El Clan del Dragón Rojo


Cuando leí la convocatoria de la segunda edición «Encuentros en la tercera frase», se me ocurrieron inmediatamente varios argumentos: quedé obsesionado.
La tercera frase era «Hubo un tiempo en que no habría sabido qué hacer, pero en aquel momento no tuvo/tuve ninguna duda.». Leí los ganadores de la primera convocatoria de un solo tirón. Me animé y envié dos relatos ―20150815―. Uno de ellos es el que presento a continuación.

Los relatos ganadores de la segunda convocatoria se publicaron en la editorial Triskel, y, la verdad, me dejó asombrado el nivel; no me frustró no ganar al conocer los relatos. Al leerlos tuve la necesidad de contactar con uno de los autores. Cuando hayas leído esos cuentos y el que te propongo, sabrás porqué.

Como no fue seleccionado y no se publicó, decidí enviarlo muy ligeramente modificado, a «Algeciras Fantástika» 2015 ―20151001―. Quizá no sea moralmente adecuado ―realmente no lo tengo claro― pero no incumplía ninguna de las bases, por lo que para allá que fue. Tampoco fue ganador, así es que aquí queda con una tercera y mínima corrección. A mí me gusta mucho, pero, claro, no soy objetivo.

Que lo disfrutes.

 


El Clan del Dragón Rojo

Desventraba caballeros con sus garras delanteras, dañándose con las armaduras laceradas sus membranas interdactilares; aplastaba campesinos, golpeándolos con el látigo escamoso de su cola; se protegía de los hechiceros con la magia de sus cuernos, a pesar de lo gravemente maculado que tenía uno de ellos; arrasaba ejércitos con la llameante alquimia de azufre y salitre que vomitaba su vientre ya casi exhausto; y se movía, con el impedimento que le suponía su notablemente dañada ala diestra, con gran agilidad; sin embargo él confiaba en su capacidad de regeneración y se defendía y atacaba retrocediendo hacia la parte superior de aquella roca empinada, escalonada y calva que tan bien conocía, puesto que había sido su guarida durante la última parte de su vida, sabiendo que la ascensión hacia atrás era su mejor movimiento.

Él, el Gran Garnet Lacerta, Gran Maestre del Clan y Orden del Dragón Rojo, tenía sin embargo un enemigo mortal, y su némesis era, sin duda, la Orden de los Caballeros de la Sagrada Magia de la Espada Negra, que, hasta el momento, habían logrado matarlo en todas las ocasiones en las que se confrontaron y le obligó a consultar con su correligionario y amigo, Clorofidius «El Peris», quien le dejó claro cómo actuar la siguiente vez que se enfrentase a esa extraña orden de caballeros magos, y puesto que allí estaban, más de media docena de ecuestrimaléficos, más del doble de los que se había encontrado jamás, y a pesar de su cansancio y del dolor de sus pulgares, se preparó para pulsar la combinación de teclas adecuadas en el yóistic.

Hubo un tiempo en que no habría sabido qué hacer, pero en aquel momento no tuvo ninguna duda.

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