Reducir, reutilizar, reciclar


No sé por qué me viene a la mente aquello de que no hay nada inútil. Y recuerdo que tuve un jefe que es estúpido —obsérvese el adecuado uso de los tiempos verbales: fue mi jefe pero sigue siendo estúpido, que eso no se pasa como un catarro—; de la familia política me niego a hablar por el bien de la paz familiar. Pero de lo que quería hablar, que ya empiezo a desbarrar —sí, el relato, al final, puedes ir si te apetece— es de que en varios blogs amigos empecé a ver el tema de «reciclar» relatos. Por desgracia, y al contrario que otras veces, no recuerdo exactamente las citas, por lo que hoy tendrás que buscarlas tú solito.

En fin, que como es habitual en mí, hago caso de los maestros y me he decidido a reciclar uno de ellos. Bueno, no exactamente así. Si no, no sería yo.

PS.- He incumplido mi palabra de aparecer cada quince días. Será que no soy capaz de dejar ningún vicio. —La pluma y el pene.—

PPS.- Por cierto, necesito ayuda con el blog: No sé cómo poner la página de contactos, me salen enlaces a redes sociales que no uso, y alguna cosilla más por ahí. Si alguna alma caritativa quisiere ayudarme que por favor me escriba: torpeyvago@gmail.com.

PPPS.- ¡Que ya va el relato, leches! Sí, es algo previsible, pero espero que lo disfrutes. En cualquier caso requiere de la traducción de algunos términos «ridiela-manchegos»:

  • Ridiela: Interjección que da nombre —según yo mismo— a un dialecto del español hablado con mucho gracejo por mi queridísima tierra —y que echo mucho de menos cuando estoy fuera—. Proviene del eufemismo «diez» para la interjección «¡Dios!» a la que se le añade el habitual prefijo enfático «re-», quedando «¡rediez!» y de ahí «¡rediela!» o «¡ridiela!».
  • Amoto, arradio: Y otros similares, como algún verbo —arrefusilar, con el interfijo «-re-» antes comentado— se forman con «a-» y la raíz, básicamente porque sí.
  • La: La Vicen, La Nati, etc. El empleo del determinante en nombres propios es habitual para indicar que es esa Vicen y no otra —por ejemplo, y sin ir más lejos, su prima, que en gloria esté, que vivía en la calle ojogordo y le puso una peluquería a su hija, la de la verruga en el diente…—.
  • Tó, ná, pa’: Apócopes de todo, nada y para.
  • Subir parriba, bajar pabajo, entrar padentro: Pleonasmos empleados para enfatizar la acción a realizar. Y porque así se emplean más palabras 😉 .
  • Ateacapacá: Apócope de «ven acá inmediatamente, pero que sea ya o te meto una colleja»
  • Colleja: Golpe dado a mano abierta en la nuca con intención. Con intención de que suene y te deje escocido toda la tarde. Es, al fin, una forma cariñosa de llamar la atención de manera contundente. —Y, bueno, en alguna ocasión se da sin cariño pero con saña.—
  • Palancana, bacín, romana: Búscalas en el diccionario o en la Wikipedia. Bueno, venga, te resumo. La palancana o palangana es un recipiente más ancho que alto para realizar las abluciones diarias o para echar los calzoncillos en remojo antes de frotar —conviene emplear distintas palancanas según el uso—. El bacín es un orinal. La romana es una herramienta de pesaje basada en las leyes de la palanca y que consiste en una barra de la que se cuelga en un extremo el objeto a pesar y en el otro un contrapeso que se mueve hasta hallar el equilibrio, indicándose en una escala el peso obtenido.
  • Mari: Forma genérica de interpelar a una mujer, sea conocida o desconocida, generalmente por parte de dependientes de tiendas y vendedores varios.
  • Amolar: Verbo comodín para cualquier situación en la que creas que te están tomando el pelo. Su empleo habitual es en interjecciones del tipo «¡No me amueles!» y es equivalente a «no me toques las narices».
  • ¡Tó!: Interjección, apócope de ¡Toma!. No se debe confundir, jamás, con el «tó» anteriormente descrito.
  • Leuros: Curiosa manera de identificar a la moneda de la Unión Europea. Generalmente, pero no siempre, va precedido de la preposición «de»: «Son treinta de leuros».
  • Furirifí, furirifó: Onomatopeya del sonido que los afiladores realizan con una flauta de Pan fabricada por lo general en materiales plásticos, y que, salvo muy honrosas excepciones que añaden bellos ornamentos, demuestran la falta de gusto musicales del gremio y provocan un cierto malestar entre los resacosos no madrugadores de los domingos —y vagos genéricos del resto de la semana—.

Reducir, reutilizar, reciclar

—¡Chatarreeeeero! ¡Chátarrero, oiga! Ya ha llegado a su localidad el ¡chátarrero!.

—¡Viiiiiiiiicen! ¡Hija mía, bájate pabajo payudarme!

—Compro chatarra, hierro viejo, arradios viejas, amotos viejas, baterías, fregoréficos…

—¡Viiiiicen!

—Pero ¿qué pasa, Nita?

—Que a ver si me puedes ayudar a sacarlo que se lo lleve el chatarrero.

