algo vergonzados; trataban de disimular con una maltraída suficiencia mundana. Las dos desnudas anfitrionas invitaron a sus huéspedes a aterrizar directamente a la cama sin hacer escala en el sofá. En lugar de desvestirse, prefirieron comenzar entre ellos con sus besos y caricias conocidos. Sin embargo, ellos eran jóvenes y atrevidos. Pronto el calor externo les ayudó a desnudarse y el interno a integrarse en los juegos carnales de sus amigas, quienes les ayudaron; tenían mucha práctica en iniciar a otros jóvenes en aquellos encuentros múltiples, permitidos, sí, pero no bien vistos en su sociedad isla.

Las necesidades alimentarias pueden ser cubiertas con plantas, mucho más fáciles de domesticar que los animales. Además, su estado energético, por hallarse en lo más bajo de la pirámide alimenticia, es mucho mayor. Por ese motivo no había animales en la nave, salvo seres humanos y algunos de especial interés como lombrices, que permitían el reciclado de materia orgánica y un alto aporte proteico. Y dentro del reino de las plantas, tan solo se cuidaban aquellas cuya proporción aprovechable era más alta y su crecimiento rápido.

Las fresas se habían convertido en el patrón. Más de mil variedades aportaban el toque de color y gusto que necesitaba una alimentación monótona basada en imitación de filetes y cremas sintéticas. Frente al insípido aspecto de una chuletita de soja y harina de lombriz, comida necesaria diaria, existía la posibilidad del lujo en forma de tomates o fresas. Desde lo que se podía permitir cada persona hasta las variedades más exóticas y que se reservaban para una minoría en aquel también exótico sistema económico.

Tras tres generaciones se había alcanzado la primera estrella. Para entonces los datos enviados y recibidos de la Tierra tardaban casi un lustro en llegar: Ese era el tiempo de una conversación, cinco años; los diálogos se habían convertido en dos monólogos. Pero el objetivo de la nave estaba diez veces más lejos, un pequeño planeta terrestre, con una gravedad similar a la de la nave, y en apariencia, ausente de vida. Se había previsto incluso cómo generar una atmósfera de oxígeno en aquella que, vista desde varias decenas de años luz, parecía compuesta de nitrógeno con una fracción apreciable de CO2. Ahora aquella estrella y su planeta estaban mucho más cerca y sus trastaranietos habrían de decidir si consumían todas sus energías en frenar la nave y continuar con el plan inicial de poblar aquella xenotierra o seguir el viaje eterno.

La fiesta siguió su curso hasta terminar todos exhaustos y satisfechos. Por supuesto, para recuperar fuerzas se ingirieron fresas y algunos licores sin contenido alcohólico. Por motivos obvios, todo tipo de sustancia estupefaciente estaba prohibido en grado sumo.

La variación genética no inducida es mínima cuando se controlan las plantaciones de manera tan exhaustiva. Y sin embargo, La Naturaleza se mueve. Variaciones estocásticas siempre se producen, y aquellas que daban lugar a productos más vistosos eran especialmente codiciadas, incluso si no se reservaba la información genética para mantener la mutación.

La ventaja de trabajar en seguridad es que puedes penetrar incluso en zonas de acceso restringido, puesto que eres tú quien permite o no el acceso. Y la zona afectada por el impacto del asteroide caía en el área supervisada por Ybor. Allí encontró una fresa única, blanca con una franja morada ¿Cómo resistirse a llevarla a su amada Xaba, más con la noticia que tenía que dar?

Xati y Xuja practicaban su pasatiempo favorito en el cubículo; jamás se aburrían de ese trajín de pieles, sábanas y sudor, de esa vorágine de jadeos, tientos y caricias, de aquel summum de placeres a la vez egoístas y generosos.

La llegada de Ybor fue en realidad inoportuna, para qué negarlo, pero esperada. Sin embargo, a los pocos instantes comenzó la fiesta de nuevo, ellas con lo que estaban y el sumado a la diversión. Xaba llegó algo más tarde, después de cumplir con determinada ocupación. Por fin completaron aquel puzzle cárnico, encajando los entrantes y salientes de todas las piezas en mil combinaciones a cuál más imaginativa.

Interludio romántico

En los miradores de la proa de la nave, corredor que circunvalaba todo el toro a modo de paseo marítimo, pero dedicado a las estrellas en lugar de al océano, se hallaban asomados miles de enamorados. Aquel pasillo se mantenía semioscuro para permitir ese momento íntimo con el Cosmos. Ybor y Xaba paseaban cogidos de la mano. Ella fue al médico para la última prueba. Él le había dado la sorpresa el día anterior, antes de unirse a Xati y Xuja: Habían sido seleccionados para reproducirse. Podrían tener un hijo. Y se iban a poner ha hacerlo de inmediato. Él le regalo una pequeña vasija con fresas «Nebulosa» coronada por la fresa blanca con una franja morada que encontró en su zona. Se besaron.

Corolario

La niña, bonita joven de pelo rubio hielo y violeta natural, ojos púrpura y labios lila destacó, a pesar de su belleza exótica, extraña, casi temerosa, por su enorme capacidad y simpatía.

El sistema de información genético puede ser mejorado, claro, y en este caso, pasar de genes dominantes y genes recesivos, que tan solo varían el fenotipo, a información relevante, información necesaria e información subyugada. Cuando esta variedad genética acumulada en pequeños seres vivos que se reproducían en el espacio exterior en un miserable asteroide áureo llegó a combinarse con la inteligencia humana, produjo esos humanoides de los que la «chica morada» resultó ser su Eva. Bastaron unas pocas generaciones para resultar dominantes.

Sí que es cierto que hubo algo de violencia, enfrentamiento inevitable, y que no fue bueno para la propia nave Alakam, pero se recuperaron la mayoría de los sistemas y, por supuesto, el control de la población: Información relevante, información necesaria e información subyugada.

A la vista teníamos un planeta nuevo y virgen para poblar, y a la espalda, a unos cientos de años de viaje un planeta viejo pero también listo para darnos la malvenida: La Tierra.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 17 de mayo de 2016

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2 comentarios en “Los amantes de Jordan

    • Compláceme tu entusiasmo. Me lo has contagiado, y falta me hacía, porque este relato lo veía demasiado raro, raro, raro. Y el caso es que me divirtió escribirlo. Pero no estoy muy seguro del resultado.
      Gracias por pasarte, por comentar y, sobre todo, por leer.

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