—Camas viejas, lavadoras, todo tipo de metal, hierro, plomo, cobre, alumiño, rodio, iterbio…

—Rica mía, abajo enseguida, que estoy con mi Genare que tiene hoy munchismos dolores. ¡Lo que me se queja!, ¡ay, si hubiese tenido que pasar las del parto! ¡Tengo yo las piernas pandar subiendo y bajando! —Con este discurso, la Vicenta, «Vicen» bajó las escaleras de su casa y se acercó a la de su vecina Urbana, «Nita». —Venga que te ayudo, que entre las dos no tardamos ná.

—También apañamos tijeras, tinas, afilamos cuchillos… ¡Maaaaaari, el afilador! ¡furirifíííí furirifó! Le echamos lañas a la palancana, al cubo, al bacín, al ciclotrón… ¡Chatarreeeeero! ¡Ya está aquí el chátarrero, Mari!

—¡Nene! ¡Neeeeeeeene! ¡Ateacapacá!

***

—Mari, ¿así entero?

—Sí, rico mío.

Tras colocarlo en las cadenas, los dos corpulentos ocupantes de la furgoneta levantaron la barra que sujetaba el gancho superior de la romana. Con el brazo libre, el que parecía mandar, ordenar, disponer y hacer saber, movió el contrapeso y sentenció:

—Satenta y doj quilos. —Fue la orden para que ambos bajasen la barra.

—Mari, por esto yo le puedo dar diecisáis leuros.

—¡Amos, no me amueles! ¡Qué menos que setenta u ochenta!

—Nita, ¿de verdad que lo queires vender? ¿y cuánto es eso en pesetas?

—Mari, te doy diecinueve o me meto en la fregoneta.

—Venga traepacá. ¡Cómo sos aprovecháis de la nesecidad de la gente! ¿El euro no me lo dejas del billete de veinte? Ej que no llevo suelto, rico mío.

—¡Tóóóóó! ¡Madre del amor hermoso! ¿Por el abuelo tandao veinte leuros? Nene, pásate conmigo que abajamos a mi Genare, a ver cuánto me das por él.

Francisco Torpeyvago

En Daimiel, a 29 de abril de 2016

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21 comentarios en “Reducir, reutilizar, reciclar

  1. Me alegro de que al menos haya sido evocador. Sí, ahora que lo dices, el Gran Ibáñez —de quien soy más que admirador— lo emplea en varias aventuras. No había caído, quizá por oírlo a menudo.
    ¡Gracias por comentar!

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  2. ¿Por qué no te seguía todavía?, me pregunto al desplazarme hasta tu rincón maldito.
    Pienso un rato y llego a la conclusión que después de leerte por primera vez, con “La pluma y el pene” sentí envidia por tu forma de escribir. Voy a dejarla de lado y a ver si aprendo algo. Por el momento me has enseñado vocabulario.

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    • Subido que has mi ego por las nubes con este comentario —que pienso enseñar a la familia, amigos y compañeros, qué menos—, me pregunto cómo puedes tener envidia. Más bien al revés, me siento orgulloso y miedoso —vamos, un oso, que es siempre el compuesto de menor valencia— de que en mitad de una noche oscura de bruma manchega me siga la negra – noir sombra de quien literariamente ha envenenado, apuñalado, baleado y quemado vivo a tantos y tan bien. ¿Quizá te has decidido a probar el degüello o la decapitación? ¿La exanguinación por amputación? ¿El estrangulamiento con cadena de bici?
      Te agradezco la visita y me alegro de que te guste el dialecto ridiela.

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  3. Muchas gracias a ti, Poli. A mí me encanta que haya gente que disfrute con lo que escribo, y, aunque sea de manera poco original —porque ahí tenemos al gran humorista José Mota con sus modismos manchegos o al genial novelista Francisco García Pavón y su personaje «Plinio», y sobre todo a un tal Miguel de Cervantes, escritorcillo juntaletras 😉 que hacía hablar a los acemileros como nadie—. No soy el primero en destacar ese modo de hablar, más que dialecto, pero es que resulta muy divertido.
    Reitero el agradecimiento por pasarte, por comentar, y, sobre todo, por leer y disfrutar.

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  4. Aunque sea de paja me quito el sombrero ante tan estupenda pluma, que no digo que tengas pluma de… bueno tú me entiendes.
    Ya he leído en alguno de tus comentarios el nombre de José Mota. Así que no le saco a colación como pensaba.
    Continúo buceando en este pozo de maestría que es tu blog.

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  5. ¿Cómo que no? Tres plumas, tres, de la inconmensurable y desaparecida ganadería Inoxcrom: «Trazante», «Pergeñora» y «Enhiesta». Puro plástico que lleva conmigo tres lustros —cómo pasa el tiempo y cómo se gasta la tinta—.
    José Mota, qué grande, «el cansino histórico».
    Gracias por pasarte por aquí.

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  6. Se fue el comentario antes de tiempo, decía que ¿huérfano uno de tus relatos? ¡nunca!
    A ver si entiendes esto:
    Qué milanesas, ya no te había bisteces, creí que ya te habías morongas…
    Traducción de moronga: morcilla.
    Traducción completa: Qué milagro, ya no te había visto, creí que ya te habías muerto.
    Hay una zona en Ciudad de México en la que hablan un dialecto parecido, ésa es la única frase que me sé jajaja.

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